domingo, 1 de septiembre de 2019

Mi segunda de Linklater

Ocurrió durante una de esas caravanas espaciales, extensas autopistas flotantes que surcan la Vía Láctea y llegan casi hasta la atmósfera de los planetas en los que aterrizan.


Han pasado los años, la veo igual y la veo diferente, la veo con los ojos de la experiencia, con los ojos del perro que vagó por el olvido, la veo con los ojos que tantas veces la vieron en sueños, con los mismos que tantas veces la buscaron entre calles sin encontrarla, hasta que un día como quien se materializa, me saludó desde el otro lado de la acera. 


Está aquí y solo con eso puedo sentirme feliz, porque me lo prometí, porque juré que nos veríamos de nuevo, nunca supe cómo, pero lo deseé con todas mis fuerzas. Yo no sé si deba crear en eso de la atracción. pero fui capaz de alterar su destino, al menos temporalmente con un simple acto, creando una especie de realidad nueva, en la que puedo enmendar los errores del pasado. 

El día pasa rápidamente, es la ciudad que siempre quise compartirle, las nubes parece que descendieran en forma de rayo sobre el cielo casi despejado y los andenes se me antojan ligeros, la veo igual pero la veo diferente, se ha cortado el cabello, sin embargo aquí todo sigue igual, su risa, su voz, su forma de caminar, su mirada. 


No sé qué haremos a continuación y yo solo quiero compartir lo que me queda de tiempo junto a ella, quiero aprovechar todo las horas y todos los espacios y mientras lo hago no puedo evitar sentirme como un insecto que poco aprecia lo que tiene, porque una vez más,  me invaden mis universos paralelos. 


Y Drexler lo sabe porque me susurra al oído Sin nada más que hacer que acariciar aceras, susurra tan solo algunos  minutos después que nos despedimos, alzo la vista y veo la extraña forma de las nubes, como el cielo del protagonista del cuento que escribí la última vez que lo hice pensando en ella,  un cuento de otra galaxia, de seres de otro mundo que se encuentran y se pierden en la grandeza del universo; pienso que 'Ficciones' merece una segunda parte, que deje de llamarse ficciones y que comience a llamarse 'Realidades' y que me demuestren que 24 horas no son suficientes, este es mi Antes del Anochecer, mi segunda de Linklater. 


sábado, 18 de mayo de 2019

Saciedad Semántica


Maribel así te llamaba el viento 
Maribel te sueño y no despierto 
Sé que me habrás olvidado 
Si no me quedo a tu lado 
Amor si no eres verdad 
Tendré que mentir

Llueve, como siempre que a esta ciudad le da la gana, anochece, Fermín y Maribel están sentados en la banca de algún parque sin importar si la madera está mojada. Las manos de Fermín giran y él también, gira y da más vueltas, pobrecito Fermín quiere ser feliz.


Está parado otra vez frente a la misma calle, parado frente al mismo parque, parado frente a la misma hacienda, parado frente al mismo bosque, supongo que repitió el mundo tantas veces hasta que perdió su significado, repitió su historia, repitió sus protagonistas, repitió sus ausencias y sus regresos y una duda lo asaltó de repente. 

La realidad se le antojó absurda a sus ojos, cada acción, cada consecuencia, la bolsa de valores, las redes sociales, el orden del alfabeto, los ismos y el rumbo al que líderes locales y mundiales condenaban a una sociedad, influyendo en las vidas de millones de personas por las que no darían un peso. 

Fermín disocia como quien repite una palabra muchas veces hasta que pierde su sentido, es un fenómeno al que se le llama saciedad semántica, le explicaron alguna vez: el cerebro se agota de repetir la misma información en múltiples ocasiones hasta que su significado original se desvanece.


¿Pasa lo mismo con las personas? ¿Se evocan ciertas figuras con tanta frecuencia en la mente que en lugar de mantener sus rostros con vida, estos poco a poco se degradan, de tanto pensarles, como unos zapatos que se desgastan de tanto caminar? 


Maribel insiste en que él no puede cambiar el mundo, en que solo puede cambiar su realidad,  pero a quién le importa la realidad de un solo individuo cuando hay toda una sociedad por cambiar.


La ficción que soñó hace algunos años se volvería realidad de una forma peculiar dándole la razón de una forma bizarra, cambió su realidad y de paso la de alguien más y al cambiarla influyó en la de muchos otros. 

Un día, con suerte lejano, estará parado frente al mar o en la cima de alguna montaña divisando el cielo y entonces llegará a su mente aquel día en que estuvo sentado en esa banca, parado otra vez frente a la misma calle, parado frente al mismo parque, parado frente a la misma hacienda, parado frente al mismo bosque y escuchará a Maribel decirle "puedes anotar esto en tu libro".

Cambiar al mundo parece mucho más sencillo desde aquí. 

miércoles, 27 de marzo de 2019

¿Esperaban una entrada objetiva sobre la visita de Lenny Kravitz? ¡Olvídenlo!

Existen artistas que se demoran toda una vida en visitar cierto país,  a los Stones les tomó más de 50 años llegar a Colombia, a U2 o KISS quizá 40 años,  Madonna unos 35, Metallica por lo menos 15, por su parte, Lenny Kravitz llegó a nuestro país celebrando sus 30 años de carrera artística, algunos sectores opinan que esta clase de estrellas únicamente visitan a nuestro país porque ya no venden lo mismo en su tierras y deciden buscar nuevos destinos para sus giras y que únicamente vienen cuando ya ha pasado su furor.

