“Eso de haber de abismarse en la incertidumbre y desesperar de la verdad es un triste y miserable refugio contra el error” - R.D
Por lo general, las noches pasan más rápido que los días pero esta en particular resulta eterna y agotadora y tengo el presentimiento de que al menos por un tiempo, así serán todas.
Mi espera equivale al del condenado que aguarda a que el verdugo baje el hacha bajo su cabeza o al reo que tiene en frente al pelotón de fusilamiento.
Podría descansar ya, me arden los ojos y solo el corazón me mantiene despierto y en un constante estado de ansiedad más que de alarma, mirando el reloj esperando que este se apiade y decida mover su horario y minutero para mi satisfacción. Que mi genio maligno tiene ojos coquetos y las mejillas sonrojadas y que mi azar es desafortunado.
Contrario a ello, esta noche no hay caminata, ni por el parque ni por la ciudad, no hay cerveza fría ni habitación calurosa, no hay comedias de décadas pasadas en la televisión ni gatos maullando a la luna, ¡Ah, no hay luna!.
Sin saberlo, cada uno avista su correspondiente oscuridad: la suya una oscuridad artificial con reflectores y bolas de espejos, la mía una oscuridad auto impuesta y únicamente interrumpida por un débil rayo de luz que a duras penas vería cualquier otro noctámbulo si decidiera asomarse y ver la única fuente de luz proveniente de una ventana.
Tampoco hay silencio porque silencio no encontrarás hasta no regresar a casa en la madrugada y te zumben los oídos y finalmente repases en tu mente lo que viviste el día de hoy, las palabras e incluso la ausencia de ellas. Silencio no encontraré ni quiero encontrarlo porque necesito acallar las voces y escenarios que insisten en perseguirme a donde voy incluso allá cuando mi cabeza descansa en la almohada.
Y habrá música, de la que ya no te ofrecen, esperando encontrar una con una letra perfecta, como si se tratase de escoger un fruto en los abarrotes. Y tendré música que será la llave de la cerradura, música genuina de esa que se recoge, recicla, adapta, colecciona y se protege de curiosos.
No hay semblantes, solo siluetas y un rostro desprovisto de rasgos pero cómo quisiera poner las piezas en su lugar, ver la imagen final y darles una identidad y una voz para quejarme de su nariz con enormes fosas nasales o de sus párpados caídos y ojos desprovistos de vida, de su estatura o de su posición política y preguntarme ¿en serio?
Me permito dormir un poco, cierro los ojos a las 2:00 despierto a las 7:00, duermo a la 1:00 despierto a las 5:00 y cada día la brecha entre madrugada y amanecer se hace cada vez más corta, como si eso fuera suficiente.
Sucede desde hace algunas semanas y sé entonces que algo anda mal cuando debo acomodar la mandíbula en su lugar y los dientes me duelen al apretarlos unos contra otros rechinando. El sueño (si es que hubo sueño) se desvanece tan rápido como regresa la conciencia y se evapora: de todas formas ¿Con qué puedo soñar si no arrastrará las pesadillas que ya al despertar aguardan?
Me permito dormir un poco, cierro los ojos a las 2:00 despierto a las 7:00, duermo a la 1:00 despierto a las 5:00 y cada día la brecha entre madrugada y amanecer se hace cada vez más corta, como si eso fuera suficiente.
Sucede desde hace algunas semanas y sé entonces que algo anda mal cuando debo acomodar la mandíbula en su lugar y los dientes me duelen al apretarlos unos contra otros rechinando. El sueño (si es que hubo sueño) se desvanece tan rápido como regresa la conciencia y se evapora: de todas formas ¿Con qué puedo soñar si no arrastrará las pesadillas que ya al despertar aguardan?
Me aferro como lo hace el punto del signo de interrogación al resto de su grafema, a la deriva pero inexplicablemente atado a su cuerpo da sentido a la incógnita. Repaso una serie de futuros posibles, todos acechando como tiburones hambrientos alrededor de mi pequeña e improvisada canoa de realidad que ya no distingue entre hechos, paranoia, percepción, corazonada e imaginación.
Familiares, regresan a mí ciertas sensaciones y se acomodan en su lugar encajando a la medida como parte del mismo enigma. La puerta no se abre y el teléfono no suena y está bien. Sacudo la cabeza: al final todos terminan por convertirse en lo que condenan.

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