martes, 17 de julio de 2018

El dolor como alternativa



Sin hilos yo me sé mover yo puedo andar y hasta correr.
 Los tenía y los perdí soy libre y soy feliz.  
Nadie me maneja a mi. 
Viva la libertad, esto se llama vivir.
Por: Cristian Mora J
He estado pensando en el dolor. En el dolor como evidencia de lucha, como mezcla del placer de sentir, el apreciar la realidad y de aprender a valorar el estado de la nada, de no bloquear el sentir y responder ante un estímulo o herida llámese golpe, quemadura, cortada o presión.

Dolor, conciencia y libertad vienen de la mano, al ver nuestro reflejo extenuado en esa punzada que como un par de ojos negros profundo e infinitos nos atraviesan mientras sostienen la mirada y de pronto como si se tratase de una especie de filo nos atravesaran como quien penetra un charco de aguas turbias y espesas, sumergiéndose  tan hondo que incluso logra tocar los cimientos del alma.

Las noches se viven con dolor o con placer, según la perspectiva de cada quien, y cuando son del segundo tipo, por lo general son largas; en especial cuando se convive con la nefasta compañía de sí mismo. Son ocasiones en las que el dolor es intenso y se debe convivir con él y dejarlo ser. No hablo únicamente desde lo físico, a veces el dolor no está en una parte específica del cuerpo, sino en nuestra mente, y ese,  - amigos - es mucho más difícil de aliviar.

La esperanza de aquellos que cohabitan con el sufrimiento es el ver la luz de día una vez más para aminorar la tortura. No es como si esta se evaporara con el primer rayo de sol o como si con el amanecer el individuo volviera a sentirse sano, simplemente el día abre las puertas a la distracción, a la rutina y a dejar de lado por un momento el sentir para enfocarse en el que implica vivir la vida, mientras tanto y mientras giran las manecillas  pueden sentir cómo -  palpitante  - el dolor se apodera de su cabeza, recorriendo cada nervio y reduciendo su atención y enfocándola en aquel lugar donde duele la existencia.

¿Cuánta concentración se requiere para ignorar el dolor? ¿Equivale el dolor físico al dolor mental y acaso ambos son de igual forma superables?  Cuesta convencerse que todo aquel dolor debe ser canalizado, potenciado y enfocado en algo externo: la música, la escritura, el dibujo, la bebida, la meditación, la poesía, algo debe servir para evitar sumirse en aquel caos, pero a veces la respuesta más simple es aceptarlo, el resto viene por añadidura.

Me preguntaron alguna vez si tuviera que escoger vivir sin un sentido cuál escogería y respondí sin pensarlo que podría prescindir del tacto, no es una opinión popular, muchos prefieren privarse del olfato y el gusto antes que perder la capacidad de sentir.

Reconsiderando mi opinión, volví a otorgarle el valor que merece el tacto, la mayoría hacen esta elección basándose en sus experiencias placenteras a través de este sentido: la calidez de la piel sobre la piel, pisar hojas secas, el lado frío de la almohada, sentir la arena tibia bajo los pies o el escurrir del agua al tomar un baño.

Sin embargo creo que la verdadera razón que me hizo elegirlo como un sentido indispensable fue la de la necesidad de sentir dolor, hay morbo en el mismo sufrimiento, una especie de curiosidad que únicamente se sacia al conocer de primera mano una experiencia cercana al dolor punzante y verdadero.

Fue entonces cuando vino a mi mente la escena del 'Club de la Pelea' en la que Brad Pitt sujeta por la fuerza a Edward Norton y rocía sobre su mano con una especie de químico que quema la piel y lo obliga a experimentar el dolor, no a bloquearlo, sino a vivirlo, a sentirlo realmente, para sabernos finitos, una metáfora que revaluá la vida y nos recuerda que no existen atajos que si queremos algo tenemos que llegar hasta ello a través del dolor y el sacrificio, que existen cosas peores y que solo al perder el miedo al dolor podemos ser libres de todo.

Memento mori. 

viernes, 13 de julio de 2018

Ya nadie escribe cartas

No sé, quizá fue esa película de espías en la Segunda Guerra Mundial que pasaban en la televisión pero aquella noche no dormí y pude darme cuenta que mi amigo tampoco, cada uno sentado frente a la ventana esperaba  despierto a su destino con una canción de Scorpions de fondo.

Veo su silueta cruzar delante mío, ha pasado más de un año desde que nos vimos por primera y última vez para ubicarse justo en frente de mí, nos saludamos de forma torpe, tal como la primera vez, desconfiado beso su mejilla e intento avanzar. Huele a vainilla, pienso al apartarme.


Le cedo el paso y sube las escaleras con rapidez, me espera al borde del último escalón, se supone este debería ser un día muy importante para mi y sin embargo ella parece  más ansiosa que yo, me ve subir cansado y de forma risueña me toma del brazo; ella ni siquiera debería estar aquí y sin embargo permanece junto a mí, tal como debieron suceder las cosas.

https://youtu.be/EYyarcp5LtU

Alguien se dispone a dar un discurso y ella pronuncia mi nombre en voz alta, curiosos voltean a mirar y en silencio toma mi mano por debajo de la mesa. La miro cada que puedo para cerciorarme que sigue ahí; tomo entre mis manos uno de sus largos mechones castaños. Come frituras y se acerca a mi oído y hace todo el ruido posible mientras mastica.

En la muchedumbre ya se escucha entre susurros su nombre y el mío, reímos como quien quiere olvidar. Le pregunto cuánto tiempo se quedara, "mañana debo madrugar" dice con cierta tristeza y yo, con un vacío en el pecho y unas abrumadoras ganas de llorar me pregunto si quiero saber cómo terminará o si debo mantener con vida su recuerdo.

Me muevo a tientas y  a ciegas busco papel y lápiz, intentando no abrir los ojos y poder retener por unos segundos más su mirada fija en la mía.

Meet me tonight in dreamland