lunes, 19 de noviembre de 2018

Consume tu tiempo y adáptate



En la pantalla las personas hablan y para mí no tiene coherencia lo que dicen, no presto atención, solo finjo que lo hago mientras mi mirada sigue clavada en el televisor, me invade una especie de vértigo el mismo que siento cuando me dictan una serie de números y no soy capaz de memorizarlos o cuando debo responder a mi interlocutor con una frase que siento carece de sentido.

Miro a mi alrededor y agradezco que nadie pueda leer mis pensamientos, han pasado los años y sigo sin entender las conductas sociales de quienes me rodean, quizá no se trata de ellos sino de mí y mi poco interés sobre las cosas que a los demás les resultan esenciales. 

¿Qué hago aquí? Llevo más de una hora viendo a la pantalla, siguiendo con mi retina los movimientos de las pequeñas personas que se mueven en el televisor y yo sigo sin entender porque todos continúan observando la pantalla con tanta atención, ojalá pudiera dormir con los ojos abiertos, pero allí en aquella solo solo puedo soñar, intento concentrarme pero tampoco los sueños acuden  mí, podría estar en otro lugar ahora, quizá no haciendo nada pero el tiempo será mío y no de alguien más.

Repito su nombre y suena lejano, como una palabra que perdió el sentido hace mucho, hasta pareciera que nunca se llamó así y que ese no fue su rostro ni  que su cuerpo corresponde a esa anatomía,  como en un trabajo, todos somos prescindibles.

Otra vez este estupor, siento unos ojos clavarse en mi espalda y finjo que sigo viendo la película, ¡vaya basura! cada fundido a negro es una falsa alarma de que ya acabó la tortura pero una vez más los pequeños hombrecitos vuelven a aparecer en la pantalla, de nuevo me siento agradecido que mis pensamientos permanezcan en el anonimato de mi mente. Debo encontrar la forma de hacer que el tiempo pase más rápido, desvío mi mirada ¡Qué poco me importa esto!

Y ahí vienen, los aplausos, la apreciación de cada espectador, las palabras de agradecimiento, las alabanzas que funcionan como una especie de contrato y que son las que el auditorio debe entregar para que se acabe este tedioso espectáculo, yo miro con disimulo mi reloj, para alguien a quien no parece importarle mucho las cosas, me siento frustrado al ver perdido un par de horas, es el precio a pagar por un poco de aprobación social, una aprobación que no me interesa tener, debí quedarme en casa hoy. 


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