Aunque no puedo desmentirlo, tampoco puedo criticarlo, de eso vive un artista, además de las ventas de sus trabajos discográficos, ventas que resultan cada vez más difíciles con la aparición de las plataformas digitales; de resultar así las cosas creo que la única banda de talla mundial que se atrevió a visitar otras tierras durante su apogeo fue Guns ‘N’ Roses en 1992 y si hablamos de épocas actuales es un panorama que ha mejorado mucho si pensamos en artistas contemporáneos como Ed Sheeran, Bruno Mars, Lana del Rey o  Katy Perry quienes han visitado en Colombia como parte de sus giras más recientes.
Por supuesto, Lenny Kravitz ya no es un artista que esté en furor, vivió su gloria en la década de los 90s y a principios de los años 2000, eso es un hecho, pero en particular, no pienso lo mismo que aquellos que critican la llegada de un artista años después a Colombia, tierra que se ha abierto paso poco a poco a través del tiempo en cuestión de eventos, festivales y artistas, antes me parece increíble que reconozcan a Colombia como uno de los países a los que pueden llegar y no seguir derecho como sucede con otras naciones de nuestro continente.
Este es un síntoma de que al menos, a los ojos del mundo estamos cambiando una reputación que se sustenta gracias a otros escenarios además de la música, el deporte y en general el arte. En conclusión creo que cuando un artista viene al país hay que ir a verlo, es una oportunidad y no debe ser pasada por alto.
Austin Powers, un viaje al pasado con Lenny
La primera vez que escuché sobre ese personaje llamado Leonard Albert Kravitz, mejor conocido en el mundo artístico como Lenny Kravitz, porque Albert como que no suena igual de cool, quizá fue seguramente en los primeros años de la década del 2000, cuando ya transmitían la segunda parte de ‘Austin Powers’, película que incluía dentro de su banda sonora la canción de ‘American Woman’ original de The Guess Who pero adaptada por Kravitz y que de hecho ha tenido más difusión que la versión clásica.
Años más tarde, seguramente en MTV, aparecería un viejo video que data de 1993, una mujer con gafas de sol y un voluminoso afro toca la batería con fuerza (Cindy Blackman) mientras a un costado con un corte de pelo similar otro hombre toca la guitarra y en medio, como un mesías, un hombre de rastas eleva sus brazos sintiendo la vibración de la música, y empiezan a tocar juntos 'Are you Gonna go My Way', la canción se volvió un clásico que revive la nostalgia de todos quienes ven en la música de los 90s una última estirpe de artistas originales previos al nuevo milenio.
Desde entonces quizá deseé que Lenny Kravitz viniera a Colombia, no es un artista que sea de culto y sin embargo tiene demasiadas canciones que sonaron por la radio y que tienen inexplicablemente una recordación, puede que las personas no sepan el nombre de la tonada pero saben cuál es al escucharla.
Un encuentro que tardó tres décadas
Desde un principio supe que tendría que ir solo a ese concierto, algunos de mis amigos gustan de la música de Kravitz pero no lo suficiente como para pagar una boleta, sin embargo a la final, uno se hace el ambiente y con el artista neoyorkino creo que esa esencia de música en el aire fue perceptible desde que subió al escenario.
El concierto comenzó con uno de sus clásicos, ‘Fly Away’ seguido de ‘Dig In’, con esta canción en particular sucedió lo mismo que señalo anteriormente, no la recordaba pero apenas la escuché me la supe, supongo que hace parte del efecto de sus canciones a las que le siguieron ‘Bring It On’ y ‘American Woman’, qué agradable fue escuchar esa canción en particular, quizá por su letra, quizá por estar solo y poderla cantar sin alguna clase de pudor, Colored lights can hypnotize, sparkle someone else's eyes, Now woman, get away…
Al finalizar esta canción, Kravitz hizo una especie de encore con un cover de ‘Get Up, Stand Up’ original de Bob Marley; es una mezcla muy interesante de sonidos, Lenny es una especie de amalgama de tantas cosas diferentes, la agresividad de Jimi Hendrix y la delicadeza de Prince, tiene lo mejor de dos mundos, no se trata solo del rock, es el funk, es el R&B, el reggae y por supuesto la presencia de toda su banda.
Aunque como en la mayoría de sus trabajos de estudio, Kravitz toca casi todos sus instrumentos, en su gira es notable la presencia del guitarrista Craig Ross, el mismo que aparece en aquel video de 1993 de ‘Are you Gonna go My Way’, el poder de la batería de Franklin Vanderbilt Jr (como la canción de Paul McCartney), los teclados de George Laks, mientras la energía de los saxofonistas Harold Todd, Michael Sherman y el trompetista Ludovic Louis le dan ese aire de funk que alcanza el climax con la presencia de la legendaria Gail Ann Dorsey, antigua bajista de David Bowie, y amigos ¡Qué galopar el de esos bajos!.
Este fue el momento ideal para que el artista neoyorkino desatara toda esa energía acumulada por aquellos que esperaron tanto tiempo por su llegada y poder expresar con calidez lo que significaba estar en Colombia por primera vez
“Escuchen, mi español no es muy bueno, así que lo diré en inglés, de ese modo puedo expresar realmente cómo me siento, por fin logramos venir a Colombia, había estado tratando estar aquí por 30 años" afirma Kraviz mientras ondea una bandera de Colombia en la que se envuelve para luego dejarla a un costado y continuar su discurso.

“Les puedo garantizar que ahora volveremos tanto como nos sea posible, he estado aquí por algunos días no he tenido la oportunidad de ver todo lo que quisiera, pero tú puedes saber dónde estás por cómo te sientes, por donde estás por cómo te sientes… y Bogotá se siente hermoso, yo siento su amor, y se los agradezco, se lo agradecemos. Habiendo esperado tanto para encontrarnos es muy importante que hagamos una conexión, yo vine aquí para conectarme con ustedes”.
Me he puesto a pensar qué es lo que ocasiona que Lenny sea del agrado tanto de hombres como mujeres, más allá de un aspecto físico que enloquece a sus fanáticos, no pasa lo mismo con otros artistas quienes son vistos más por su carisma o su trayectoria, creo que la cualidad que lo define está más ligada a su sensibilidad como artista, el tipo es capaz de hacer saltar a la audiencia mientras interpreta ‘Always on the Run’ o  ‘We are we running’  con locos solos de guitarra y tan solo un minuto después puede poner a flor de piel de todo su sentimentalismo con baladas como 'Can´t get you out of my mind', ‘It ain´t over’ till it´s over’ o ‘Again'.

Paradójicamente, a pesar que la gira se llame 'Raise Vibration Tour', Kravitz solo tocó dos canciones de su más reciente producción, una de ellas, 'Low' promocionada como sencillo y la otra titulada 'It´s Enough', una canción de tinte político y la corrupción dentro del sistema para más tarde darle paso  a uno de sus clásicos que como una gota de agua golpeando el suelo, constante y con ritmo comienza a sonar una tecla que da inicio a ‘I Belong to you’, acompañado del bajo de Gail Ann Dorsey va subiendo como la marea.

