martes, 25 de diciembre de 2018

Breve soliloquio navideño



Esta fue la primera de las navidades en las que me fui a dormir sin escribir nada a nadie, ningún tipo de mensaje personalizado a mi familia o amigos. Llegué a un punto en el que dejé de darle importancia, como si esa especie de compromiso social me agotara, después de unas horas de silencio me sentí desvanecer y comprendí tarde, que a nadie le importa ya.

Son las cuatro de la mañana y Syd Barret repite en el tocadiscos, "Inside me I Feel Alone and Unreal", el chiste de Satán y la dislexia dejó de ser gracioso hace unas semanas, concluyo mientras leo un par de mensajes obsoletos y otro par de esos que a veces es mejor que no escriban nada de lo simples y mecánicos que son.


Excuso, como una especie de ceremonia mental y absurda a todos aquellos que ya han crecido y que solían escribir pero que esta noche viven sus vidas casi erigidas  mientras la mía sigue siendo un cúmulo de decisiones inconclusas: a mis viejos amigos y a mis mejores amigos, a mis familiares y a aquellas personas por las que sentí algo, a lo mejor todos ellos también ya se cansaron de escribir.

Después de todo, uno escribe solo escribe a aquellos que quiere y hoy, no he escrito a nadie.