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jueves, 17 de enero de 2019

Soltar

En medio de la oscuridad intentarás tomar mi mano, nuestra piel hará contacto e incluso si esa sensación de calidez recorre mi cuerpo, permaneceré impasible, acariciarás mi brazo y yo miraré al cielo.

- ¿Estás bién? - preguntarás
Y yo responderé, "no, no lo estoy" mientras lucho contra el más primario de mis instintos.
- ¿Qué te pasa? - dirás, intentando verme en medio de la penumbra
- No estoy aquí - Diré concentrando mi mirada en alguna constelación, enfocándome en la sensación de sentirme incompleto incluso cuando ella está.
- ¿Dónde estás? -
- Atascado: en el ayer - responderé, mirándote a los ojos con el semblante serio e inexpresivo.

¿Soltarás o te aferraras más fuerte a mi mano? ¿Seré capaz de soltar la tuya?

domingo, 13 de enero de 2019

Piedra y plomo





Es el tercer auto que ha estado a punto de atropellarme hoy, creo que una parte de mí se lanzó
hacia el segundo a propósito en medio de una lluvia de puteadas y bocinas. Estoy enfermo, me
siento como un muerto viviente, They re coming to get you Barbara, huye, huye mientras aún controlo lo que queda de mi razón.

Estoy delirando, en mi mente puedo ver una versión pequeña de mí mismo cayendo a través de un foso oscuro , mi respiración se entrecorta y aprieto los puños mientras traquean mis dedos, me lastimo, una vez más y sin embargo se siente familiar. Es lunes y bebemos cerveza con Manuel quien camina a mi izquierda mientras a la derecha una versión fantasma de Mick Jagger surge de la nada, pone su mano sobre mi hombro y susurra "el pasado es un gran lugar, no quieres borrarlo ni arrepentirte, pero tampoco quieres ser su prisionero", agito la cabeza como quien espanta una mosca  y el cantante desaparece. Atardece mientras recorremos el sendero, los vagos duermen y hacen hogueras a un costado de la carrilera del tren intentando entrar en calor, la última gota de cerveza cae y se desliza sobre el cristal de mi reloj dibujando a su paso los múltiples rayones y cicatrices que ha dejado el tiempo sobre este, puede leerse un "AM" grabado con un bisturí alguna tarde de hace al menos una década.
- ¿AM? - Pregunta Manuel desconcertado
- Ana María - respondo mientras recorro con los dedos el grabado, la marca sigue y seguirá ahí. Cuando me preguntan por una persona de mi pasado, la lógica dicta que su existencia haya dejado de tener algún significado, pero no es así, su nombre y su historia siguen ahí, a través de mi narrativa que resulta ser la cloaca de mis memorias. Por dentro soy una persona infeliz. Lo perdí todo en un corto periodo de tiempo y en todas las ocasiones fui yo quien se interpuso; incluso cuando sé que la felicidad no debería depender de otros, que existe el amor propio y unos cuantos pajazos mentales más de autoestima, la terquedad siempre ha sido mi más grande debilidad.


Desde hacía un tiempo los momentos que compartimos habían sido reemplazados por ciertas palabras
que giraban alrededor de mi cabeza en Arial 60, como un detective que analiza cada oración, cada huella dactilar esperando encontrar un indicio, podría ser cualquier cosa, una batería descargada, un trancón en la autopista, un robo, una cena familiar, pero mi instinto sabe que no es así.

Mi instinto no sabe seguir buenos indicios solo malos presagios, como un perro rescatista que únicamente es capaz de seguir la huella de cadáveres; Ana siempre había sabido como entristecerme de forma consciente o inconsciente, antes lo hacía cuando estaba, ahora ni siquiera era necesaria su presencia para lograrlo.

Me encontró hace unos años atrás, merodeando por la calle, perdido y cabizbajo recogiendo piedras, la amé porque supo ver algo que las demás personas no habían apreciado en mí, nunca supe qué pero supongo que fue lo mismo por lo que me dejo cabizbajo y recogiendo piedras, pero esta vez incompleto, como aquel soldadito de plomo del cuento, que se mantenía firme aunque sólo tuviera una pierna,
Han pasado los años y como un boomerang ella siempre regresa a mí, como si supiera lo que pasa por mi cabeza, como asegurándose que aún sigo ahí, que aún la amo, incluso si ella no lo hace de igual forma. Son ya muy lejanos los días en los que Ana, la bailarina solía danzar al ritmo de la caja de música,

Subimos la ladera con Manuel mientras debatíamos qué tan fácil sería instaurar un tercer día de fin de semana en el mundo y las repercusiones que esto tendría en la economía. Es lunes y parece como si todos desaparecieran y regresaran a sus madrigueras pues lo único que desean es hibernar como los mamíferos que son, es lunes, día que instauramos como parte del nuevo fin de semana en nuestra utópica realidad.

https://www.youtube.com/watch?v=aBoFKFFUWWE

Era usual plantearnos escenarios ficticios como ese o reformulando situaciones del pasado que vivimos alguna vez, a diferencia mía Manuel era un futurista que veía en el mañana algo mejor que el hoy, por mi parte yo era un nostálgico que vivía del ayer, pensábamos en pasado y futuro, lo hacíamos porque ese no era nuestro mundo, porque debía existir algo más allá de nuestras cabezas, ya fuera hacia atrás o hacia adelante en nuestra línea cronológica.

Manuel mueve su boca, gesticula, su voz se apaga y ya no logro escucharlo, yo solo miro de cuando en vez su rostro para aparentar que sigo en este planeta, disocio al tiempo y me pregunto cómo luciría mi semblante en ese momento, ¿acaso era un cascarón vacío que sorteaba expresiones al azar?

A pesar que fingía estar presente mi amigo sabía que yo ya no estaba ahí, él sabía que yo había regresado al día en que conocí a María, a los días en que su sombrilla salía a volar o leíamos en la biblioteca, María incluso nos acompañó a mí y a Manuel el día que estrenaron el cine en aquel nuevo teatro de la ciudad. - Aún no sé qué película veremos -

- La de vaqueros - sentenció María leyendo mi mente; me di cuenta de que quería ver películas con ella por el resto de mi vida.

Recuerdo todo esto a medida que ascendemos por la empinada loma, el pozo aparece poco a poco frente a nuestros ojos, debo admitir que es el doble de difícil el ascender con los bolsillos llenos de piedras.





Las piedras las recolecté durante mi infancia y lo seguí haciendo después que Ana se fue y lo seguí haciendo cuando llegó María, no había un patrón simplemente si me gustaba una, la recogía y la agregaba a mi colección: piedra caliza, arenisca, cuarzo, granito, todas simbolizaban algo diferente y a pesar de ello, pocos conocían de mi pasatiempo y la existencia de esas piedras en mi inventario, total a pocos debía importarle.

