sábado, 29 de octubre de 2016

Escribo con tilde su apellido

'"Hank, eres un buen escritor, pero no sabes una mierda sobre las mujeres"


Conozco su caligrafía, es fina y delicada, escribe las a con un círculo perfecto, casi como si se tratara de una firma,  su redacción es sobria y seria, un contraste con su voz y  con su risa, la cual me recuerda una pequeña explosión de felicidad, una cascada de alegría que asciende por su garganta. Veo su reflejo a través del vidrio, ella voltea a mirar del otro lado de la habitación, ¿Me mira a mí o ve su propio reflejo en el vidrio? era difícil saberlo.

Forcé el camino a casa para que se cruzara en mi camino, ¿Cuáles eran las posibilidades? Sin embargo allí estaba, sentada entre la multitud, reconocí su cabellera a lo lejos, pasé rápidamente frente a ella, como quien cruza una cebra en la calle, contacto visual,, me siguió con la mirada, como usualmente lo hace, por mi parte yo vuelvo la mirada al frente y sigo mi camino.

En realidad se siente extraño caminar a su lado, yo solo pienso que decir a continuación, pero a la única conclusión que puedo llegar es que Noel es mejor que Liam Gallagher, cuestión de percepción.

¡Bang!


sábado, 22 de octubre de 2016

De Hell´s Kitchen, Marlon Brando y Cassettes de los 90


Put a flower in your pocket
If you seem them boy, you drop it
And you run, run 
They may pretend they like you But man's best friend will bite you
Just for fun, fun




Otra noche, un nuevo corto circuito, una nueva sobredosis surfeando en las guitarras de John Frusciante y Dan Auerbach, surcando las aguas de Pearl Jam, Stone Temple Pilots y Nirvana, como si quisiera vivir atrapado en los carretes de un cassette, deslizándome por sus cintas magnéticas como si se tratase de un tobogán, hace mucho comprendí que ya no soy capaz de dormir y transformo los segundos en acordes, recuerdo a Matt Murdock y su capacidad de detectar la veracidad o la mentira de las palabras por las variaciones en el ritmo cardíaco de las personas, qué útil me hubiera sido. 


Otra noche sin comprender la lógica de las cosas, o el funcionamiento o forma de racionalizar de las personas, Edward Blake solía decir que  "una vez que te das cuenta de que todo es una broma, ser el comediante es lo único que tiene sentido", en ese sentido hoy me siento como el más cómico y burlesco de los hombres. 

Es gracioso, repasaba esa misma frase en mi mente cuando se sentó junto a mí, en realidad no debería estar pensando en esa frase, no cuando tengo un libro entre mis manos y debería estar siguiendo la lectura, ahora no seré capaz de concentrarme, lo sé, pronto la conversación entre Marlon Brando y Truman Capote se funde en no sé que clase de abismo, no tardo mucho en darme  cuenta que he leído la misma línea al menos unas veinte veces,  su voz interrumpe mi incoherente soliloquio ¿Es a mí a quien habla? ¡Sí, es a mí!, ya soy lo suficientemente mayor para conocer el juego, todo pasa a ser rápidamente otro soñar despierto por archivar, mirar el reloj, atravesar el pasillo, caminar con sigilo hasta mirar a sus ojos y ver una vez más la puerta de ese ascensor abriéndose tal como la última vez. un simple consejo,,, no hagan caso a los buenos presentimientos...muy a menudo resultan ser falsos.



lunes, 10 de octubre de 2016

¿Esperaban una entrada objetiva del concierto de Iggy Pop en Bogotá?, ¡Olvídenlo!



