Es el tercer auto que ha estado a punto de atropellarme hoy, creo que una parte de mí se lanzó
hacia el segundo a propósito en medio de una lluvia de puteadas y bocinas. Estoy enfermo, me
siento como un muerto viviente, They re coming to get you Barbara, huye, huye mientras aún controlo lo que queda de mi razón.
Estoy delirando, en mi mente puedo ver una versión pequeña de mí mismo cayendo a través de un foso oscuro , mi respiración se entrecorta y aprieto los puños mientras traquean mis dedos, me lastimo, una vez más y sin embargo se siente familiar.
Es lunes y bebemos cerveza con Manuel quien camina a mi izquierda mientras a la derecha una versión fantasma de Mick Jagger surge de la nada, pone su mano sobre mi hombro y susurra "el pasado es un gran lugar, no quieres borrarlo ni arrepentirte, pero tampoco quieres ser su prisionero", agito la cabeza como quien espanta una mosca y el cantante desaparece.
Atardece mientras recorremos el sendero, los vagos duermen y hacen hogueras a un costado de la carrilera del tren intentando entrar en calor, la última gota de cerveza cae y se desliza sobre el cristal de mi reloj dibujando a su paso los múltiples rayones y cicatrices que ha dejado el tiempo sobre este, puede leerse un "AM" grabado con un bisturí alguna tarde de hace al menos una década.
- ¿AM? - Pregunta Manuel desconcertado
- Ana María - respondo mientras recorro con los dedos el grabado, la marca sigue y seguirá ahí.
Cuando me preguntan por una persona de mi pasado, la lógica dicta que su existencia haya dejado de tener algún significado, pero no es así, su nombre y su historia siguen ahí, a través de mi narrativa que resulta ser la cloaca de mis memorias.
Por dentro soy una persona infeliz. Lo perdí todo en un corto periodo de tiempo y en todas las ocasiones fui yo quien se interpuso; incluso cuando sé que la felicidad no debería depender de otros, que existe el amor propio y unos cuantos pajazos mentales más de autoestima, la terquedad siempre ha sido mi más grande debilidad.
Desde hacía un tiempo los momentos que compartimos habían sido reemplazados por ciertas palabras
que giraban alrededor de mi cabeza en Arial 60, como un detective que analiza cada oración, cada huella dactilar esperando encontrar un indicio, podría ser cualquier cosa, una batería descargada, un trancón en la autopista, un robo, una cena familiar, pero mi instinto sabe que no es así.
Mi instinto no sabe seguir buenos indicios solo malos presagios, como un perro rescatista que únicamente es capaz de seguir la huella de cadáveres; Ana siempre había sabido como entristecerme de forma consciente o inconsciente, antes lo hacía cuando estaba, ahora ni siquiera era necesaria su presencia para lograrlo.
Me encontró hace unos años atrás, merodeando por la calle, perdido y cabizbajo recogiendo piedras, la amé porque supo ver algo que las demás personas no habían apreciado en mí, nunca supe qué pero supongo que fue lo mismo por lo que me dejo cabizbajo y recogiendo piedras, pero esta vez incompleto, como aquel soldadito de plomo del cuento, que se mantenía firme aunque sólo tuviera una pierna,
Han pasado los años y como un boomerang ella siempre regresa a mí, como si supiera lo que pasa por mi cabeza, como asegurándose que aún sigo ahí, que aún la amo, incluso si ella no lo hace de igual forma. Son ya muy lejanos los días en los que Ana, la bailarina solía danzar al ritmo de la caja de música,
Subimos la ladera con Manuel mientras debatíamos qué tan fácil sería instaurar un tercer día de fin de semana en el mundo y las repercusiones que esto tendría en la economía. Es lunes y parece como si todos desaparecieran y regresaran a sus madrigueras pues lo único que desean es hibernar como los mamíferos que son, es lunes, día que instauramos como parte del nuevo fin de semana en nuestra utópica realidad.
https://www.youtube.com/watch?v=aBoFKFFUWWE
https://www.youtube.com/watch?v=aBoFKFFUWWE
Era usual plantearnos escenarios ficticios como ese o reformulando situaciones del pasado que vivimos alguna vez, a diferencia mía Manuel era un futurista que veía en el mañana algo mejor que el hoy, por mi parte yo era un nostálgico que vivía del ayer, pensábamos en pasado y futuro, lo hacíamos porque ese no era nuestro mundo, porque debía existir algo más allá de nuestras cabezas, ya fuera hacia atrás o hacia adelante en nuestra línea cronológica.
Manuel mueve su boca, gesticula, su voz se apaga y ya no logro escucharlo, yo solo miro de cuando en vez su rostro para aparentar que sigo en este planeta, disocio al tiempo y me pregunto cómo luciría mi semblante en ese momento, ¿acaso era un cascarón vacío que sorteaba expresiones al azar?
A pesar que fingía estar presente mi amigo sabía que yo ya no estaba ahí, él sabía que yo había regresado al día en que conocí a María, a los días en que su sombrilla salía a volar o leíamos en la biblioteca, María incluso nos acompañó a mí y a Manuel el día que estrenaron el cine en aquel nuevo teatro de la ciudad.
- Aún no sé qué película veremos -
- La de vaqueros - sentenció María leyendo mi mente; me di cuenta de que quería ver películas con ella por el resto de mi vida.
Recuerdo todo esto a medida que ascendemos por la empinada loma, el pozo aparece poco a poco frente a nuestros ojos, debo admitir que es el doble de difícil el ascender con los bolsillos llenos de piedras.- La de vaqueros - sentenció María leyendo mi mente; me di cuenta de que quería ver películas con ella por el resto de mi vida.
Las piedras las recolecté durante mi infancia y lo seguí haciendo después que Ana se fue y lo seguí haciendo cuando llegó María, no había un patrón simplemente si me gustaba una, la recogía y la agregaba a mi colección: piedra caliza, arenisca, cuarzo, granito, todas simbolizaban algo diferente y a pesar de ello, pocos conocían de mi pasatiempo y la existencia de esas piedras en mi inventario, total a pocos debía importarle.
Por su parte a María le habían parecido fascinantes, las sacó de la bolsa en la que había permanecido intactas y sin importarle si llenaba de tierra y polvo sus manos, las examinó una por una, yo observaba atónito, fue definitivo, decidí amarla pues a través de simples actos que reafirmaba todo lo que para mí era simple y para ella especial, decidí amarla porque vi esa misma chispa que quizá Ana alguna vez vio en mí y que yo aún no podía creer que nadie hubiera visto en María.
Y así lo pensé por años, hasta que alguien la descubrió, me enteré mientras comía, el pollo perdió su sabor y la realidad adquirió un tono sin contraste, confirmé mis sospechas y descubrí que el astro que giraba alrededor mío o más bien el planeta alrededor del cual yo giraba, era arrastrado por una atracción mayor a la mía, entonces el mundo se derrumbo. Son ya lejanos los días en los que María y yo salíamos a tomar fotografías de la ciudad y me siento como si todas aquellas piedras que coleccioné ahora reposaran en el interior de mi estómago.
Eran esas mismas piedras, las que atesoré por años, las que ahora llevaba como tributo al pozo,seguro de que cumplirían mi deseo. Al fin hemos llegado, Manuel se queda atrás mientras yo me acerco al pozo, me asomo y veo mi propia existencia en el reflejo del agua, "ahí ya no hay nada", susurro. Arrojo las piedras, y de paso también me arrojo al pozo, añoro chocar con la suficiente agua para que se hundan mis piedras o el fuego necesario para que se consuma este cuerpo de cera. Los recuerdos van a enloquecerme.
