Por su parte a María le habían parecido fascinantes, las sacó de la bolsa en la que había permanecido intactas y sin importarle si llenaba de tierra y polvo sus manos, las examinó una por una, yo observaba atónito, fue definitivo, decidí amarla pues a través de simples actos que reafirmaba todo lo que para mí era simple y para ella especial, decidí amarla porque vi esa misma chispa que quizá Ana alguna vez vio en mí y que yo aún no podía creer que nadie hubiera visto en María. Y así lo pensé por años, hasta que alguien la descubrió, me enteré mientras comía, el pollo perdió su sabor y la realidad adquirió un tono sin contraste, confirmé mis sospechas y descubrí que el astro que giraba alrededor mío o más bien el planeta alrededor del cual yo giraba, era arrastrado por una atracción mayor a la mía, entonces el mundo se derrumbo. Son ya lejanos los días en los que María y yo salíamos a tomar fotografías de la ciudad y me siento como si todas aquellas piedras que coleccioné ahora reposaran en el interior de mi estómago.

Eran esas mismas piedras, las que atesoré por años, las que ahora llevaba como tributo al pozo,seguro de que cumplirían mi deseo. Al fin hemos llegado, Manuel se queda atrás mientras yo me acerco al pozo, me asomo y veo mi propia existencia en el reflejo del agua, "ahí ya no hay nada", susurro. Arrojo las piedras, y de paso también me arrojo al pozo, añoro chocar con la suficiente agua para que se hundan mis piedras o el fuego necesario para que se consuma este cuerpo de cera. Los recuerdos van a enloquecerme.




jueves, 13 de septiembre de 2018

Ni Bonnie ni Clyde

En ese instante sentí una horrible tristeza y, sin embargo, algo así como un brote de risa empezó a cosquillearme el alma.


Nunca un hombre es más consciente de su realidad que cuando acaba de tener sexo o cuando está a punto de morir.

Los finales no deberían ser como los de las películas de acción que exhiben en los cines: esos en los que el héroe le patea el culo al villano, para luego alejarse de una explosión a sus espaldas mientras se pone unos lentes de sol, aborda un convertible en el que espera una súper modelo y juntos conducen hacia el soleado horizonte; pero esas historias nunca salen bien, uno nunca sabe qué pasa después y cuando hay una segunda parte es probablemente peor que la primera.

No, mi final debía emular a la realidad, porque en esta ciudad no suceden milagros en estas tierras lo mejor es darle una conclusión a todo con una pizca de decepción, pesar al que están acostumbrados quienes esperan más de la vida.


La primera bala cruza a través de la habitación y se instala en mi hombro izquierdo mientras las otras dos siguientes atraviesan mi abdomen y me obligan a retroceder unos pasos, levanto la mirada para ver a Preciosa sostener aún el arma humeante y descargar un último tiro, uno que debería ser de gracia pero que se aloja en mi cuello y de forma más despiadada que milagrosa me deja con vida, supongo que ambos nos fallamos mutuamente.

Quizá fue mi manía de pensarlo todo en extremo o su impaciencia ante los hechos de la vida, quizá mi terquedad o a lo mejor su temperamento explosivo, puedo apostar que era el afán de ambos de tener la razón  ¿Creerá en mí como yo creo en ella incluso ahora que la  muerte me cobija con su mortaja?


Las cosas debían ser simples, tal como ella las expuso aquella tarde, entramos al banco, apuntamos con nuestras armas, saqueamos la bóveda, uno vigila a los rehenes mientras el otro carga el dinero hasta el auto, huimos y despilfarramos el dinero; aún puedo sonreír tras recordar aquella noche celebrábamos lo que sería el crimen del siglo.

Era en las noches cuando Preciosa más me quería, cuando se despojaba de ese escudo que cargaba consigo, cuando yo le contaba historias al oído y ella cerraba los ojos intentando imaginarlas.

Asustados, los pocos rehenes del lugar huyen espantados ante los disparos, incrédulo; bajo la mirada hasta  el suelo para ver cómo empieza a lloviznar escarlata de mi cuerpo y la levanto una vez más para posar mis ojos sobre ella y su cabellera rubia, la miro como esas tantas veces que ella me pidió que dejara de mirarla con tal intensidad. A veces la aborrezco tanto, casi tanto como la quiero y pienso que - en palabras de Sabines - antes de acabar odiándonos es mejor extrañar, debí marcharme después de una de esas noches, en la madrugada cuando aún estaba a tiempo, ¿de qué?, no lo sé, pero a tiempo.
Resbalo lentamente hasta sentarme en el suelo, la pared de la bóveda parece una pintura dadaista, algunos billetes vuelan aún por el aire mientras la pared se cubre de sangre a medida que yo me muevo, decorando los pintorescos cascos de pistola ya usados. 

Preciosa se dirige hacía mi e indiferente pasa por encima mío, levanta delicadamente un pie y luego el otro, no sé si para evitar pisarme o para no manchar sus zapatos. La adoro aún mientras veo su forma de caminar y  la detesto al sentir cómo escapa dejándome ahí moribundo.

Sí, la detesto en ocasiones, 
la detesto como quisiera besarla cada que la veo, pero odiarla nunca: odiar es un sentimiento que no me permito sentir, odiar es el contrario de amar y ¿cuál es el contrario a querer? ¿Cómo luchar contra el concepto puro e idealizado de alguien? pienso que incluso me odio más por quererla más que a la vida que ahora escapa e

Solo yo sé cuán especial era Preciosa para mí, cuando el mundo parecía derrumbarse, cuando no me interesaba hablar con nadie siempre podía encontrarla en algún lugar, siempre sabía cómo hacerme reír y prestaba atención a los más mínimos detalles, sin embargo siempre supo cómo jugar con mi mente y tomar palabras que nunca dije para ubicarlas en alguna oración, ahora sé que muchas de las cosas que creí eran para mí, no lo eran. Allá va mi última pizca de confianza.

 Levanto mi brazo derecho, mi mano se aferra con fuerza al mango de la pistola y disparo apuntando a esas curvas peligrosas, no sé si se trata de falta de precisión o si no me nace hacerle daño pero la bala rompe un cristal a lo lejos. Si quería demostrar que no soy una persona inmadura, he fallado totalmente.

Ante mi impulso, Preciosa regresa a mí, me mira en un plano cenital como quien intenta ver algo a través de un cristal sucio, la contemplo desde abajo, derrotado y con ese tono suyo de superioridad se inclina y susurra de forma inteligible a mi oído algo que solo entenderemos los dos, que nadie más podría comprender pero que termina por sumirme en el suelo, creo ver lágrimas corriendo por sus mejillas pero se levanta con rapidez antes de salir por la puerta principal del banco, ubica la última bolsa cargada de oro en la cajuela de ese Ford negro que robamos la noche pasada y en el que recorrimos la ciudad hasta el amanecer.

No es la primera vez que usa sus palabras como filosos cuchillo pero sospecho que esta será la última.