Una vez más presa de la emoción y en medio de una larga versión de ‘Let Love Rule’, expresó su agradecimiento con el público y de la nada como un niño que espera el permiso de sus padres para ir a jugar con sus amigos, el cantante se perdió entre la multitud, entre las manos que lo aferran con fuerza como si se tratara de un dios, mientras lo veo, me recuerda en cierto modo una figura mesiánica, sin miedo de meterse entre sus espectadores, su gente, la que lo hizo grande, lo que lo esperó décadas, quiere ser uno más de nosotros, se siente, quizá no en un acto de humildad pero sí de entrega para un país que recordó con nostalgia su música.
¡Quisiera estar allá arriba con todos ustedes! Grita dirigiéndose a las gradas superiores que con una mezcla de emoción y envidia observan como solo algunos afortunados de la parte posterior del escenario pueden estar cerca de su ídolo.
Finalmente y como era de esperar, Lenny regresa al escenario  y tal como en aquel video de 1993 se une a su “hermano”, Craig Ross y en medio de un show final de luces y estruendo ,  el riff de ‘Are you gonna go my way ‘ se apodera de los presentes que saltan y gritan al unísono mientras Lenny entona una vez más y por primera vez en el país aquel estribillo audaz  “I was born long ago I am the chosen I'm the one I have come to save the day”  Sí, Lenny llegaste a salvar el día.
Las que faltaron: I’ll Be Waiting, Calling All Angels, Lady. 

domingo, 3 de marzo de 2019

Al mejor detective

"Nos despedimos. Vi cómo el taxi se perdía de vista. Subí de nuevo, entré en el dormitorio, deshice la cama y volví a hacerla. Había un largo cabello oscuro en una de las almohadas y mí se me había puesto un trozo de plomo en la boca del estómago. Los franceses tiene una frase para eso. Los muy cabrones tienen una frase para todo y siempre aciertan. Decir adiós es morir un poco".-Raymond Thornton Chandler



Esta narración solo podía ser concebida como una historieta: primera viñeta, una placa de algún edificio en el centro de la ciudad, atardecer el sol cae y se refleja en la ventana, segunda escena, una oficina desordenada recibe aquel sol anaranjado a través de las persianas a medio abrir, la placa al mejor detective colgaba sobre una pared de mi oficina, estoy molesto, y así se ve mi rostro en el siguiente cuadro.

Recuerdo aquella tarde, el día en que todo comenzó:

"Pobre diablo" pienso mientras recibo el cheque y lo guardo en el bolsillo de mi gabán.
Hoy soy Jones y me han pagado por espiar de lejos a la esposa de un desgraciado, cuan patética podía llegar a ser una persona desesperada, pagar para saber a dónde diablos va su mujer cada noche; incluso si tuviera el dinero no lo desperdiciaría de esa forma, pero nadie me dijo que sería yo quien tendría que acudir a la misma táctica.

Tengo la fotografía de la persona a la que debo seguir, es una mujer de vestido negro, su esposo estaba en lo cierto, aquella mujer veía a otro hombre, ni siquiera tuve que seguirla, no tuve que recolectar evidencia, después de todo aquel hombre era yo.

Ella es la mujer de vestido negro, la de los besos que nunca se dieron, los encuentros que no ocurrieron y las palabras que nunca se dijeron o que quizá si fueron y sin embargo no alcanzaron para más, ella es la misma mujer de negro que un día cualquiera, sin pistas me dejó tal como hizo con su marido.
Estoy molesto, me siento en cierto modo inseguro, viví tranquilo, siempre con la idea que era singular, diferente y superior en mucha formas a muchos hombres, entre ellos a aquel que me pagaba por decirle que su esposa ya no lo amaba, que ahora andaba con un pobre diablo que lo único más parecido que creía que existía a él era el reflejo agotado que veía todas las mañana frente al espejo, sin embargo esa idea cambió el día que descubrió que existía Poirot.

El protagonista de una historieta promedio tiene ciertas cualidades físicas, mentales y espirituales que lo hacen único, las causas que defiende, su modo de hablar, su manera de vestir, sin embargo todo aquella esencia existe de forma inversa y a menudo le otorga vida a un némesis.

Una versión alterna y torcida del protagonista original, Superman tiene a Bizarro, Batman tiene a ManBat, Flash tiene al Flash Reverso y Spider-Man tiene a Venom, era cuestión de tiempo para que apareciese una versión opuesta y a su vez igual a mí, tan igual que había sido seducido por la mujer del vestido negro.

Poirot, así se llama el sujeto, una nefasta copia mía, el mismo sombrero, el mismo gabán, el mismo dejo de soledad, inconformismo, honestidad y cinismo, podría apostar que en su casa guardaba el mismo vinilo de Dean Martin que conservo en un estante de mi oficina; siento como si toda mi vida hubiera sido un libreto que ha leído a la perfección para apoderarse de mi discurso, de mi esencia.
Hoy soy Humphrey y sin quererlo ahora siento la misma desesperación del patético hombre que quiere saber dónde está su mujer, por primera vez desde que tomé este caso la sigo, lo hago más por mí que por el trabajo que me han asignado, y sé que si mi olfato es correcto, este sabueso encontrara más dolor del que ya ha cargado.

Hoy soy Dupin y les veo recorriendo el mismo parque que alguna vez caminamos, lo hago desde la seguridad que me ofrece una banca y unos lentes oscuros que impiden a los demás ver la calavera que se dibujan mis pupilas al ver la escena; la mujer de negro insiste que no puede andar con un detective y sin embargo veo como se las arregla para besarlo; no puedo evitar preguntarme cuánto ve de mí en esa artificial versión.

Hoy soy Spade y la espero sentado en un café, la he escuchado hablar por el teléfono de la esquina sin que lo note, marca el número de Poirot y le dice que se verán a las 7:00 en el lugar de siempre, pero que antes tiene un asunto que resolver, llega puntual a nuestro encuentro.