Lo más sorprendente de todo es ver la poca cantidad de gente que espera en la fila para ver a Iggy Pop, es el puto padrino del punk y sin embargo la fila no está formada por más de veinte personas en principio. Es el verdadero espíritu del punk el que aguarda desde temprano para poder ver a esta leyenda viviente, el mismo espíritu que ha hecho que una suerte punketo llevado por la mala aguarde impaciente en la fila, comabte la ansiedad a punta de guaro y cerveza, como lo harían Sid Vicious  y Joe Strummer si aún siguieran con vida, pero la decencia y la cortesía, que no pintan nada  en un espectáculo de punk no perdonan y el querido punketo alcoholizado es retirado del lugar, quién sabe, quizá se supiera todas las letras del viejo Iggy y probablemente se gozara el show más que todos nosotros, lo único seguro es que la resaca del día siguiente fue muy dolorosa. 

James Newell Osterberg, Jr. es un verdadero superviviente, el último de una estirpe, sobrevivió a los torrentes de heroína que él y sus compañeros de The Stooges se administraban antes de cada concierto, Iggy Pop cruzó el umbral de los 27 años, mientras que una oleada de artistas, entre ellos Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison murieron a comienzos de los años 70, Iggy seguía ahí aún después de conocer cómo la autodestrucción puede llevar a la muerte a un rockstar, tal como fue el caso de Keith Moon de The Who,

Fue con la música de Iggy que Ian Curtis de Joy Division se quitó la vida en 1980, mismo año en que John Lennon fue asesinado, los noventa llegaron, y con ellos se fueron Freddie Mercury y Kurt Cobain. De igual forma comenzó el siglo XXI, época bizarra para la música y que ha dado comienzo al fin de una generación, George Harrison, Ray Charles, James Brown, Michael Jackson, Lou Reed, Lemmy, David Bowie (quizá la pérdida más dolorosa de Iggy) la lista es interminable, y sin embargo Iggy Pop sigue aquí.

Iggy comenzó con una descarga de sus tres canciones más conocidas: "I Wanna Be Your Dog", "The Passenger" y "Lust For Life", así, sin anestesia, una tras otra, algo que dejó a muchos sin qué cantar después de eso, nuestra teoría es que cantó esas tres canciones de primeras porque son las que más demandan energía y que, quizá más tarde, agotado no podría entregarse de la misma forma en que lo hizo al comenzar el show.

"Prendan las luces, quiero verlos a todos" ordena Iggy mientras recorre con su mirada el lugar, esa mirada azul eléctrico, mira de izquierda a derecha, desde los que están frente a él, hasta los que en el fondo intentan llamar su atención. Iggy se alimenta de su público, es casi como un simbiosis y ante la perpleja mirada de todos se arroja sobre la multitud, tal como lo hacía en los principios de su carrera, Iggy pasa de unas manos a otras, todos enloquecen por tocarlo, por sentirlo, mientras él se entrega a su público para luego volver al escenario y seguir con el show.

A medida que el show avanza,  las canciones de su carrera en solitario se mezclan con las de su etapa en The Stooges, cada canción acompañada de una pequeña introducción, una historia por contar, siempre sonriente, su rostro, plagado de arrugas hace toda clase de muecas y gestos, es la visiónde lo infantil y lo añejo, la sabiduría y lo picaro de un niño: "Candy","Nightclubbing"; "Five Foot One", "Sixteen", "1969", "Wild One", "Gardenia", "Down on the Street", "Skull Ring", "Raw Power" una tras otra, sin pausa, casi como si tuviera acumulada una descarga de energía que debe aprovechar mientras aún sea posible, 

El espectáculo termina con "No Fun"  y tras finalizar la canción y retirarse junto a su banda por algunos segundos regresa para dedicar unas palabras a Bogotá, ciudad que lo recibió de forma clandestina en la década de los 90 y que se convirtió en su hogar por algún tiempo: “Soy bogotano, ustedes fueron muy especiales para mí y he pasado un gran momento”.