Detener la sangre es inútil, como alguien a punto de vomitar que mueve su bilis para aplazar lo inevitable, tinta de hierro emana a través de los orificios en mi pecho, en vano trato de hacer presión, al final solo dejo que fluya hasta que ya no quede nada adentro.

El banco ahora está vacío, como mis bolsillos, como el final de mi vida. Las sirenas de la Policía resuenan cada vez más cerca, me mantienen consciente y con el poco de energía que aún queda en mí , salgo a rastras de la bóveda y me recargo contra la puerta del banco, miro el cielo constantemente aguardando a que ángel o demonio regrese y las lagrimas brotan con facilidad, por esta y por todas las veces que quise llorar y no pude, es entonces cuando empiezo a dudar de todo menos de algo en particular y que la muerte no sea una excusa para decir que no sigo queriendo a Preciosa y que lo haré incluso después de morir

No quiero ir ni al cielo ni al infierno, deseo volver al lugar en el que alguna vez todo parecía tener más sentido. Nunca fui más vulnerable ni más lúcido, miro mis manos y las veo diferentes, ¿Dónde estuve todo este tiempo? ¿Qué hice mientras los demás vivían sus vidas? ¿Viví o fui un simple espectador?

El aire se vuelve más denso y difícil de respirar. Puedo sentir escalofríos en todo mi cuerpo, echo un último vistazo a la carretera, solo puedo ver el polvo que aún levanta el Ford a la distancia y con él, adentro todas mis ilusiones: su destino, otro banco donde aguarda probablemente otro pistolero como yo, otro sucio canalla que anhele a Preciosa tanto como anhela el oro, la diferencia es que, con gusto hubiera cedido cada moneda, cada lingote por disfrutar un día más junto a ella.

"Vaya con Dios my darling, vaya con Dios my love", canto el estribillo para mis adentros antes de cerrar los ojos.

Este último día perdí muchas cosas, tantas que la vida parece ser lo de menos.

Última declaración del bandido conocido como Perro Desgraciado.


sábado, 31 de marzo de 2018

Melodía

I'm yellow, he was blue It's nothing that he could hide We made a green meadow Whenever we would collide


Empezó con una canción, casi como empiezan la mayoría de las cosas, al menos las cosas que me importan. 

Había algo de simple y de complejo en todo ello, era espontánea y carismática, me sorprendía lo opuestos que podíamos llegar a ser. Me gustaba cruzarme de piernas y verla hablar por horas y prestar atención a lo que me decía hasta cierto punto en el que me distraía con aquel extraño color de ojos; a ella en particular no le gustaba hablar de su físico pero para mí era un rasgo verdaderamente cautivador.

Solía sentarme frente a aquel extraño edificio de la esquina, esos que surgen de la nada y que nunca sabes qué pasa allá adentro pero donde la gente entra y sale sin explicación. Veía pasar a la gente y a los semáforos brillar como antorchas mientras el transporte público avanzaba lentamente y yo únicamente escuchaba su voz, su risa y su llanto del otro lado del auricular.

Quizá ella ya lo sabía e incluso intentó advertírmelo, había algo de premonitorio en todo ello, las constantes referencias a Benedetti, las palomas. Su tristeza y mi terquedad.

Tocaba canciones para mí a menudo, para mí o para todo aquel que se animara a escucharla, aquella noche en particular tocó una canción para mí, su letra era triste y melancólica. Impulsiva ella se desvanece, sombrío cuelgo el teléfono y me alejo entre la bruma, mis pasos son iguales, pero las calles son distintas.

Terminó con una canción, casi como terminan la mayoría de las cosas, al menos las cosas que me importan. 



jueves, 1 de febrero de 2018

Cementerio de elefantes



"Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección". E.S

Recordé la noche en que Leah me habló sobre la frase que vio en algún lugar, una frase de un autor cuyo nombre tampoco pudo recordar, tan poco la frase exacta pero me dijo que era algo similar a que se aprende a morir del caer de las hojas.

- Parece algo natural porque después de todo las hojas caen, pero el árbol sigue allí - me  dijo
- Que cambien las hojas más no las raíces - le respondí

Caminábamos a través de un sendero, los árboles, con follaje tupido y ramas que se entrelazaban a su alrededor impedían observar el cielo de aquella fría noche de diciembre. El viento soplaba con fuerza en dirección contraria a nosotros, podía ver el aliento helado que exhalaba Leah con su boca al hablar.

Antes de cruzar la calle Leah se detuvo y miró a su izquierda por donde en medio de la oscuridad se adivinaba lo que era el inicio de una empinada calle adornada por un colorido alumbrado navideño.

- Deberíamos tomar una fotografía - exclamó. Me quedé en silencio esperando a que sacara su cámara fotográfica, sin embargo ella seguía inmóvil, parada a un costado de la acera mirando fijamente la calle y su alumbrado, pasados unos segundos, Leah cerró los ojos, volteo a mirarme sonrió y continuó la marcha; pensé que había preferido no hacerlo así que la sigue como si nada hubiera pasado. En el momento no lo comprendí.

Caen las hojas amarillentas y marchitas, decididas ceden a la gravedad y se mecen en el aire para posarse sobre el suelo con suavidad y morir a los pies de su creador. Aprender a morir no es quizá lo más difícil, la muerte llega y con suerte no hay tiempo de asimilarla. Lo más difícil es continuar la existencia y fingir que la vida puede seguir igual a pesar de que las personas van muriendo, física o metafóricamente incluso si no es así. Leah lo sabía y murió aquella misma noche, dejando aquel peso en mis hombros.

Hay una especie de dolor placentero en visitar lugares que fueron y ya no son, pararse sobre la misma baldosa o el mismo pedazo de tierra, mirar hacia la misma dirección y pensar, aquí estuve yo hace tantos años, cuánto ha cambiado desde entonces, a esos lugares los llamo cementerios de elefantes.

La tienda de música que alguna vez brilló y que años después quebró y fue reemplazada por una tienda de marca más como tantas otras que ahora abundan en la ciudad,  la cancha de tenis o de fútbol donde se jugaba con los amigos del barrio, el colegio lleno de nuevas generaciones que ignoran toda la historia detrás de sus paredes o el grabado con bisturí que existe en algún pupitre con nuestra firma personal.

A veces no son los lugares los que duelen o se extrañan sino los momentos y las personas con las que se compartió en ese mismo espacio, las mismas canciones son espacios en sí mismas donde una vez es ligada una canción o un artista a cierta persona a pesar de que esta no lo sepa, le pertenecerá para siempre, al menos en nuestra construcción de un mundo.

Visité mi cementerio de elefantes, aquel mismo lugar en el que enterré a Leah y no pude evitar pensar en las veces que me había cruzado a alguien conocido en la calle, las veces en las que había saludado de lejos al eventual personaje, y las otras ocasiones en las que me había detenido lo suficiente para entablar una conversación, y por supuesto,  las numerosas ocasiones en las que había preferido bajar la mirada y ver el extraño comportamiento de mis pies al andar.


