La memoria - al igual que la visión - es selectiva, vemos lo que queremos ver, se detalla lo que consideramos más llamativo o importante volviendo unos recuerdos más nítidos que otros dejando otros en segundo plano, incluso sin color.
Lo trascendental, desde un punto de vista subjetivo adquiere brillo y color mientras se pasan por alto pequeños detalles: miradas, silencios, palabras, y solo hasta que se empiezan a atar cabos y a conectar escenas, a encontrar variables repetidas, - solo hasta entonces se ve todo el paisaje.
Hace poco un profesor habló de ello en clase, de cómo las pistas siempre están ahí pero el cerebro elige fijarse en otros detalles, M Night Shyamalan nos ofrece pistas del trágico final de Bruce Willis en Sexto Sentido, pero todos estamos demasiado ocupados haciendo conjeturas alrededor de las cosas. A veces, el escenario más inverosímil, la situación que menos parece encajar es la correcta.
Es por eso que me gusta rebobinar en mi memoria y encontrar esas pequeñas pistas que terminan por volver a un paranoico con sospechas en un obsesivo que señales en todas partes, ambos con el juicio nublado, pero a la final ¿Cuál de los dos tiene la razón? ¿El primero o el segundo?