La traición sabe bien en sus labios, mira su reloj y dice que debe regresar a casa, le concedo la razón, aún no lo sabes pero la paranoia me ha mantenido con vida incluso al escuchar las palabras que salen de su boca, para ser alguien quien detesta las mentiras, miente bastante bien. ¡Ya te tengo muñeca!
Hoy soy Marlowe, es irónico cuando uno dibuja o escribe una ficción en su cabeza y esta termina por volverse una realidad, disfruto conocer la verdad que otros creen que ignoro, me despido y finjo tomar la dirección contraria mientras ella camina un par de cuadras hasta encontrarse con Poirot, todo lo que no soy y a la vez todo lo que he sido.

Les sigo de lejos por el mismo andén, solo sus colillas de cigarro son diferentes, piso una de ellas mientras los veo detenerse frente a la fachada de un clandestino motel y verlos entrar juntos., qué satírico es ver cómo se materializan ciertos temores, que agridulce es saber tener la razón incluso en la derrota.

Hoy soy Sherlock y mi corazón me duele, ¿dónde debo cerrar la herida cuando me duele el alma? Doy media vuelta, viñeta, la sombra del ala de mi sombrero cubre mis ojos; salgo a correr. Nunca entendí por qué había corrido tanto toda mi vida, pero ahora que siento que me cazan ciertos fantasmas, mis piernas se mueven con mayor rapidez, siempre he corrido porque así puedo huir de mis pensamientos.

Última viñeta, onomatopeyas musicales salen de un viejo vinilo que gira al ritmo de Dean Martin, una canción retumba ahora en mi mente todo el tiempo desgarradora como la imaginación y sus escenarios, la veo, ahora es una mujer cualquiera, despojada de su vestido negro el cual reposa en algún lugar del suelo de esa habitación, cierro los ojos, pero es inútil, la imagen puede volverse más nítida.

Este es el precio que pagué ¿Es peor ser silueta o ser sombra? ¿Sigo siendo el original, el protagonista de esta historia? ¿Alguna vez se trato de mí o soy la versión bizarra de esta historia?, la extraño una última vez al escuchar su voz por teléfono, me despido y dejo que su silueta de femme fatale se dibuje en el humo que exhalo de mis pulmones al fumar.

Uno piensa que el cambio llegará al día siguiente pero no se da cuenta que el cambio ha comenzado una vez piensa que todo está a punto de cambiar, sostengo la mirada, satisfecho, seguro de que Poirot no es una mejor versión mía, seguro de que soy el original y sobre todo de que soy diferente, seguro de que no es ni tiene todo lo que soy, pues la placa al mejor detective aún reposa sobre la pared de mi oficina.



jueves, 17 de enero de 2019

Soltar

En medio de la oscuridad intentarás tomar mi mano, nuestra piel hará contacto e incluso si esa sensación de calidez recorre mi cuerpo, permaneceré impasible, acariciarás mi brazo y yo miraré al cielo.

- ¿Estás bién? - preguntarás
Y yo responderé, "no, no lo estoy" mientras lucho contra el más primario de mis instintos.
- ¿Qué te pasa? - dirás, intentando verme en medio de la penumbra
- No estoy aquí - Diré concentrando mi mirada en alguna constelación, enfocándome en la sensación de sentirme incompleto incluso cuando ella está.
- ¿Dónde estás? -
- Atascado: en el ayer - responderé, mirándote a los ojos con el semblante serio e inexpresivo.

¿Soltarás o te aferraras más fuerte a mi mano? ¿Seré capaz de soltar la tuya?

domingo, 13 de enero de 2019

Piedra y plomo





Es el tercer auto que ha estado a punto de atropellarme hoy, creo que una parte de mí se lanzó
hacia el segundo a propósito en medio de una lluvia de puteadas y bocinas. Estoy enfermo, me
siento como un muerto viviente, They re coming to get you Barbara, huye, huye mientras aún controlo lo que queda de mi razón.

Estoy delirando, en mi mente puedo ver una versión pequeña de mí mismo cayendo a través de un foso oscuro , mi respiración se entrecorta y aprieto los puños mientras traquean mis dedos, me lastimo, una vez más y sin embargo se siente familiar. Es lunes y bebemos cerveza con Manuel quien camina a mi izquierda mientras a la derecha una versión fantasma de Mick Jagger surge de la nada, pone su mano sobre mi hombro y susurra "el pasado es un gran lugar, no quieres borrarlo ni arrepentirte, pero tampoco quieres ser su prisionero", agito la cabeza como quien espanta una mosca  y el cantante desaparece. Atardece mientras recorremos el sendero, los vagos duermen y hacen hogueras a un costado de la carrilera del tren intentando entrar en calor, la última gota de cerveza cae y se desliza sobre el cristal de mi reloj dibujando a su paso los múltiples rayones y cicatrices que ha dejado el tiempo sobre este, puede leerse un "AM" grabado con un bisturí alguna tarde de hace al menos una década.
- ¿AM? - Pregunta Manuel desconcertado
- Ana María - respondo mientras recorro con los dedos el grabado, la marca sigue y seguirá ahí. Cuando me preguntan por una persona de mi pasado, la lógica dicta que su existencia haya dejado de tener algún significado, pero no es así, su nombre y su historia siguen ahí, a través de mi narrativa que resulta ser la cloaca de mis memorias. Por dentro soy una persona infeliz. Lo perdí todo en un corto periodo de tiempo y en todas las ocasiones fui yo quien se interpuso; incluso cuando sé que la felicidad no debería depender de otros, que existe el amor propio y unos cuantos pajazos mentales más de autoestima, la terquedad siempre ha sido mi más grande debilidad.


Desde hacía un tiempo los momentos que compartimos habían sido reemplazados por ciertas palabras
que giraban alrededor de mi cabeza en Arial 60, como un detective que analiza cada oración, cada huella dactilar esperando encontrar un indicio, podría ser cualquier cosa, una batería descargada, un trancón en la autopista, un robo, una cena familiar, pero mi instinto sabe que no es así.

Mi instinto no sabe seguir buenos indicios solo malos presagios, como un perro rescatista que únicamente es capaz de seguir la huella de cadáveres; Ana siempre había sabido como entristecerme de forma consciente o inconsciente, antes lo hacía cuando estaba, ahora ni siquiera era necesaria su presencia para lograrlo.