Cuando preferí ponerme los audífonos, subir el cuello de mi abrigo, ponerme la capota de mi chaqueta e inclinar la cabeza antes que saludar a aquella persona, todo con el fin de evitar un incómodo momento en que ninguno habría tenido nada que decir y que probablemente ninguna de las dos personas hubiera querido tener, en la mayoría de ocasiones lograba ver a las personas antes de que estas se percataran de mi presencia, eso o son realmente buenos fingiendo su aparente distracción y ensoñamiento, pensé que por más atento que se pueda ser en la calle, muchas personas habrán hecho conmigo lo mismo y habrían logrado esquivarme antes de que me percatara.

Hoy volví a pasar por aquella calle que Leah se detuvo a mirar esa noche. fue en ese momento que comprendí que Leah sí había tomado una fotografía, mejor aún ¡había capturado un momento!, se trataba de una imagen mental que había guardado para sí misma, no de la forma que lo habría hecho una fotografía ordinaria sino de la forma más subjetiva y personal de todas, una imagen que no solo permite capturar algo como el frío, la fuerza con la que el viento agita las ramas de los árboles o la tonalidad con la que las luces iluminan la calle, esta fotografía en sí misma también encerraba pensamientos y sensaciones únicas que nunca conocería otra persona.

Ahora ni siquiera es de noche, es una simple tarde de junio en la que los trabajadores pasan junto a mí, distraídos se atraviesan y me impiden capturar con claridad, hace calor, la ciudad es ensordecedora y Leah ya no me acompaña, cierro los ojos y lo único que puedo ver es una hoja caer  frente a mí. También debí tomar una fotografía.


lunes, 29 de enero de 2018

Sweater color arcoíris


Me he extraviado Busco la forma de recobrar el tiempo desperdiciado, de hacer de forma correcta lo que debí hacer hace mucho, cuando debí ser más astuto, más ágil En mi desesperado intento comprendo que ya no puedo y me pierdo en una mezcla de adrenalina, recuerdos y de eventos que creo haber vivido o creo pude hacer mejor, corro entre la multitud persiguiendo una voz que escucho a lo lejos, me empino para poder ver más allá mientras las personas pasan al lado mío como figuras borrosas, todas grises y uniformes. 

Un rostro se vuelve nítido, como si un optómetra ajustara un foróptero para un miope al que le están diseñando sus anteojos,  es una luz cegadora y amarilla que poco a poco devuelve el resto de los colores al mundo. 

Es el rostro de Gamora  y está a tan solo unos milímetros del mío, me mira como quien intenta ver a través de una espesa niebla, como si en mis ojos pudiera leer lo que los suyos ya saben, sus pestañas son largas y su cabello largo y rojizo me hace recordar el de alguna modelo de los años 60, su melena cae sobre mí convirtiéndome en un caballo con anteojeras para que este únicamente puede ver al frente Sus labios se asoman tímidamente bajo el cuello de su sweater, un sweater de lana con franjas de  los colores del arcoíris,

Acerca su rostro al mío mientras con su mano desliza el cuello de su sweater dejando a la vista sus labios vinotinto y yo me pierdo en ellos y en sus ojos miel mientras me besa de forma fugaz porque sabe que está mal, somos el ratón que observa la trampa mientras olisquea una tajada de queso.

Cubre su rostro una vez más para luego destaparlo y besarme como se debe como si la gravedad del planeta dejara de existir y las manecillas del reloj se movieran en dirección contraria.

Sus labios saben a una fruta que no puedo recordar, si tuviera que adivinar diría que era coco pero no hay tiempo para eso, solo puedo sentir su respiración entrecortada y su piel en mis manos antes de que apoye su cabeza en mi pecho y finja dormir nuevamente, antes de que el mundo abra sus ojos y de que por la puerta que segundos antes no existía, entre aquel que hace vigilia mientras ella sueña conmigo, él la observa, detalla su cabello desordenado y la sonrisa en su rostro, una sonrisa sincera que solo ocasionan nuestros sueños mientras yo, - consciente de mi no existencia - me diluyo lentamente y comprendo que no se trata de mi sueño y que solo soy el sueño de alguien más. 

lunes, 14 de agosto de 2017

Ausencias

Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego estos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en un crepúsculo, Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko.

Tokio Blues - Haruki Murakami




 Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego estos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en un crepúsculo, Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko.  - Tokio Blues,  Haruki Murakami

Por Cristian Mora J

Piensa a menudo en la muerte, no como un deseo ni un temor, ni siquiera es un pensamiento cercano al suicidio o algo que se le parezca. La concibe como un concepto ligado al tiempo y al cambio,  las emociones se diluyen en pequeños cristales al pulir un diamante hasta convertirlo en polvo.
Recuerda una persona que solía ser  y ya no es o transita por un lugar que fue y ya no está, incluso si se trata de sí mismo no puede evitarlo: ha cambiado. Tiempo y distancia es una ecuación peligrosa, amanecer y ocaso: ese es su efecto en sí; nada puede apartar ese sofocante axioma.

Solo con el pasar de los días las ausencias pasan a ser un vacío, casi como cubrir un espacio en blanco con una tenue pintura en un lienzo de vivo color. La pincelada anestesia el dolor y lo convierte en una mezcla de anhelo y nostalgia que viene y va pero que siempre regresa para recordarnos que aún podemos sentir escozor en nuestras cicatrices.

El tiempo es un concepto abstracto, subjetivo, si se quiere maleable. Su velocidad incrementa con cada día o al menos esa es la percepción inherente a todo humano: el sentir que con el pasar de su vida los años pasaran más rápido se acrecienta y se impone como una falsa ilusión la misma que lo invade al pensar que algunos son recuerdos son simples inventos de su imaginación, a pesar de no serlo.

Se mira al espejo día a día sin ser realmente consciente de los cambios en su rostro, solo hasta ver una fotografía de años atrás se da cuenta del proceso de metamorfosis que sufre imperceptiblemente su cuerpo. El cabello color ceniza, la mano antes firme ahora temblorosa, los lapsus de memoria, el arrastrar de los pies, seguido de un bastón y al final lo que todos aguardan: la quietud total.
Es en esos momentos de claridad en los que lo asalta la duda, es en esos atardeceres en los que parece que el cielo ardiera y tiene la certeza que nada es suficiente, lucha por mantenerse a flote en esa agresiva corriente que busca sumirlo en la cotidianidad, se aferra con fuerza y lucha para mantener la cabeza lo suficiente para al menos intentar comprender cómo es que las nubes se tornan amarillas y rojizas.

El silencio es más fuerte, el viento sopla y parece como si Ian Curtis susurrara a su oído "Is it something so good, just cant function no more? when love, love will tear us apart again". 