El padrino del punk logró salirse con la suya, explosivo, enérgico, sensual, poderoso y sencillo a la vez, a sus 69 años, Iggy sigue saltando de un lado a otro en el escenario, con su torso desnudo convulsiona en el suelo al ritmo de sus estridentes guitarras mientras en su mente maquina que inesperado movimiento hará a continuación.






domingo, 2 de octubre de 2016

Disección de un país enfermo




No 50.21%
Sí 49.78%

Desconcertado, lleno de frustración, así quedé tras escuchar el minuto a minuto del resultado de las elecciones, anonadado ante la ausencia de humanidad, únicamente se me ocurrió sangrar tinta 

El resultado es vergonzoso, incluso si el Sí y el plebiscito hubieran ganado por una mínima diferencia es evidente que hay una mitad del país que aún no cree en el perdón, una sociedad que que se niega a construir paz, que no ven en la justicia transitoria una salida, que ven en la impunidad una negación al odio, la venganza y el egoísmo. 

Se trata de un cáncer, un cáncer que se apoderó del colombiano, nada puede cambiar el latir de un corazón impregnado por el odio, es casi genético, un corazón que vive atravesado por un hacha de la guerra, nunca podrá vivir en paz. 

No puedo ver en nuestro escudo un cóndor majestuoso, únicamente veo un buitre sobrevolando alrededor del cadáver de nuestra sociedad ausente de humanidad. Evidentemente el problema no son las FARC, ni el Gobierno, y no por eso intento justificarlos, el problema somos nosotros, viene en los cromosomas, en el ADN, violento por naturaleza, un país enfermo que da segundas oportunidades a la iglesia, a los políticos corruptos pero que no brinda la mano a las víctimas directas del conflicto y que prefiere seguir invirtiendo en balas y no en educación.

Lo curioso es que aquellos que votaron Sí, fueron los departamentos en los que se vivió en carne propia el conflicto, personas que perdieron sus hogares, sus trabajos, sus familias, fueron capaces de dejar de lado el dolor y se atrevieron a dar un paso adelante, hablo de los que dijeron Sí en el Vaupés, Chocó, Cauca, Putumayo, Nariño y La Guajira, realmente los admiro, Por supuesto, hay departamentos donde también se ha vivido la guerra como Caquetá, donde regiones como San Vicente del Caguán dijeron que Sí al Plebiscito) Meta y Arauca se pronunciaron con fuerza con el No, y los comprendo, no es fácil olvidar, respeto su voto pero solo veo una capacidad muy difícil para perdonar. 

Lo triste es que la otra gran parte de los votos del No proviene de las metrópolis, de lugares donde la violencia no los ha tocado, que respalden al No sin leer en su totalidad de los acuerdos, que acudan a la mesa de votación y regresen en su lujoso auto a su departamento estrato 6 y que mañana puedan levantarse como si nada, qué fácil es votar No cuando se enteran de todo lo que sucede desde un televisor, qué fácil es votar No cuando no han sido atravesados por una bala, cuando no han visto a su compañero caer en combate, cuando no han sentido el olor de la pólvora en el aire, que no han sentido el miedo de ser emboscados por uno u otro bando. Qué fácil resulta negarse a sacar del bolsillo para reintegrar a la sociedad a un hombre o a una mujer que ha pasado su vida en las montañas y que no ha tenido las mismas oportunidades que un citadino.

¿Cómo recibir a un guerrillero que una vez llegue a una ciudad o a un pueblo encontrará a una parte de la sociedad que lo discrimine, que lo señale y lo rechace? ¿Qué pensará? ¿Cómo hacerles entender a todos aquellos guerrilleros que esperaban ansiosos una respuesta positiva del pueblo colombiano que, sí queremos la paz, que no pierdan la fe, que hallaremos una alternativa?.

Los del No celebran su "triunfo" hipócrita si me lo preguntan, respeto que sean la mayoría, pero aquí no hay nada que celebrar, un país que rechaza un tratado de paz ha perdido, aquí no ganó nadie, irónicamente Colombia se partió en dos por la paz, y ya nada volverá a ser igual, aquí se quedó en un limbo, en la incertidumbre, después de todo Colombia siempre ha sido un país de inexactitudes, el país más feliz del mundo según estudios salidos de quién sabe qué País del Nunca Jamás. 