Me encontró hace unos años atrás, merodeando por la calle, perdido y cabizbajo recogiendo piedras, la amé porque supo ver algo que las demás personas no habían apreciado en mí, nunca supe qué pero supongo que fue lo mismo por lo que me dejo cabizbajo y recogiendo piedras, pero esta vez incompleto, como aquel soldadito de plomo del cuento, que se mantenía firme aunque sólo tuviera una pierna,
Han pasado los años y como un boomerang ella siempre regresa a mí, como si supiera lo que pasa por mi cabeza, como asegurándose que aún sigo ahí, que aún la amo, incluso si ella no lo hace de igual forma. Son ya muy lejanos los días en los que Ana, la bailarina solía danzar al ritmo de la caja de música,

Subimos la ladera con Manuel mientras debatíamos qué tan fácil sería instaurar un tercer día de fin de semana en el mundo y las repercusiones que esto tendría en la economía. Es lunes y parece como si todos desaparecieran y regresaran a sus madrigueras pues lo único que desean es hibernar como los mamíferos que son, es lunes, día que instauramos como parte del nuevo fin de semana en nuestra utópica realidad.

https://www.youtube.com/watch?v=aBoFKFFUWWE

Era usual plantearnos escenarios ficticios como ese o reformulando situaciones del pasado que vivimos alguna vez, a diferencia mía Manuel era un futurista que veía en el mañana algo mejor que el hoy, por mi parte yo era un nostálgico que vivía del ayer, pensábamos en pasado y futuro, lo hacíamos porque ese no era nuestro mundo, porque debía existir algo más allá de nuestras cabezas, ya fuera hacia atrás o hacia adelante en nuestra línea cronológica.

Manuel mueve su boca, gesticula, su voz se apaga y ya no logro escucharlo, yo solo miro de cuando en vez su rostro para aparentar que sigo en este planeta, disocio al tiempo y me pregunto cómo luciría mi semblante en ese momento, ¿acaso era un cascarón vacío que sorteaba expresiones al azar?

A pesar que fingía estar presente mi amigo sabía que yo ya no estaba ahí, él sabía que yo había regresado al día en que conocí a María, a los días en que su sombrilla salía a volar o leíamos en la biblioteca, María incluso nos acompañó a mí y a Manuel el día que estrenaron el cine en aquel nuevo teatro de la ciudad. - Aún no sé qué película veremos -

- La de vaqueros - sentenció María leyendo mi mente; me di cuenta de que quería ver películas con ella por el resto de mi vida.

Recuerdo todo esto a medida que ascendemos por la empinada loma, el pozo aparece poco a poco frente a nuestros ojos, debo admitir que es el doble de difícil el ascender con los bolsillos llenos de piedras.





Las piedras las recolecté durante mi infancia y lo seguí haciendo después que Ana se fue y lo seguí haciendo cuando llegó María, no había un patrón simplemente si me gustaba una, la recogía y la agregaba a mi colección: piedra caliza, arenisca, cuarzo, granito, todas simbolizaban algo diferente y a pesar de ello, pocos conocían de mi pasatiempo y la existencia de esas piedras en mi inventario, total a pocos debía importarle.

Por su parte a María le habían parecido fascinantes, las sacó de la bolsa en la que había permanecido intactas y sin importarle si llenaba de tierra y polvo sus manos, las examinó una por una, yo observaba atónito, fue definitivo, decidí amarla pues a través de simples actos que reafirmaba todo lo que para mí era simple y para ella especial, decidí amarla porque vi esa misma chispa que quizá Ana alguna vez vio en mí y que yo aún no podía creer que nadie hubiera visto en María. Y así lo pensé por años, hasta que alguien la descubrió, me enteré mientras comía, el pollo perdió su sabor y la realidad adquirió un tono sin contraste, confirmé mis sospechas y descubrí que el astro que giraba alrededor mío o más bien el planeta alrededor del cual yo giraba, era arrastrado por una atracción mayor a la mía, entonces el mundo se derrumbo. Son ya lejanos los días en los que María y yo salíamos a tomar fotografías de la ciudad y me siento como si todas aquellas piedras que coleccioné ahora reposaran en el interior de mi estómago.

Eran esas mismas piedras, las que atesoré por años, las que ahora llevaba como tributo al pozo,seguro de que cumplirían mi deseo. Al fin hemos llegado, Manuel se queda atrás mientras yo me acerco al pozo, me asomo y veo mi propia existencia en el reflejo del agua, "ahí ya no hay nada", susurro. Arrojo las piedras, y de paso también me arrojo al pozo, añoro chocar con la suficiente agua para que se hundan mis piedras o el fuego necesario para que se consuma este cuerpo de cera. Los recuerdos van a enloquecerme.




martes, 25 de diciembre de 2018

Breve soliloquio navideño



Esta fue la primera de las navidades en las que me fui a dormir sin escribir nada a nadie, ningún tipo de mensaje personalizado a mi familia o amigos. Llegué a un punto en el que dejé de darle importancia, como si esa especie de compromiso social me agotara, después de unas horas de silencio me sentí desvanecer y comprendí tarde, que a nadie le importa ya.

Son las cuatro de la mañana y Syd Barret repite en el tocadiscos, "Inside me I Feel Alone and Unreal", el chiste de Satán y la dislexia dejó de ser gracioso hace unas semanas, concluyo mientras leo un par de mensajes obsoletos y otro par de esos que a veces es mejor que no escriban nada de lo simples y mecánicos que son.


Excuso, como una especie de ceremonia mental y absurda a todos aquellos que ya han crecido y que solían escribir pero que esta noche viven sus vidas casi erigidas  mientras la mía sigue siendo un cúmulo de decisiones inconclusas: a mis viejos amigos y a mis mejores amigos, a mis familiares y a aquellas personas por las que sentí algo, a lo mejor todos ellos también ya se cansaron de escribir.

Después de todo, uno escribe solo escribe a aquellos que quiere y hoy, no he escrito a nadie. 


lunes, 19 de noviembre de 2018

Consume tu tiempo y adáptate



En la pantalla las personas hablan y para mí no tiene coherencia lo que dicen, no presto atención, solo finjo que lo hago mientras mi mirada sigue clavada en el televisor, me invade una especie de vértigo el mismo que siento cuando me dictan una serie de números y no soy capaz de memorizarlos o cuando debo responder a mi interlocutor con una frase que siento carece de sentido.

