lunes, 20 de octubre de 2014

Noche en el centro de la ciudad


                                                                                           Escuchar mientras se lee

Manuele Fiore


¿Han visto las películas de Woody Allen?  Están llenas de ingenio y algo de humor no convencional, un humor inteligente de ese que tanto me gusta,  hay dialogos atrapantes y la música parece transportar a otro lugar en el tiempo, a un lugar mejor, precisamente ambientadas en una ciudad y una época que te hacen desear vivir en un lugar atemporal, Días de Radio, la primera película que vi bajo su dirección causo ese impacto en mí, ahora después de ver otras como Annie Hall, Manhattan y Midnight In Paris, no puedo dejar de sentir esa calidez de representar la cotidianidad de la vida. 

Y así fue como empezó mi aventura aquella tarde, como una situación salida de la imaginación de Woody Allen, incluso una historia yokolennonesca, no sé si exista ese termino, pero suena bien, caminaba,....vagando, solo, como lo es siempre mi rutina periodística, recorriendo vías y andenes con mis desgastados zapatos, está bien, es cómodo sentir tal libertad, caminar por las calles de una metrópoli, no es una ciudad como Nueva York, Barcelona o París, pero definitivamente hay algo en sus calles que te inspira a quererla, no es su  decadente población, ni su entorno caótico,  es algo oculto en los adoquines de La Candelaria, en el frío de las mañanas o en el verde de los cerros que permanecen como colosos rodeando a la capital, mi destino.

Sucedió al salir de aquella exposición, Manuele, Fiore, un dibujante italiano presentaba su obra, anochecía, en este tipo de situaciones los recuerdos son inútiles porque tal memoria ahora vive solo en mi mente, tengo mal genio por mi cobardía, por andar con malos rollos en la cabeza, uno no conoce a las personas sin ningún propósito de por medio. , probablemente sea la ultima vez que la vea, quizá si el destino es amable conmigo me conceda un nuevo encuentro, son esos impulsos que te guían sin ninguna razón, solo los sigues y ya está.

Ojos claros, gafas rosadas, pelo largo y mono, liso, bella sonrisa y un extraño modo de hablar, no es baja, pero tampoco alta, tiene unos razsgos muy bonitos, incluso, antes de salir, su presencia ya me había llamado la atención, no tenía razón para hablarme, pero lo hizo, pudo haber hablado con cualquiera de los asistentes, y sin embargo fue a mí a quién acudió, fue extraño, solo saludó y yo solo la seguí, luego ella me siguió a mí, dos completos extraños se conocen en una galeria, no es algo premeditado, no pasa todos los días,  Caminamos, de noche, escucha musica celta le gusta tocar flauta, estudia artes plásticas, seré sincero, yo recordaba haber cruzado esas calles en noches anteriores, y sabía que el camino era esa, pero la verdad yo estaba perdido, siempre he tenido un mal sentido de la orientación, a pesar de eso de alguna forma llegamos a nuestro destino, únicamente pensaba en lo extraño de aquel encuentro, caminamos, charlamos, pensé en decirle algo antes de que se marchará, apenas abordó supe que jamás la volvería a ver, la vi alejarse mientras el vehículo aumentaba su velocidad, y yo me quedé ahí, mirando por el cristal, pronunciando su nombre, reprochandome, sin saber nada de utilidad, ni su apellido, ni su número telefónico, ni su ciudad de origen, ni su correo, nada, solo la certeza de que era alguien diferente.

Ahora suelen ser largos periodos de ausencia, sentado en el suelo de una biblioteca a la espera de un encuentro similar, mientras un jazz de Sidney Bechet se repite una y otra vez, mirar entre las estanterías de libros de segunda mano, esperando encontrar un libro único e inusual, de seguro hay muchos, pero no uno definitivo, Sartre, Capote, Camus, pasan de uno en uno.