Ahora, ni que decir del 62% de colombianos que no acudieron a las urnas de votación, Aquí no se puede hablar de una democracia real, porque los hay quienes viven en su isla de indolencia y desidia, dejando el destino del país en las manos de otro, esos son peores, irresponsables que les da igual si el país sigue o no por el mismo abrupto camino que ha labrado durante los últimos 60 años, nada más que decir sobre estas personas, en su conciencia queda el peso de su decisión. 


¿Faltó pedagogía para distribuir los acuerdos? No, lo que faltó fue la voluntad de leerlos, de comprenderlos, de tomarse el tiempo y evaluarlos, los que fallaron fueron los medios parcializados, lo que falló fue conformarse con el discurso de Santos que convirtió a la paz en una propaganda o con el discurso de Uribe y sus esbirros, un grupo al que se le invitó en numerosas ocasiones a participar en el tratado y se negaron a hacerlo pero que sin embargo afirman que buscan la paz, una generación de godos que vive en el pasado y que se escudan en la impunidad, cuando están tan manchados de sangre y corrupción como lo puede estar la guerrilla. 

Ante los ojos del mundo, Irlanda y Sudáfrica, la ONU, El Vaticano, Estados Unidos, la Unión Europea y el resto de Latinoamérica han sido testigos de este irracional e inverosímil resultado. Aquellos que temen que Colombia se convierta en un Estado castrochavista, (término que aún hoy muchos acogen pero no comprenden) tranquilos ¿Para qué convertirse en una Venezuela, si ya somos una Colombia donde se niega la oportunidad a un proceso de paz?, así lo perciben los demás países del mundo. 


Ganó el No, y eso plantea nuevos retos, ahora, amigos del No, deben asumir la enorme responsabilidad que conlleva negarse a un cambio, están comprometidos a aportar nuevas soluciones, en sus manos está la vida de cualquier colombiano a partir de este momento, no confió en su decisión pero espero que sea la acertada, los cuatro años que ha durado el Proceso de Paz no deben ser desperdiciados y si el final de conflicto ha de demorarse para que todos podamos convivir sin resentimientos, pues que así sea. A los que votamos Sí, les digo, no pierdan la esperanza, sigamos firmes con un anhelo de un país mejor, seamos lógicos con nuestra posición, si votamos por la paz, debemos respetar a aquellos que votaron por el No, sus opiniones puede que disten de las nuestras, pero no respondamos a violencia con violencia.

La paz no llega con la aprobación de un acuerdo, ni con la entrega de armas, ni votando, la paz comienza aceptando una nueva realidad, comienza con voluntad, dejando de lado los imaginarios, los miedos, los estereotipos, aportando ideas y no cadáveres, parece que las Farc lo han comprendido, de forma tardía pero lo han hecho, ¿Por qué nosotros no?. 

sábado, 1 de octubre de 2016

Un perro y un fusil, los mejores amigos de un guerrillero de las Farc

Fotografía Cristian Mora
Como es costumbre, Dayro “Carro” Tobar, un guerrillero del frente 15 del Bloque Sur de las Farc, hace su recorrido diario alrededor del campamento que él y sus compañeros construyeron desde su llegada a El Diamante en los Llanos del Yarí en el departamento del Caquetá.

De cerca lo sigue ‘Torres’, un perro criollo que lo ha acompañado durante los últimos siete meses, tiempo en el que el animal se ha convertido en un integrante más de esta fracción guerrillera.

Tobar obtuvo el alias de “Carro” por lo arrebatado, o al menos esa es la explicación que da cuando le preguntan por su sobrenombre, una personalidad arrebatada que lo llevó a tatuarse él mismo en su pierna derecha, a los 15 años, una estrella de cinco puntas, “fue una locura, no tiene significado, o tiene todos los significados que uno quiera, cada punta podría representar cada nación que liberó Simón Bolívar”, dice.