Miro a mi alrededor y agradezco que nadie pueda leer mis pensamientos, han pasado los años y sigo sin entender las conductas sociales de quienes me rodean, quizá no se trata de ellos sino de mí y mi poco interés sobre las cosas que a los demás les resultan esenciales. 

¿Qué hago aquí? Llevo más de una hora viendo a la pantalla, siguiendo con mi retina los movimientos de las pequeñas personas que se mueven en el televisor y yo sigo sin entender porque todos continúan observando la pantalla con tanta atención, ojalá pudiera dormir con los ojos abiertos, pero allí en aquella solo solo puedo soñar, intento concentrarme pero tampoco los sueños acuden  mí, podría estar en otro lugar ahora, quizá no haciendo nada pero el tiempo será mío y no de alguien más.

Repito su nombre y suena lejano, como una palabra que perdió el sentido hace mucho, hasta pareciera que nunca se llamó así y que ese no fue su rostro ni  que su cuerpo corresponde a esa anatomía,  como en un trabajo, todos somos prescindibles.

Otra vez este estupor, siento unos ojos clavarse en mi espalda y finjo que sigo viendo la película, ¡vaya basura! cada fundido a negro es una falsa alarma de que ya acabó la tortura pero una vez más los pequeños hombrecitos vuelven a aparecer en la pantalla, de nuevo me siento agradecido que mis pensamientos permanezcan en el anonimato de mi mente. Debo encontrar la forma de hacer que el tiempo pase más rápido, desvío mi mirada ¡Qué poco me importa esto!

Y ahí vienen, los aplausos, la apreciación de cada espectador, las palabras de agradecimiento, las alabanzas que funcionan como una especie de contrato y que son las que el auditorio debe entregar para que se acabe este tedioso espectáculo, yo miro con disimulo mi reloj, para alguien a quien no parece importarle mucho las cosas, me siento frustrado al ver perdido un par de horas, es el precio a pagar por un poco de aprobación social, una aprobación que no me interesa tener, debí quedarme en casa hoy. 


jueves, 18 de octubre de 2018

Dos cuentos de pesadilla en otoño

Sala de trofeos


No puedo luchar contra ello mucho tiempo
Algo está tratando de salir 
Y nunca estuvo más cerca
Entonces si mi corazón falla 
Inventa alguna historia
Pero si nunca regreso
Dile a mi madre que lo siento



Es lunes, llueve y parece como si todos desaparecieran y regresaran a sus madrigueras y lo único que desearan es hibernar en la soledad de sus madrigueras como los mamíferos que son.

A veces me pregunto si mas allá de ser un fenómeno meteorológico la lluvia es ocasionada por una tristeza colectiva que se eleva hasta el aire y cae sobre la ciudad y el campo como respuesta a nuestras emociones.

Tengo ampollas en los dedos y las luciérnagas ya no brillan, desciendo a ciegas peldaño por peldaño mientras pierdo apego a la vida, como una hoja que desea caer del árbol y dar por terminado su ciclo.

Sigilo, fuerzo la cerradura y me abro paso en medio de la oscuridad, el lugar parece un mausoleo, iluminado por débiles luces que se asemejan al fondo de un acuario. Sin distracciones, solo debo encontrarlas, tomarlas y huir, debían estar en alguna parte, pronto comprendí que no sería fácil.

En estantes, como una galería de un cazador que ubica las cabezas de animales como trofeos, allí estaban, no solo las que alguna vez yo le regalé, pues mi nombre no era el único en esa habitación, en cada pared diversos nombres destacaban en una placa dorada.

Nunca comprendí en realidad por qué las personas llegan tan destruidas al conocer a alguien nuevo, incapaces de abrirse por completo, inseguros de sus capacidades, como si no merecieran amar o ser amados, como si no fueran lo suficientemente buenos. Solo lo comprendí hasta que las vi allí, aprisionadas.

Me sentí enfermo, me dolió el estómago de ver aquel lugar. A pesar de estar conservadas con cuidado, no dejaban de ser más del montón, a pesar de haber sido seleccionadas con precisión, las exhibiría ante los visitantes de esa terrorífica galería como un triunfo personal.

Siento taquicardia de solo pensar que ya no cantaría para mí y que a la última persona a la que escribía y a la primera a la que saludaba en las mañanas era alguien más, alguien a quien ya le construían su propio estante de colección.

Que sepa, nunca hubo un descanso entre una y otra ilusión, esperando que una nueva esperanza nos rescate del dolor que se siente de la más reciente decepción, no hay pausas, solo algunas semanas de preludio para aquellos que temen a la soledad.

Ya no importa nada, solo las quiero de vuelta, devolverlas a mi preciada y egoísta caja musical. 

No hay tiempo, quisiera tomarlas y huir pero sé que
 aunque vuelvan conmigo jamás podrán dejar de ser suyas y que la Coleccionista de baladas jamás me devolverá mis canciones.


Mi vieja guitarra

Mi padre, al igual que su padre fue un hombre ausente en al vida de sus hijos. Únicamente aparecieron juntos el día de mi grado. 



Me gradué de una de esas profesiones que hacen inflar de orgullo el pecho de un padre, quizá medicina o derecho, quizá a eso les debía su presencia aquel día. Cruzaron la estancia bajo la mirada de reprobación de los invitados a la celebración y se pararon frente a mí.

Mis dedos trazan coordenadas con un punteo en mi guitarra, mientras se deslizan por las cuerdas y los trastes, amenizando la reunión y de repente estos dos hombres se paran frente a mí - la melodía se detiene -  mi abuelo, un hombre encorvado y vencido por los años saluda con una sonrisa desbaratada y de dientes torcidos y que sin embargo no deja de ser auténtica.

Le reconozco de fotos, dejo mi guitarra a un costado y el hombre me abraza, "gracias abuelo" le digo al oído y el anciano no puede contener las lágrimas, atrás, mi padre una versión más joven pero no menos deteriorada que la de mi abuelo también me abraza, casi sin esfuerzo es tan similar como abrazar un maniquí o un cadáver.
Colgado en su espalda, forrado en papel regalo mi padre carga un presente que me entrega mientras me da una palmada en la espalda, es sencillo adivinar lo que hay oculto tras el papel regalo, las curvas, el sonido hueco, el rozar de las cuerdas, a medida que desgarro el papel surge ante mis ojos la silueta de una guitarra nueva.