Soy buen investigador, pero esto va más allá de todo desafío, no quiero olvidar su rostro, el cual comienza a desvanecerse en mi mente, supongo que es inevitable, de vez en cuando, tengo leves destellos de lucidez, y la recuerdo, pero como una fotografía vieja o un sueño lejano de hace mucho años, como un rostro que destaca  entre la multitud por unos segundos para luego desaparecer, si pudiese convertir las imágenes en mi mente en fotografías...supongo que eso acarrearía más problemas, no basta con un recuerdo, no sé si es un pensamiento muy arrogante, no basta con que sea algo etereo, la memoria no basta para tener una única imagen en mente....  llegará un momento en que no bastará con cerrar los ojos para recordar su rostro.

lunes, 6 de octubre de 2014

Una cuerda floja


Escuchar mientras se lee




... De pronto, Santino Corleone comprendió que había llegado su hora. Se sintió 
completamente lúcido, libre de toda violencia, como si el miedo oculto, 
finalmente real y presente, lo hubiera purificado. 


Lo curioso de la situación, comienzas a vivir tu vida normalmente, regresando al viejo tú, reorganizas tus prioridades, sumergiendo tu mente en otras actividades, vuelves a ser el músico, el dibujante, el escritor, lentamente das paso a los proyectos que traes en tu mente, sin embargo, un mensaje detiene todo el proceso, imagino la escena, un maquinista reduce la velocidad de la locomotora, la cual queda inmovil en medio de la nada. 


Como un complice de la tragedia, mi playlist me juega sucio y todo el camino la lista aleatoria alimenta mis expectativas, mientras en un monólogo interno me repito que no debo imaginar nada porque es probable que lo que pase sea algo totalmente opuesto a lo que espero, y de hecho, si así fue.

En cierto modo hubiera sido gracioso, platicar un tema así en medio de tanta gente, entre delfines ensangrentados y hombres en trajes de toros,  probablemente hubiera tenido que repetir lo mismo varias veces, pero al diablo, era algo poco convencional, parecía la oportunidad perfecta, un ambiente lejano al cotidiano, entre la multitud, los ladridos y los gritos de la gente, en su mente, distante solo suena una canción de Calamaro, en la que en El circo vos ya sos una estrella y en la que si te preguntas vos no me conocías, 

Fue rápido, fue sutil, como la muerte de el Principito, como un tiro de gracia, un segundo bastó para comprenderlo todo, para comprender que nunca fue el protagonista de la historia, sino un simple personaje más, pudo justificar todos y cada uno de los actos de los que hizo parte y reaccionar para huir como un animal herido a su guarida. ¿Qué tan roto tienes que estar?

No hubo alaridos ni gritos,solo una simple expresión de sorpresa, seguida de un  pequeño "Ah", que resumió todo lo que podía sentir y decir en el momento, una última exhalación, para luego caer de rodillas al suelo, con un hilillo de sangre deslizandose por la comisura de su boca, con un último aliento bajó la mirada para ver su pecho atravezado por una daga, poco a poco, el corazón, anteriormente cargado de adrenalina, comienza a reducir su velocidad, la sangre se acumula en el piso al punto de que ya puede ver su reflejo en este, tan de la nada como había empezado todo, así, había terminado, su respiración se entrecortaba, sabía quien había sido la persona que le había atravezado el pecho, y sin embargo no quería voltear para confirmarlo, ya era suficiente con saberlo.

Ahora que lo pienso, no, no fue rápido, fue lento y tortuoso, fueron semanas de dolor en cantidades segmentadas, como pequeñas dosis de sufrimiento repartido en horas tediosas y noches de insomnio, contrario a lo rápido que pareció ser, fue como la muerte de Sonny Corleone, dolorosa, falta de dignidad, como la muerte del protagonista de La Vida es Bella, fuera de escena, como el caer de una gota de agua, como gritar en medio de un desierto.


Entonces se preguntó si el mismo impulso que genera la felicidad para hacer las cosas, es el mismo estímulo que se recibe de la ira, porque era la única sensación que lo embargaba en ese momento, rabia con tantas cosas, cosas que debieron pasar de otra forma pero que no fueron, la realidad fue una fotografía mal revelada, como un recuerdo que creyó nunca vivir.