“Así pasa. Rompes con una bella chica y todo lo que te queda es un piano, una guitarra y un par de pantimedias. Eso es el adiós” Keith Richards
Las malas noticias siempre las he recibido bajo una especie de anestesia, como si la información la inyectaran lentamente en mis venas y solo hasta que comenzara a circular en mi sangre pudiera comprender su magnitud.
Es la parálisis antes de salir corriendo, antes de comprender qué consecuencias inmediatas tendrán en mi vida tales sucesos y pedir que me regresen el deseo de sentir, de experimentar frustración, rabia, decepción, tristeza.
Sucedió hace años, una tarde cualquiera de esas que suena el teléfono y saluda un amigo del otro lado de la línea, uno de esos amigos con los que no se habla a menudo pero sabes que incluso si pasan los años su amistad seguirá ahí. Un saludo breve seguido de una mala noticia, la muerte de nuestro viejo amigo en común, con el que íbamos a cine, con el que jugábamos en el parque, aún puedo sentir el sudor de nuestras manos en los joysticks al rotárnoslos.
Muerto, incrédulo pienso que es alguna clase de broma, ya hemos hecho bromas en el pasado. Mi amigo no miente y de repente el mundo se vuelve un lugar más pesado.
Me tambaleo, pero me niego a derrumbarme, agradezco por la llamada y cuelgo, golpeo las paredes de la habitación con mis puños, mis débiles puños de mortal. Caer de rodillas podría considerarse un sinónimo de derrota y no pienso hacerlo, mantener la calma parece tan sencillo, una incisión en mi corteza cerebral a la que reacciono indiferente.
Nadie lo entendería, ni le importaría, ni recordaría cómo sucedió, el picahielo se adentra en mi cabeza y me despoja por un tiempo de preocupaciones, sigo de pie y puedo sentir algo revolverse en mi estomago, digiero todo y usualmente me quedo inmóvil con la mirada fija en una pared, o al suelo, cualquier cosa que impida que demuestre mis emociones.
¿Cuántas veces son suficientes? Se ponen los músicos limitaciones para seguir haciendo canciones para sus mismas inspriaciones o significa un cerco en su creatividad? He estado ahí una vez, dos veces, La Linda Keith de 'Ruby Tuesday' y de 'Red House' mi amigo me dice que no le pare bolas, pero son mis herramientas, la guitarra del músico, el pincel del artista y la pluma del escritor, es Poli, no Polly la de Nirvana, Poli la de Zoé, la de las canciones de Peter Green.
Los amores con la escritura son peligrosos.