Mi abuelo examina mi vieja guitarra mientras yo hago lo correspondiente con la nueva, la admiro y ensayo concentrado mientras pienso que no puede ser tan buena como la original, la que llegó tanto años atrás en el momento ideal, única en su sonido, con su madera de sauce al tacto, el acero en sus cuerdas, su olor a lacado, su color arce, las pequeñas cicatrices y las batallas e historias que protagonizó, no, la nueva nunca podrá reemplazar a mi vieja guitarra.

Salgo de mi ensimismamiento dispuesto a volver a a tocar con mi antiguo instrumento, mi padre y mi abuelo ya se han ido y probablemente no los vuelva a ver, sin embargo tampoco veo mi vieja guitarra.

Un frío sudor recorre mi cuerpo y el vacío, ese mismo que se siente al no hallar algo en un bolsillo me atraviesa.

¿Dónde están? ¿ A dónde fueron y donde está mi vieja guitarra?

¿DÓNDE ESTÁ MI VIEJA GUITARRA?


jueves, 13 de septiembre de 2018

Ni Bonnie ni Clyde

En ese instante sentí una horrible tristeza y, sin embargo, algo así como un brote de risa empezó a cosquillearme el alma.


Nunca un hombre es más consciente de su realidad que cuando acaba de tener sexo o cuando está a punto de morir.

Los finales no deberían ser como los de las películas de acción que exhiben en los cines: esos en los que el héroe le patea el culo al villano, para luego alejarse de una explosión a sus espaldas mientras se pone unos lentes de sol, aborda un convertible en el que espera una súper modelo y juntos conducen hacia el soleado horizonte; pero esas historias nunca salen bien, uno nunca sabe qué pasa después y cuando hay una segunda parte es probablemente peor que la primera.

No, mi final debía emular a la realidad, porque en esta ciudad no suceden milagros en estas tierras lo mejor es darle una conclusión a todo con una pizca de decepción, pesar al que están acostumbrados quienes esperan más de la vida.


La primera bala cruza a través de la habitación y se instala en mi hombro izquierdo mientras las otras dos siguientes atraviesan mi abdomen y me obligan a retroceder unos pasos, levanto la mirada para ver a Preciosa sostener aún el arma humeante y descargar un último tiro, uno que debería ser de gracia pero que se aloja en mi cuello y de forma más despiadada que milagrosa me deja con vida, supongo que ambos nos fallamos mutuamente.

Quizá fue mi manía de pensarlo todo en extremo o su impaciencia ante los hechos de la vida, quizá mi terquedad o a lo mejor su temperamento explosivo, puedo apostar que era el afán de ambos de tener la razón  ¿Creerá en mí como yo creo en ella incluso ahora que la  muerte me cobija con su mortaja?


Las cosas debían ser simples, tal como ella las expuso aquella tarde, entramos al banco, apuntamos con nuestras armas, saqueamos la bóveda, uno vigila a los rehenes mientras el otro carga el dinero hasta el auto, huimos y despilfarramos el dinero; aún puedo sonreír tras recordar aquella noche celebrábamos lo que sería el crimen del siglo.

Era en las noches cuando Preciosa más me quería, cuando se despojaba de ese escudo que cargaba consigo, cuando yo le contaba historias al oído y ella cerraba los ojos intentando imaginarlas.

Asustados, los pocos rehenes del lugar huyen espantados ante los disparos, incrédulo; bajo la mirada hasta  el suelo para ver cómo empieza a lloviznar escarlata de mi cuerpo y la levanto una vez más para posar mis ojos sobre ella y su cabellera rubia, la miro como esas tantas veces que ella me pidió que dejara de mirarla con tal intensidad. A veces la aborrezco tanto, casi tanto como la quiero y pienso que - en palabras de Sabines - antes de acabar odiándonos es mejor extrañar, debí marcharme después de una de esas noches, en la madrugada cuando aún estaba a tiempo, ¿de qué?, no lo sé, pero a tiempo.
Resbalo lentamente hasta sentarme en el suelo, la pared de la bóveda parece una pintura dadaista, algunos billetes vuelan aún por el aire mientras la pared se cubre de sangre a medida que yo me muevo, decorando los pintorescos cascos de pistola ya usados. 

Preciosa se dirige hacía mi e indiferente pasa por encima mío, levanta delicadamente un pie y luego el otro, no sé si para evitar pisarme o para no manchar sus zapatos. La adoro aún mientras veo su forma de caminar y  la detesto al sentir cómo escapa dejándome ahí moribundo.

Sí, la detesto en ocasiones, 
la detesto como quisiera besarla cada que la veo, pero odiarla nunca: odiar es un sentimiento que no me permito sentir, odiar es el contrario de amar y ¿cuál es el contrario a querer? ¿Cómo luchar contra el concepto puro e idealizado de alguien? pienso que incluso me odio más por quererla más que a la vida que ahora escapa e

Solo yo sé cuán especial era Preciosa para mí, cuando el mundo parecía derrumbarse, cuando no me interesaba hablar con nadie siempre podía encontrarla en algún lugar, siempre sabía cómo hacerme reír y prestaba atención a los más mínimos detalles, sin embargo siempre supo cómo jugar con mi mente y tomar palabras que nunca dije para ubicarlas en alguna oración, ahora sé que muchas de las cosas que creí eran para mí, no lo eran. Allá va mi última pizca de confianza.

 Levanto mi brazo derecho, mi mano se aferra con fuerza al mango de la pistola y disparo apuntando a esas curvas peligrosas, no sé si se trata de falta de precisión o si no me nace hacerle daño pero la bala rompe un cristal a lo lejos. Si quería demostrar que no soy una persona inmadura, he fallado totalmente.