El anciano se sube a un autobús, no es la primera vez que lo ven merodear por ahí, de su cuello cuelga una guitarra, igual de vieja que él. El hombre empieza a cantar, su voz es tan débil como su apariencia, la letra de la canción acompañada de unos lastimeros acordes es casi inaudible sin embargo logra entonar un par de estrofas, una canción de Jorge Villamil que desgarra lo que queda de la tarde de aquel día.

Amores que se fueron, amores peregrinos,amores que se fueron dejando en tu almanegros torbellinos
El anciano termina de cantar, agotado visiblemente, recolecta algunas monedas y se marcha. Decide caminar. 

Las tardes  se vuelven noches y los sueños acuden a él y surca las aguas oscuras de un lago mientras sigue de cerca una silueta como un anfibio enamorado, mientras vuela a través de un bosque buscando un nombre, y entre el sueño y la realidad recorre la ciudad aturdido mirando con más detalle los rostros de las personas en las calles, al girar las esquinas, con la esperanza de devolver el tiempo y regresar a aquellas dichas pasajeras que menciona la canción que entonó, esperando coincidir con un rostro que sabe, no estará.

El paso del tiempo no distingue y no sabe de corazones.  - Se dice para sí mismo -. La roca cede ante la constante gota de agua que cae sobre ella, el papel se deslié, la tinta se seca y el sonido, igual que una rama de un árbol al caer en bosque vacío no tiene el mayor efecto si no existe realmente alguien que la escuche.
Las secuelas son diferentes pero a la final solo coincidimos en los pequeños incendios que intentamos apagar  en nuestra mente, alejando esos pensamientos como quien espanta un par de moscas que sobrevuelan sobre la cabeza.  Tiempo, siempre el maldito tiempo.






martes, 4 de julio de 2017

Cometa



A un  Halley personal

2061. 

Expectante, el profesor miraba una y otra vez su viejo reloj de bolsillo, iba de un lado a otro de la habitación, casi como queriendo destruir las suelas de sus ya de por sí, desgastados zapatos.

El silencio de la noche únicamente era interrumpido por el rasgar de un lápiz en un pequeño cuaderno de apuntes: cálculos, periodo orbital, inclinación, teoría que en realidad se quedaba reducida a la fascinación de un hombre con la observación del firmamento. 

Sí, anotaba todo con un lápiz, a pesar de que la escritura análoga hubiera sido casi erradicada de la faz de la tierra, el viejo académico había crecido con el siglo, tal como decía esa canción de Piero hace tantos años atrás.

Todos dormían en aquella vieja ciudad, abandonados al sueño y la única luz que podría ver a lo lejos un turista inesperado sería la del observatorio donde el profesor aguardaba.

Su vigilia: patrocinada por los lápices, los cuales los conseguía en el mercado negro,  los cálculos y sus movimientos erráticos, en general, esto no representaba más que la obsesión de un hombre. 

El reloj marcaba entonces las 22:00 horas: había llegado el momento. Febril, pero decidido. agotado, pero alerta, avanzó con premura y subió lentamente los peldaños que lo conducían a su potente telescopio astronómico;  desde hacia algunos atrás, el profesor había aplazado su cita con la muerte con la única idea de ver este anochecer en particular,

Había decidido prolongar su existir con ese fútil propósito, un mero acto de voyerismo, posó su mirada sobre el cielo, contemplarlo era quizá uno de los pocos sucesos que podían disfrutar simultáneamente  dos personas incluso a kilómetros de distancia uno del otro.

Puntual, allí estaba, al principio pequeño, su imagen se hizo más grande con el paso de los segundos, un cometa brillante galopaba sobre el cielo, rodeado de estrellas que casi parecían rendirse a su paso, regresaba y con él los recuerdos.

Al viejo profesor lo invadió entonces una paz inusual, tal como esa primera vez 75 años atrás, como cuando vio por primera vez, no solo aquel mismo cometa, el satélite significaba nada comparado con  esa mirada que le robó el aliento, la primera vez que escuchó esa risa, esa voz que le susurraba al oído, aquella mujer sideral con la que contemplaba el amanecer y que lo había acompañado hasta el fin de sus días. 

Desde entonces, solo había decidido aguardar a que aquel coloso del espacio regresara, con la esperanza de, casi como un jinete, lograse domar a este satelite y poder dirigirse a aquel lugar desconocido donde su alma gemela aguardaba por él,

Mientras observaba hipnotizado dicho fenómeno, una última mirada le permitió vislumbrar una mezcla de hielos volátiles y polvo, los cuales atravesaron sus ojos a la distancia para seguir su rumbo, esta vez con un polizonte abordo que abandonaba la tierra en búsqueda de y de un nuevo viaje estelar. 

viernes, 28 de abril de 2017

Obturar

"Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar. Fue en ese oscuro lugar donde por primera vez tuve ocasión de poner mis ojos sobre un espécimen de la raza humana". - Natsume Soseki


Me aseguraré de que no mueras, no quiero que mueras, y lo único que puedo hacer es dedicarte estas líneas, te regalo la inmortalidad sin que aún lo sepas, Seguirás con vida mientras sigas siendo parte de mis escritos y revivirás mientras estas palabras sean leídas por alguien más.

Hoy me encuentro frente a un camino bifurcado, ese mismo cruce de caminos en el que alguna vez Robert Johnson hizo un trato con el diablo y vendió su alma a cambio de aprender a tocar la guitarra con destreza; hoy vendería mi alma para pasar la vida junto a ti, pero esta ya es un alma fragmentada, que ha dejado parte de ella por donde va, hoy dejo otro pedazo de mi alma en este escrito y al evocarte me aseguro de tomar la decisión correcta y mientras tomo por el camino contrario, por la senda del blues, me voy tarareando esa canción de Elvis Presley... and it's just breaking my heart , cause she's not you. 

Pasarán los años y no cambiarás, no importa que suceda en el devenir de los tiempos, porque te plasmo tal como te recuerdo, justo como en el momento en que tomé esa fotografía, atesoro este encuadre, joven, con vida, con aquel vestido azul, y las mariposas, y las mariquitas, incluso las luciérnagas que creí ver, la forma de tu cabello y esa sonrisa tuya que tanto me gusta, el obturador hace su trabajo mientras agrego a mi memoria este pedazo de existencia, porque tal como hablábamos: no dimensionamos la felicidad de los momentos hasta muchos años después.

Me alejo y ya pienso en las noches que te evocaré en medio de remolinos de alcohol, preguntándome si en realidad existió alguien así o si tan solo fue un invento de mi fugaz corazón. Desde las sombras, absorto en otro de esos vacíos existenciales intentaré recordar la sensación que me invadía cuando caminaba junto a ti y no podré evitar preguntarme en dónde estarás, Me alejo y pienso que está bien hacerlo pues sé bien que tampoco te gustan los finales felices

sábado, 29 de octubre de 2016

Escribo con tilde su apellido

'"Hank, eres un buen escritor, pero no sabes una mierda sobre las mujeres"


Conozco su caligrafía, es fina y delicada, escribe las a con un círculo perfecto, casi como si se tratara de una firma,  su redacción es sobria y seria, un contraste con su voz y  con su risa, la cual me recuerda una pequeña explosión de felicidad, una cascada de alegría que asciende por su garganta. Veo su reflejo a través del vidrio, ella voltea a mirar del otro lado de la habitación, ¿Me mira a mí o ve su propio reflejo en el vidrio? era difícil saberlo.