Quizá fue ese mismo arrebato el que lo llevó a ingresar a las Farc. Originaria de Santiago de La Selva, Valparaíso en el Caquetá, Dayro y su familia, compuesta por una hermana mayor y tres hermanos menores, crecieron en una zona en continua disputa entre las Farc y los grupos paramilitares. Para Dayro resultaba llamativo, según él, la disciplina con la que los insurgentes de las Farc cumplían las órdenes, y sobre todo, la forma en que los habitantes del lugar sentían confianza hacia la guerrilla. Todo esto hizo que se inclinara por hacer parte del grupo alzado en armas.

Fotografía Valentina García


‘Torres’ es ahora su familia. El perro sigue con la mirada a su amo a medida que recorren todos los recovecos de este campamento guerrillero. Tiene rasgos muy similares a los de un pastor alemán y llegó junto a Tobar después de un largo viaje en lancha y carretera hasta San Vicente del Caguán, lugar que será una de las zonas de concentración asignadas por el Gobierno y estipuladas en los Acuerdos de Paz.

“Este perro no tiene más de un año, se lo entregaron de cachorro a un muchacho, compañero mío de otro frente, estuvo con él durante siete meses, en ese tiempo me encariñé mucho con el perro, y yo siempre molestaba al muchacho ‘¡Me le voy a robar el perro, la verdad me lo voy a robar!’, y así fue.
En marzo la columna móvil a la que pertenecía Dayro cambió de planes y el guerrillero fue enviado al sur del país, para ese momento, el can respondía más a las órdenes de Tobar que del propio dueño, en vista de eso, este último antes de que Dayro se marchara se le acercó y le dijo: “Coja al perro, cójalo y no lo trate mal”.

‘Torres’ recibió el nombre en honor a Puerto Torres en el Caquetá, otra región desolada por la violencia entre paras y guerrilla. Esta zona para Dayro representa algo más que el origen del nombre del perro. Por sus selvas, animales, petróleo y la calidad de su gente, el Putumayo es el departamento que más recuerdos buenos le trae a Tobar.


Él es el responsable de alimentarlo. Siempre le sirve su comida a la misma hora en que el frente desayuna, almuerza o cena, allá, en medio de la selva, no existen los lujos ni el Purina, ni Nutre Can, ni el concentrado Hill’s, los perros han aprendido a comer lo mismo que los humanos, crecen bajo las leyes de la selva y regresan a sus orígenes lupinos.

Una vez en su caleta, Dayro se recuesta y unos segundos más tarde, ya repuesto, hace un tour por su dormitorio, “esta es mi caleta, ya con práctica se tarda más o menos unos 40 minutos en construir”, dice mientras apoya su mano sobre un palo de madera que hace las veces de toldillera. “Aquí duermo y en esa esquina duerme ‘Torres’”, explica señalando un rincón cubierto de paja en el que se ha echado a descansar el perro.

“Aquí está mi fusil – dice mientras apunta con su dedo a la horqueta de donde cuelga el arma-, pesa cerca de 11 libras, así que al final mientras marchamos por la jungla cargamos cerca de 40 libras, incluyendo nuestro chaleco en el que llevamos material de guerra como pistola y balas, además de nuestra cantimplora y el machete”.

“Aquí dentro de mi morral llevo mi cobija, toldillo, tres mudas de ropa y mis libros de estudio, los verdaderos profesores de nosotros son los libros”, afirma. En el suelo permanecen algunos utensilios, vasijas y cacerolas, al lado de una especie de talco para perro, todo da a entender que son los elementos de aseo que Dayro ha asegurado para su mascota.

No es la primera vez que Dayro tiene un perro en las Farc, incluso desde antes de su ingreso a la guerrilla en 2004, se caracterizó por ser un amante de los animales, “quiero a los animales, son lindos, pero son más lindos sueltos, hace un año nos acompañaba un perro llamado ‘Casanueva’. Era de color negro, mis camaradas lo confundieron con un canaguaro, (un tigrillo) y de un totazo le dieron un hachazo en la cabeza”.

