"¡Ah miserable can! (...) Así tú, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público, a quien nunca se ha de ofrecer perfumes delicados que le exasperen, sino basura cuidadosamente elegida".- Charles Baudelaire.
Navega calle abajo el barco de papel que ha hecho algún niño, surca con valor la corriente que bordea el andén y sigue a flote a pesar de la fuerza con la que el agua lo golpea; parece que naufragará antes de llegar a alguna alcantarilla donde terminará de sucumbir entre suciedad y escombros.
Breves incursiones en la lluvia, persigo sin propósito a los autos que cruzan la avenida en medio de ladridos y gruñidos; tras avanzar algunos metros me detengo y repito el proceso al sentir mis pupilas dilatarse frente a las luces de un nuevo auto que se aproxima.
Este es solo un capricho más de osadía pues en realidad el agua ya ha borrado el rastro que podría llevarme de regreso a casa, me pierdo en medio de la noche y los autos como una forma de recordarme que existen cosas que pueden generar más miedo y al tiempo para recordarme lo cobarde que he sido en otras ocasiones que no lo ameritaban.
El silencio se apodera de la ciudad y el menor de los ruidos es motivo de asombro, "Toto, siento que ya no estamos en Kansas", me diría Dorothy, el problema es que mi nombre no es Toto ni el de ella es Dorothy, ni vivimos en Kansas. Este no es el camino de ladrillos amarillos.
Mis pezuñas resuenan contra el asfalto, las sombras que generan los postes de luz reflejan mis cuatro patas que avanzan con fuerza, soy libre de vagar una vez más, atravieso túneles, subo puentes y cruzo calles desiertas. A la noche no hay que temerle, hay que abrazarla y asumirla.
Son más fuertes los sonidos en la noche, el corazón que palpita como un yunque cayendo con fuerza, el rumor del agua que corre en las alcantarillas y la cadena de los ciclistas que se aventuran a pedalear en la oscuridad.
Las horas muertas en las que se conduce en sentido contrario y se cruzan los semáforos en rojo, en las que se deja a cualquier animal estampado contra el pavimento y al verlo agónico y herido prefieren huir con su cargo en su conciencia, Los humanos me resultan patéticos
Las horas muertas en las que se conduce en sentido contrario y se cruzan los semáforos en rojo, en las que se deja a cualquier animal estampado contra el pavimento y al verlo agónico y herido prefieren huir con su cargo en su conciencia, Los humanos me resultan patéticos
Pues es en la oscuridad donde el hombre pierde su poder, sus ojos diseñados para ver únicamente de día se vuelven paranóicos y las ratas se toman las aceras corriendo con libertad, deslizándose con velocidad hasta que sus colas se pierden entre las grietas del pavimento.
Un gato se cruza en mi camino, es un gato blanco que contrasta con lo oscuro de la noche, lo he visto antes, se queda quieto mirándome, me detengo a pocos pasos de él, me mira, atento a mis movimientos. No puedo evitar jadear, tensa sus músculos antes de salir a correr, hoy no vale la pena perseguirlo.
Algunos nacen gatos, otros ratones o palomas, yo no elegí nacer perro, a lo lejos otro can llora, implora por compañía ladrando y aullando a los cristales de una ventana. En la noche son pocas las almas que vagan por las calles, los fantasmas surgen de entre las carrileras ante los ojos anonadados de los conductores.
Un gato se cruza en mi camino, es un gato blanco que contrasta con lo oscuro de la noche, lo he visto antes, se queda quieto mirándome, me detengo a pocos pasos de él, me mira, atento a mis movimientos. No puedo evitar jadear, tensa sus músculos antes de salir a correr, hoy no vale la pena perseguirlo.
Algunos nacen gatos, otros ratones o palomas, yo no elegí nacer perro, a lo lejos otro can llora, implora por compañía ladrando y aullando a los cristales de una ventana. En la noche son pocas las almas que vagan por las calles, los fantasmas surgen de entre las carrileras ante los ojos anonadados de los conductores.
Anhelos de días pasados, días verdes con olor a tierra fresca, le sigo el paso mientras gorriones silban melodías singulares ¿A dónde han ido?, ahora solo se atreven a salir con la lluvia, cuando no hay moros en la costa. Gorriones y cucarrones hacían mis días, solía escucharlos en la mañana, cuando salíamos a caminar mientras veía al aire helado salir de mi húmeda nariz.
Los cucarrones sobrevuelan alrededor de su cabeza como si una flota de aviones rodeara a King Kong, vuelan en picado para aventurarse entre las nubes de su cabello mientras en el suelo, otros luchan fatigados bocarriba por volver a caminar en su posición original.
Corremos a través de la llanura uno al lado del otro, mis orejas se mecen al mismo ritmo que el viento eleva sus trenzas a medida que avanzamos, mi lengua al aire y mis ojos fijos en su pequeña figura sonriente y llena de inocencia.
Adelante de nosotros se divisan una serie de estructuras irreales y oníricas, arquitectura antigua hecha en piedra exploramos cuevas a tientas mientras estalactitas cubren nuestras cabezas y paredes de colores azul y rosa pastel nos conducen a través de pasadizos y peldaños que derivan en recamaras de tronos y pintura rupestre.
Entre las sombras escucho su voz apagarse mientras desaparece su silueta reflejada por las luces que se asoman a través de pequeñas gritas olfateo y corro con fuerza, ladro su nombre, para despertar confuso en la esquina de alguna calle sin nombre.
Este recuerdo sucedió, quizá en otro lugar, en otra época y a lo mejor en otra vida, sigo corriendo pero esta vez tras la vieja camioneta familiar que se aleja a toda velocidad dejando tras de sí una estela de humo y lodo sacudido por el motor y la tracción de las llantas.
Confuso, sigo el vehículo y paso tras paso resuenan mis patas entre charco y charco, el pelo mojado entorpece mi persecución,, en medio de aquella noche solo logro divisar su cabellera rubia en la parte posterior de la camioneta haciéndose cada vez más pequeña antes que esta se aleje. El esfuerzo es en vano y pronto me encuentro solo y atemorizado, la cola y el alma abajo. Esto ya no es Kansas ni este es el camino de ladrillos amarillos, ¿A dónde vas Dorothy? ¿Es ese tu verdadero nombre?
La primera de mis breves incursiones en la lluvia.