Forcé el camino a casa para que se cruzara en mi camino, ¿Cuáles eran las posibilidades? Sin embargo allí estaba, sentada entre la multitud, reconocí su cabellera a lo lejos, pasé rápidamente frente a ella, como quien cruza una cebra en la calle, contacto visual,, me siguió con la mirada, como usualmente lo hace, por mi parte yo vuelvo la mirada al frente y sigo mi camino.

En realidad se siente extraño caminar a su lado, yo solo pienso que decir a continuación, pero a la única conclusión que puedo llegar es que Noel es mejor que Liam Gallagher, cuestión de percepción.

¡Bang!


sábado, 22 de octubre de 2016

De Hell´s Kitchen, Marlon Brando y Cassettes de los 90


Put a flower in your pocket
If you seem them boy, you drop it
And you run, run 
They may pretend they like you But man's best friend will bite you
Just for fun, fun




Otra noche, un nuevo corto circuito, una nueva sobredosis surfeando en las guitarras de John Frusciante y Dan Auerbach, surcando las aguas de Pearl Jam, Stone Temple Pilots y Nirvana, como si quisiera vivir atrapado en los carretes de un cassette, deslizándome por sus cintas magnéticas como si se tratase de un tobogán, hace mucho comprendí que ya no soy capaz de dormir y transformo los segundos en acordes, recuerdo a Matt Murdock y su capacidad de detectar la veracidad o la mentira de las palabras por las variaciones en el ritmo cardíaco de las personas, qué útil me hubiera sido. 


Otra noche sin comprender la lógica de las cosas, o el funcionamiento o forma de racionalizar de las personas, Edward Blake solía decir que  "una vez que te das cuenta de que todo es una broma, ser el comediante es lo único que tiene sentido", en ese sentido hoy me siento como el más cómico y burlesco de los hombres. 

Es gracioso, repasaba esa misma frase en mi mente cuando se sentó junto a mí, en realidad no debería estar pensando en esa frase, no cuando tengo un libro entre mis manos y debería estar siguiendo la lectura, ahora no seré capaz de concentrarme, lo sé, pronto la conversación entre Marlon Brando y Truman Capote se funde en no sé que clase de abismo, no tardo mucho en darme  cuenta que he leído la misma línea al menos unas veinte veces,  su voz interrumpe mi incoherente soliloquio ¿Es a mí a quien habla? ¡Sí, es a mí!, ya soy lo suficientemente mayor para conocer el juego, todo pasa a ser rápidamente otro soñar despierto por archivar, mirar el reloj, atravesar el pasillo, caminar con sigilo hasta mirar a sus ojos y ver una vez más la puerta de ese ascensor abriéndose tal como la última vez. un simple consejo,,, no hagan caso a los buenos presentimientos...muy a menudo resultan ser falsos.



martes, 16 de agosto de 2016

Fugaces y efímeras

Se abrieron las puertas del ascensor y en esa milésima de segundo se vino a su mente esa escena final de The Departed en la que de un inesperado disparo en la cabeza, Leonardo DiCaprio muere abatido, fugaces y efímeras, así debían llegar las cosas , era inevitable, cada que subía a un elevador esa escena venía a él, no como un mal augurio ni nada por el estilo, tan solo un simple reflejo de la retina cinéfila.

Se abrieron las puertas del ascensor, como de costumbre, acompañadas de aquel recurrente recuerdo, sin embargo esta vez fue diferente, sin saberlo recibió un certero impacto en su pecho, un proyectil que lo atravesó de lado a lado, fugaz, efímera, tan inesperada como el tiro que asesina a DiCaprio: una mujer y su fulminante sonrisa.

martes, 3 de noviembre de 2015

Obstinación

No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos - Herman Hesse  


Jugaba al personaje misterioso. y en cierto modo era emocionante, deslizarme en medio de los primeros rayos de sol  y crear una especie de incógnita, como el terrorista que ve en su destrucción una obra de arte  y en el caos una particular firma, y muy a pesar de que era emocionante, llegó a ser decepcionante después de un tiempo y así, de la nada, perdí el interés en esa labor al mejor estilo de Ethan Hunt, no es divertido si el detective no recibe más pistas. 

Así que cambié de parecer con el paso de los días sin darme cuenta, me volví más amable, más abierto y receptivo y de pronto me encontré orbitando a su alrededor nuevamente, justo  cuando logro dominar mis fantasiosos pensamientos, me doy cuenta de que no son fantasiosos y que únicamente preciso determinación, comprendo que no está mal ser expresivo, y que está bien abrirme de vez en cuando a las personas correctas, finalmente me siento bien siendo yo mismo, y no temo a serlo, después de todo no soy cualquier idiota, seré un idiota pero no cualquiera. 

Cautela, me digo mientras mi mente viaja a velocidades incalculables tratando de corregir errores del pasado, tratando de resolver la ecuación, las luces de la ciudad iluminan el camino y despierto en medio de la madrugada, balbuceando un par de palabras sin sentido pero con un único nombre que cobra sentido en medio de la oscuridad, y la idea se implanta una vez más en mi corazón mientras me convenzo de lo testarudo que puedo ser, cegado por la luz de un faro en medio de la oscuridad que puede salvar o terminar de encallar esta embarcación sin rumbo.  

La obstinación es el tinte medio entre la terquedad y el orgullo, te aferras a una idea, firmemente sin llegar a comprometer la soberbia,  odio cambiar de posición,  no soy de extremos tampoco, prefiero esforzarme más a tener que pedir ayuda, no porque no reconozca que necesito ayuda,, sino porque sé que los demás tienen sus propios problemas y que si logro superar por mí mismo una situación será capaz de hacer más y mejores cosas.

Algo similar sucede en esta ocasión, creo que puedo ser alguien mejor, quiero engullirme el mundo, sacudo la cabeza mientras escucho U2, el nombre del álbum parece el indicado para mi estado de ánimo All that you can't leave behind, vaya ironía, el mismo pez atrapado en la misma red de pescar.




martes, 6 de octubre de 2015

Estados alterados


Voy en un taxi de regreso a casa, embebido de titulares y sonidos de imprentas, con las yemas de mis dedos llenas de tinta negra y con aquel característico olor de primera plana, el conductor maniobra con habilidad tras el volante y adelanta a los autos a su alrededor, la radio va encendida, el chofer mueve el dial y una sintonía se abre paso, emiten un programa sobre ovnis y extraterrestres,  Orson Welles hablando desde la  CBC, el caos no tarda en apoderarse de las calles. 