Milagrosamente el perro sobrevivió, y los guerrilleros que lo hirieron tuvieron la oportunidad de reivindicarse con el animal y salvarle la vida.  Un bombardeo los tomó por sorpresa y el campamento se vio bajo ataque, Dayro, lejos del perro en el momento del ataque lo creyó muerto y siguió adelante, sin embargo, al rato sus compañeros aparecieron cargando a ‘Casanueva’.
Imagen: Valentina García

“En esa época los operativos eran duros. Cuando tuvimos que movernos nuevamente la situación no nos permitía seguir con ‘Casanueva’, por más que esté entrenado un perro, siempre puede poner en riesgo la operación, lo tuvimos que dejar atrás”, admite con cierta tristeza.

“Tuve otro perro que lo llamé Rubiano, no sé, siempre me ha gustado bautizar con apellidos a los animales, les da carácter. A este perro lo llamábamos ‘El abuelo’. Era un perro labrador, ya viejo, ya no tenía ni dientes el pobre, junto a él recorrimos el Putumayo, lo perdimos durante otro bombardeo”, dice.
“Cuando estuve en el frente 32 se nos unió otro perro, también viejo, lo llamábamos ‘Tucara’, para así poder hacer chistes cuando nos preguntaran su nombre. Todos lo queríamos, murió de viejo y lo enterramos. Cuando estuve en el frente 15 se nos pegó otro perro enfermo. Lo curé, lo bañé. El perro tenía una mirada cruel, y tenía dos cicatrices muy marcadas en el rostro, decidí llamarlo ‘Sámano’ como ese militar que mandó fusilar a La Pola. Dicen que al perro esas heridas se las hizo un oso hormiguero cuando lo intentó cazar, no sé pero su mirada era de puro Juan Sámano”, narra.

Dayro, conocedor de las junglas del país, sabe bastante sobre la fauna colombiana, al menos la que habitan en los llanos y en el sur del país, “durante los viajes uno puede ver dantas (tapires), ocarros (armadillos), canaguaros, osos hormigueros, osos perezosos, guaras (zorros) venados y muchos micos, de eso hay mucho, están los churucos, los maizeros, los bebeleche, hay unos que llamamos los soldados, porque son todos cari pintaos”, cuenta.

Explica que incluso ha visto a compañeros suyos tener micos de mascota. Afirma que después de un tiempo todo animal se puede amansar, incluso las serpientes. Pero sus compañeros no son los únicos que han tenido animales exóticos como acompañantes, a Dayro no solo lo han acompañado perros. Tuvo una iguana, la cual lo acompañaba durante las noches. Amante de las peleas de gallo fino, Dayro incluso llegó a tener un gallinazo o chulo, como parte de un insólito experimento.

“Dicen que si uno logra unir a una hembra de gallinazo con un gallo fino, sus crías son mejores peleadores, pero que no basta con la primera generación, que debe ser la segunda, la que creará un ave peleadora superior”, explica.


Ahora ‘Torres’ ocupa el lugar del mejor amigo de Dayro. Ambos esperan que después de la firma de la paz le permitan conservarlo y finalmente se pueda dedicar a la mecánica, “siempre he sido flojo para el estudio, hay gente que nace para la política, pero lo político es peligroso, soy un simple guerrillero de base, me gusta el trabajo en el campo, sueño con la mecánica, he tenido la oportunidad de trabajar con motores, y quiero aplicarlo, también me gustan las fundaciones y los programas a favor de los animales, y ahora que el Gobierno nos va a ayudar, me gustaría que me dieran mucha plata para alimentar a todos los perros sin hogar y que estos quedaran en buenas manos”.

La filosofía de vida de Dayro siempre ha sido la de recoger lo que cada uno siembra o como lo dice en sus propias “yo tengo un dicho: ‘Como lo trató el amo, así se cría el perro’”, una sentencia que ahora con la finalización de un conflicto de más de 50 años puede cobrar un nuevo significado para Dayro, quien está convencido que la única guerra que debe librarse es la guerra por la conservación de la naturaleza.