Atascado en la calle, voy a escribir una de esas historias, sobre una de esas mujeres que llegan en sueños y que luego se desvanecen mientras a la memoria llega ese balde de agua fría que nos recuerda quiénes somos. Lo he decidido, es una convicción, la sensación no es nueva, pero sin embargo me resulta tan lejana que es como si la redescubriera, es esa sed de nuevo, un pensamiento que acecha mi mente, que me impide retroceder,
Como el jugador que sigue un presentimiento, si se trata de jugadores, Dostoievski describe la sensación de apostarle a todo incluso si no existe una certeza.
"Sí, a veces la idea más delirante, la que parece más imposible, se le clava a uno en la cabeza con tal fuerza que acaba por juzgarla realizable... Más aún, si esa idea va unida a un deseo fuerte y apasionado acaba uno por considerarla a veces como algo fatal, necesario, predestinado, como algo que es imposible que no sea, que no ocurra. Quizá haya en ello más: una cierta combinación de presentimientos, un cierto esfuerzo inhabitual de la voluntad, un autoenvenenamiento de la propia fantasía, o quizá otra cosa... no sé".
La otra cosa, hace referencia a un terco pensamiento irracional que se alimenta de su propia insensatez y todo lo juzga posible. Huesos, tejidos, delicadas venas, músculos y fina piel, ya mi mente comienza a dibujarla, no es muy alta, en realidad es una chica normal, usa anteojos pero creo que prefiere quitárselos cuando le toman una fotografía, sus ojos son castaños pero con una especie de esfera extraña que rodea su pupila, sus labios son de un rojo intenso, no de color sino a la hora de besar y sus mejillas permanecen rosadas ante su piel que aunque toca la luz del sol, permanece blanca como la nieve.
Siento que la conozco desde siempre y sin embargo resulta todo un enigma, un atardecer de esos que me gustan ver en los que las nubes de su pelo parecen pequeños incendios. Al final de este párrafo, al finalizar el boceto, este esbozo cargado de ficción, cuando el lápiz deja de rayar sobre el papel, sé que no es un producto de mi imaginación y que lo único imperfecto de su invención, es precisamente lo real que puede llegar a ser, es la persona con la que quiero ver películas un domingo y compartirle mi música y mis palabras.