No puedo evitar sentir un escalofrío, 'los grises' esto, las abducciones aquello, los cigarros voladores tal cosa, debo caminar unas cuantas calles antes de llegar a mi hogar,  aprieto el paso mientras camino aún con la idea de que en cualquier momento seré raptado por una nave.  1938, 1946, da igual el año que sea, el universo seguirá siendo un misterioso y profundo océano invertido. observando atentamente y esperando a ser surcado. mi pensamiento se ve interrumpido por una cegadora luz.

Hoy me encuentro mirando por la ventana de un café, quizá sea París, sujeto un libro en mis manos mientras de fondo, Glenn Miller y su orquesta ambientan el lugar, nada como la soledad de un lector sumergido en su libro mientras el olor a café inunda la estancia. 

Las leyendas cuentan que Glenn Miller fue apuñalado por una prostituta en un burdel de la ciudad luz, justo antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, muy acorde al lugar y a la época en la que me encuentro, las personas van y vienen en la calle, las veo pasar a través del cristal, nadie sabe que me refugio en aquel lugar, después de todo, nadie parece notar mi presencia ni mi ausencia. 

El olor a café se diluye entre una mezcla de clorofila, hierro y sudor, permanezco agachado, cubierto de espesa vegetación, puedo sentir la tierra y la sangre cubrir mi rostro, el casco de medio lado cubre mi cabeza ante cualquier inesperado impacto de bala, los lentes cubiertos de polvo, el rifle en mis manos y 'Charlie' rodeando a mi unidad. 


Come on baby, light my fire. Try to set the night on fire. 

Ahora estoy tirado en el suelo, recostado junto a su figura, mientra veo el techo girar y  las paredes ser rayadas por crayones dirigidos por invisibles y gigantescas manos, la guitarra de 'Purple Haze' me estremece mientras el humo asciende invadiendo toda la habitación, mi futuro parece brillante, pero con su aparición, parece desvanecerse.

Apoya su cabeza sobre mi pecho y sujeta mi mano, veo su silueta deslizarse hasta que sus labios encuentran los míos, su tacto es otra descarga de colores y sensaciones mientras escucho a lo lejos a Hendrix exclamar "Excuse me, while I kiss the sky".

Es una caja  de sorpresas.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Alegre infortunio



Justo cuando logra poner todas las piezas en orden, cuando el castillo de naipes está erguido  en su totalidad. aparece y con una simple mirada vuelve a desmoronar sus intentos fallidos de olvidar, como aquel que en un día lluvioso pide que no le caiga un rayo, supongo que así es ella : tempestuosa, inesperada y mortal. su voz lo saca de un estado de ensimismamiento, quién lo diría, quién se imaginaría que alguna vez pronunciaría su nombre, su voz no le es familiar, pero en cuanto reconoce su rostro entre la multitud, siente las cartas venirse abajo.

Ahí estás con su aire de Mary Jane Watson,  una vez más para atormentar su alma sucia y descuidada.

De todos los días, de todas las horas, de todos los lugares, de todas la personas,es ella la que permanece allí, "Maldita sea" replica antes de aproximarse , camina en su dirección, ella espera a que se acerque lo suficiente para lanzarse alrededor de su cuello, ahogando en su abrazo la última chispa de determinación que aún le queda, un abrazo constrictor que lo aniquila mientras él regresa a la realidad y vuelve a ser el mismo tipo desconfiado y vacío de solitario espíritu.

Porque en realidad, ni él ni ella se mueven de sus lugares, y sus ojos se encuentran solo un par de segundos, es un momento de los dos, sus miradas se cruzan mientras los transeúntes siguen su camino y el metro anuncia su tardía llegada, nadie sabe que se conocen, en la intimidad de sus pupilas solo ellos dos saben lo que han compartido y así  debe permanecer, es lo que se llamaría un alegre infortunio.

Él se queda impasible mientras ve cómo ella desaparece entre la multitud y su melena obsidiana se mueve de un lado a otro.

Le dijo no quiero 
No más  
y desapareció
Nunca lo entendió
No hubo un día que la dejase de querer.

She Said She Said





sábado, 18 de julio de 2015

Goodnight Julia


I'm not the one you want, babe,
I'm not the one you need.





Había algo que había tratado de comprender durante toda la tarde,. una pieza que no encajaba, una respuesta que buscaba abrirse un espacio en su mente, taladrando su corazón mientras a su alrededor nadie parecía darse cuenta que mientras más buscaba una resolución, más podía sentir en su interior volverse añicos sus certezas, solo hasta que el silencio fue total y el fuego en su mirada se apagó la respuesta surgió, asestándole una bofetada, la que lo devolvió a la realidad, la que caía a pedazos, o mejor la que llovía sobre él, de pronto, en medio de esa fría noche, cubierto por la torrencial lluvia, iluminado por las mortecinas luces de los semáforos, arropado por un firmamento nublado,  solo en medio de aquella calle, con el agua corriendo por las canales desbordando las alcantarillas, lo comprendió todo.

Echó a correr, era mejor no mirar hacia atrás, las lagrimas se fundieron con las gotas de lluvia y no se detuvo hasta no terminar de comprender y asimilar esa idea en su cabeza, la certeza de dejar ir las cosas, de dejar morir los sentimientos y de, una vez más dejar morir su alma. 

viernes, 24 de abril de 2015

Vísceras y no cabeza

Despertó con un deseo incontrolable de hablar con ella, de saber cómo estaba, de decirle que todo estaba bien, que no quería alejarla más de su vida, que a pesar de que las cosas estuvieran una mierda entre ellos, siempre le gustaría escuchar su voz, siempre habría tiempo, despertó deseando saber que no era muy tarde aún para solventar las cosas.

Despertó con ganas de decirle que extrañaba su compañía, su aroma, su tono de voz al hablarle, sus expresiones, era como si el destino lo hubiera obligado a despertar en la madrugada, dispuesto a buscarla, era un sujeto supersticioso que se dejaba llevar por el contenido de sus sueños, por el rápido latirar de su corazón al despertar confuso en medio de las sombras de la noche, como si un augurio le anunciara que debía hablar con ella antes de que algo malo pudiera suceder, es lo que pasa cuando piensas con las visceras y no con la cabeza, porque seguramente cuando cuando despertara con claridad, recordaría que a pesar de que todo lo que sentía era cierto y que en realidad la extrañaba, no le gustaba exponer sus debilidades de tal forma, a fin de cuentas, era demasiado noble para eso, para pretender que una persona no existía en el mundo, e ignorar que alguna vez había hecho parte de la construcción de su mundo,  decía ser una persona que no gustaba de sentir pero que en realidad no podía evitar ciertos detalles que lo convertían en el más idiota de los idiotas.

domingo, 8 de marzo de 2015

8:02


Se recostó contra una de las vigas del edificio, distraido, la lata de gaseosa a medio acabar permanece a su lado, una gota de agua resbala de la lata, pensó en lo dulce que sería besar unos labios con sabor a Coca Cola, vaya pensamiento tan bizarro, en algún lugar no muy lejano sonaba Stairway to Heaven, quizá era en su mente, quizá no sonaba ninguna canción pero era la que desearía escuchar, quizá era alguien afuera quien reproducía la música, había preferido bajar por las escaleras, pues tres sujetos con máscaras bloqueaban el acceso al ascensor, de hecho no lo bloqueaban, pero solo un idiota hubiera ingresado a ese ascensor, en si fue una situción graciosa.