Ante mi impulso, Preciosa regresa a mí, me mira en un plano cenital como quien intenta ver algo a través de un cristal sucio, la contemplo desde abajo, derrotado y con ese tono suyo de superioridad se inclina y susurra de forma inteligible a mi oído algo que solo entenderemos los dos, que nadie más podría comprender pero que termina por sumirme en el suelo, creo ver lágrimas corriendo por sus mejillas pero se levanta con rapidez antes de salir por la puerta principal del banco, ubica la última bolsa cargada de oro en la cajuela de ese Ford negro que robamos la noche pasada y en el que recorrimos la ciudad hasta el amanecer.

No es la primera vez que usa sus palabras como filosos cuchillo pero sospecho que esta será la última.

Detener la sangre es inútil, como alguien a punto de vomitar que mueve su bilis para aplazar lo inevitable, tinta de hierro emana a través de los orificios en mi pecho, en vano trato de hacer presión, al final solo dejo que fluya hasta que ya no quede nada adentro.

El banco ahora está vacío, como mis bolsillos, como el final de mi vida. Las sirenas de la Policía resuenan cada vez más cerca, me mantienen consciente y con el poco de energía que aún queda en mí , salgo a rastras de la bóveda y me recargo contra la puerta del banco, miro el cielo constantemente aguardando a que ángel o demonio regrese y las lagrimas brotan con facilidad, por esta y por todas las veces que quise llorar y no pude, es entonces cuando empiezo a dudar de todo menos de algo en particular y que la muerte no sea una excusa para decir que no sigo queriendo a Preciosa y que lo haré incluso después de morir

No quiero ir ni al cielo ni al infierno, deseo volver al lugar en el que alguna vez todo parecía tener más sentido. Nunca fui más vulnerable ni más lúcido, miro mis manos y las veo diferentes, ¿Dónde estuve todo este tiempo? ¿Qué hice mientras los demás vivían sus vidas? ¿Viví o fui un simple espectador?

El aire se vuelve más denso y difícil de respirar. Puedo sentir escalofríos en todo mi cuerpo, echo un último vistazo a la carretera, solo puedo ver el polvo que aún levanta el Ford a la distancia y con él, adentro todas mis ilusiones: su destino, otro banco donde aguarda probablemente otro pistolero como yo, otro sucio canalla que anhele a Preciosa tanto como anhela el oro, la diferencia es que, con gusto hubiera cedido cada moneda, cada lingote por disfrutar un día más junto a ella.

"Vaya con Dios my darling, vaya con Dios my love", canto el estribillo para mis adentros antes de cerrar los ojos.

Este último día perdí muchas cosas, tantas que la vida parece ser lo de menos.

Última declaración del bandido conocido como Perro Desgraciado.


Conjetura


“Eso de haber de abismarse en la incertidumbre y desesperar de la verdad es un triste y miserable refugio contra el error” - R.D



 Por lo general, las noches pasan más rápido que los días pero esta en particular resulta eterna y agotadora y tengo el presentimiento de que al menos por un tiempo, así serán todas.

Mi espera equivale al del condenado que aguarda a que el verdugo baje el hacha bajo su cabeza o al reo que tiene en frente al pelotón de fusilamiento.

Podría descansar ya, me arden los ojos y solo el corazón me mantiene despierto y en un constante estado de ansiedad más que de alarma, mirando el reloj esperando que este se apiade y decida mover su horario y minutero para mi satisfacción.  Que mi genio maligno tiene ojos coquetos y las mejillas sonrojadas y que mi azar es desafortunado.

Contrario a ello, esta noche no hay caminata, ni por el parque ni por la ciudad, no hay cerveza fría ni habitación calurosa, no hay comedias de décadas pasadas en la televisión ni gatos maullando a la luna, ¡Ah, no hay luna!.

Sin saberlo, cada uno avista su correspondiente oscuridad: la suya una oscuridad artificial con reflectores y bolas de espejos, la mía una oscuridad auto impuesta y únicamente interrumpida por un débil rayo de luz que a duras penas vería cualquier otro noctámbulo si decidiera asomarse y ver la única fuente de luz proveniente de una ventana.

Tampoco hay silencio porque silencio no encontrarás hasta no regresar a casa en la madrugada y te zumben los oídos y finalmente repases en tu mente lo que viviste el día de hoy, las palabras e incluso la ausencia de ellas.  Silencio no encontraré ni quiero encontrarlo porque necesito acallar las voces y escenarios que insisten en perseguirme a donde voy incluso allá cuando mi cabeza descansa en la almohada.

Y habrá música, de la que ya no te ofrecen, esperando encontrar una con una letra perfecta, como si se tratase de escoger un fruto en los abarrotes. Y tendré música que será la llave de la cerradura, música genuina de esa que se recoge, recicla, adapta, colecciona y  se protege de curiosos.


No hay semblantes, solo siluetas y un rostro desprovisto de rasgos pero cómo quisiera poner las piezas en su lugar, ver la imagen final y darles una identidad y una voz para quejarme de su nariz con enormes fosas nasales o de sus párpados caídos y ojos desprovistos de vida, de su estatura o de su posición política y preguntarme ¿en serio?

Me permito dormir un poco, cierro los ojos a las 2:00 despierto a las 7:00, duermo a la 1:00 despierto  a las 5:00 y cada día la brecha entre madrugada y amanecer se hace cada vez más corta, como si eso fuera suficiente.

Sucede desde hace algunas semanas y sé entonces que algo anda mal cuando debo acomodar la mandíbula en su lugar y los dientes me duelen al apretarlos unos contra otros rechinando. El sueño (si es que hubo sueño) se desvanece tan rápido como regresa la conciencia y se evapora: de todas formas ¿Con qué puedo soñar si no arrastrará las pesadillas que ya al despertar aguardan?

Me aferro como lo hace el punto del signo de interrogación  al resto de su grafema, a la deriva pero inexplicablemente atado a su cuerpo da sentido a la incógnita. Repaso una serie de futuros posibles, todos acechando como tiburones hambrientos alrededor de mi pequeña e improvisada canoa de realidad que ya no distingue entre hechos, paranoia, percepción, corazonada e imaginación.

Familiares, regresan a mí ciertas sensaciones y se acomodan en su lugar encajando a la medida como parte del mismo enigma. La puerta no se abre y el teléfono no suena y está bien. Sacudo la cabeza: al final todos terminan por convertirse en lo que condenan.