Solía inventar excusas para alejarse de la gente que se preocupaba por él, solo para caminar inmerso en sus difusos e insondables pensamientos, en momentos así, no soportaba estar acompañado, ráfagas de ideas dolidas y egoistas lo atravezaban,

Observó el sol caer mientras una tras otra las personas salían del lugar, en realidad, no tenía ni idea de porque permanecía ahí, era evidente que no tenía ganas de llegar a casa, y a pesar de eso, no tenía nada que esperar, no había una dirección. ¿Dónde se encuentra el norte? Una sed de aautoconocimiento lo embarga, 5:55, patea una piedra que hay en el suelo. 

Los CDs fueron diseñados para recibir 72 minutos de música, debido a que esa es la duración de la novena Sinfonía de Beethoven, pues bien, 8:02 minutos fue la cantidad de tiempo que le tomó comprender una idea, sentir un cúmulo de tristeza en su interior, inventar una excusa, salir a la calle, perderse entre la multitud, asegurarse de que no lo siguieran, comprar una bebida, caminar sin rumbo, sentarse en la acera, beber, ver a una persona conocida, agachar la cabeza y no ser reconocido, levantarse y caminar en dirección contraria, mirar la vitrina de una libreria, revisar sus bolsillos en busca de dinero, desistir y regresar a su punto de partida, hizo todas esas cosas y ni siquiera durante un segundo dejó de pensar en la misma mujer.

8:02 minutos con el mismo pensamiento en su cabeza. 8:02!

8:02 minutos es la duración de Stairway to Heaven.

martes, 20 de enero de 2015

Una idea

- ¿Cuál es el parásito más resistente? ¿Una bacteria? ¿Un virus? ¿Una tenia intestinal?
- Una idea. Resistente. Altamente contagiosa. Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla. Una idea completamente formada y entendida, que se aferra...

Cargo con mis pensamientos como una sombra a mis espaldas, una sombra que pesa tanto como la cantidad de ideas que han desbordado de mi cabeza a lo largo de mi vida, tal como el lado oscuro de la luna que jamás consigue ver la luz, y en ocasiones, por fortuna, nunca llega a ser vista por otros, de igual forma mis ideas permanecen replegadas en el interior de mi mente, lo peor es que a pesar de que sacuda mi cabeza, no consigo apartarla de esta, como el suicida que busca la situación acorde para acabar con su existencia, el depredador aguardando a saltar sobre su presa o la persona que ha perseguido un sueño toda su vida, esta idea me persigue a donde voy,

Par de cachetadas y un golpe de agua helada en el rostro, formula eficaz para devolver a un soñador a la realidad, un amanecer, un nuevo día, como cuando escuchas el trinar de las aves y el tibio sol que surge en las primeras horas de la mañana posa sus rayos sobre la piel mientras los girasoles giran en dirección a la luz, no sé la verdad, no conozco el origen de tal pensamiento, pero simplemente es una idea cálida, simplemente se siente así, es una sensación de tranquilidad, quizá como un solo de Eric Clapton, como dejarse llevar por la corriente de un afluente, claro, no deja de ser una idea inquietante, pero también me tranquiliza que he llegado a un punto de estabilidad en el que puedo asegurar, esa idea me transporta a un lugar mejor, no tengo que hacer nada, simplemente pensar y sonreír.





viernes, 5 de diciembre de 2014

Hipocondría


She's a certified mind blower
Knowing full well that I don't


No sé por donde empezar, ni siquiera se que pensar, es realmente confuso, es gracioso porque escucho una canción y la relaciono a esa persona, es como el momento en que Adam Levine decidió componer el Songs About Jane, algo así debe sentirse.

Siempre me ha gustado, no, la palabra no es gustar, la palabra es atraer, siempre me ha atraído,  gustar es quizá algo superior, cuando en realidad sé y soy consciente de que no siento gran cosa, es un pensamiento cruel pero es la verdad. Se que no es mi tipo de chica y no es como si con cualquier persona me sintiera bien, es simplemente algo físico, no sé que es, quizá es algo dulce, pero sensual, pero a la vez cuando estoy con ella solo deseo irme, eso o poner una cinta en su boca quizá porque nunca podríamos hablar de las mismas cosas o porque tenemos diferentes perspectivas de la vida, creo que sería una relación falta de oxígeno e hipocondríaca, no puedo vivir atado a una persona así, y sin embargo logra cautivar mi atención, al final una de las dos personas terminaría sucumbiendo, o yo terminaría siendo más como ella o viceversa,  no soy una persona conformista pero hay gente que tiene una queja acerca de todo y esta parece ser una de ellas, a pesar de eso, han sido varias las veces que me he escabullido de mis amigos para ir en su búsqueda y los detalles en nuestros encuentros son quizás los que me inquietan, pero me repito, no me gusta, me atrae.

En unas horas podría estar bebiendo a su lado un costoso cóctel, cóctel  que me costaría mi modus vivendi de al menos una semana, estaríamos probablemente en la oscuridad  de algún bar, rodeados de gente extraña para mí, y de otros hombres ansiosos por hablar con ella, en algún punto ella se iría y yo quedaría solo con aquel vaso de licor, bebería, no por el hecho de que me guste el contenido del vaso, sino por mantener la apariencia del tipo interesante que admira el lugar mientras bebe imperturbable, hasta que su figura apareciera de entre la gente y mi sobriedad se hubiera ido con ella,  es un escenario ficticio pero que sin embargo ese no es mi estilo de vida y ya lo he descubierto, a veces preferiría haber conocido a alguien hace mucho tiempo atrás cuando podías garantizar una relación sin que existieran otras cosas de por medio como el mismo licor, un pase de conducción o un empleo y no lo cuestiono, una mujer busca seguridad, solo digo que muchas veces esas cosas se tienen en cuenta, es cuando prefiero quedarme en la noche viendo alguna película de los años 50, dibujar o perder mi tiempo en algún juego, es entonces cuando pienso que la humanidad tiene costumbres extrañas, ya sea al salir a un ostentoso lugar para beber exóticas bebidas o quedarse en casa frente a una pantalla viviendo a través de un personaje que lleva una vida más interesante que la tuya. Que idiota soy.