"La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente". A.C
Crecía en mi interior como alguna bestia de una película de Ridley Scott, la encubé durante muchos años, sin embargo siempre había alguien con quien estar, algo que hacer o algún lugar al que ir, pequeños alicientes que impedían que esa aberración terminara de formarse.
A pesar que crecía sin que yo me diera cuenta, sabía que permanecía allí adentro y lo que es peor, descubrí que dentro de todos nosotros existía una criatura igual, lo supe una tarde mientras bebía un café con Kazu, quien me reveló las dudas que sentía se cernían sobre ella con más fuerza al pasar los días.
En aquel entonces animé a Kazu, le aseguré que todo estaría bien, - como hacemos todos sin saber si será verdad o no - pero en el fondo supe que ese monstruo que intentaba devorar a Kazu desde adentro, pronto haría lo mismo conmigo, era cuestión de unos años pero finalmente sucedería.
Al principio era inofensivo, la ciudad seguía funcionando mientras yo me quedaba despierto hasta altas horas de la noche e incluso llegaba a ver la madrugada para luego en las mañanas preguntarme si valía la pena salir a buscarme la vida, podía quedarme horas mirando el techo analizando un mismo pensamiento, preso de la melancolía, abatido e irritable ante todo.
Lo notaba a mi alrededor, no era un cambio que viniera dentro mío, era algo que sucedía afuera, primero fue un gran ruido, como una interferencia que no permitía la recepción de una señal, - la señal que estuve escuchando toda mi vida - desapareció.
En ocasiones me parecía escuchar la frecuencia que había perdido, débil e intermitente, pronto todas las ondas se cruzaron y lo único que pude escuchar eran fragmentos de otros diales que se cruzaban con el mío. En mi cabeza retumbaban múltiples voces, gritos, susurros en diferentes idiomas provenientes de diferentes ciudades como si a mi alrededor cientos de transistores estuvieran prendidos y transmitiendo al mismo tiempo.
Pasaron un par de semanas, me vestí y preparé para salir a regañadientes, tras ponerme el pantalón tome el cinturón el cual siempre ajustaba con el último orificio y para mi sorpresa, no fue suficiente para lograr ajustar mi pantalón. Quién sabe cuántos kilos había comenzado a perder después de convivir con esa bacteria que había tomado control sobre mí, metí la camisa dentro del pantalón para impedir que este se me cayera.
La reunión era en casa de Taka, sentados sobre cojines mientras comíamos botanas y demás comida chatarra me detuve a ver los rostros y expresiones de cada uno de los invitados, para mí en su mayoría eran completos desconocidos , radiantes e ingenuos no parecían darse cuenta de lo que sucedía, sentí envidia de ellos, estaba cansado, veía tantos reflejos y al final descubría que el mío era el único que seguía iluminando de igual forma, intermitente y débil. Mientras todos sonreían inmunes a aquel trastorno, algo sucedía, algo cambiaba y todos parecían pasarlo por alto, burlándose de chistes sin gracia, mientras adentro, llovía en mi corazón.
A menudo pensaba en Kazu y si en realidad había logrado combatir aquel mismo parásito que ahora habitaba en mi mente, sin embargo no me atrevía a preguntarle, no quería confesar que yo también empezaba a notar cambios en el mundo y en mi forma de percibirlo, era extraño; incluso para mí, quien siempre parecía reaccionar de forma más lento a las cosas.
Cabizbajo abandoné la biblioteca y al salir encontré por casualidad a Kenji y a Kaneda, eran dos sujetos extraños, de esos que parece puedes encontrarte en cualquier calle a cualquier hora. Nos sentamos al borde de la escalera del edificio y durante algunas horas nos dedicamos a ver pasar los transeúntes, me sentí con la suficiente confianza de contarles lo sucedido: la ansiedad constante, la fatiga, el insomnio, la pérdida de interés por todo en general y demás contingencias.
Kenji y Kaneda se miraron mutuamente y echaron a reír, los miré confuso sin comprender; mientras Kaneda recuperaba el aliento, Kenji confesó que también habían experimentado los mismos síntomas, es más, habían aprendido a convivir y a burlarse de ello, no parecían exteriorizarlo pero me detuve a verlos con más detalle, la mirada cansada, el rostro demacrado e incluso la ansiedad en sus manos al prender sus cigarrillos.
Nihilistas, orgullosos de sus pensamientos negativos, comprendí que era su modo de vida, estoicos ante el colapso diario de la sociedad, escépticos ante el mundo y resignados a llevar la vida que habían elegido solo aguardaban a que la muerte llegase para acabar con el despropósito del ser que ahora convivía con ellos en su interior. En realidad sentí un poco de alivio, era más bien un consuelo de tontos, como si por estar los tres enfermos del mismo trastorno tuviéramos salvación.
Nihilistas, orgullosos de sus pensamientos negativos, comprendí que era su modo de vida, estoicos ante el colapso diario de la sociedad, escépticos ante el mundo y resignados a llevar la vida que habían elegido solo aguardaban a que la muerte llegase para acabar con el despropósito del ser que ahora convivía con ellos en su interior. En realidad sentí un poco de alivio, era más bien un consuelo de tontos, como si por estar los tres enfermos del mismo trastorno tuviéramos salvación.
Algo no estaba bien, era una cuestión de sanidad global, al principio era Kazu, ahora Kenji y Kaneda, incluso yo había caído enfermo ¿A qué clase de virus me estaba enfrentando? Se trataba de un mal silencioso, que se propagaba sin dejar rastro, uno al que algunos parecía no afectar y que a otros les sumía en un estado de introspección y tristeza, un mal que aparentemente se sufría en silencio y que a los más frágiles llegaba incluso a costarles la vida.
Resignado, bajo una pantalla de humo de aparente seguridad e ironía decidí seguir existiendo, parte humano, parte fantasma, parte sombra, parte autómata, vivía como quien rebobina la misma escena una y otra vez.
Sonó el timbre, eran las 12:00 del medio día y yo aún no me había bañado, sin afeitar y con el cabello alborotado me levanté y como pude atravesé la habitación en medio de la basura, ropa sucia y objetos que había acumulado en el suelo. Antes de abrir la puerta revisé mi reflejo en un espejo, un sujeto me miraba del otro lado, un sujeto de aspecto desaliñado y rostro calavérico, ojeroso y con una especie de delineado rojo alrededor de sus ojos, producto del insomnio, comprendí entonces que ya se había apoderado de mí.
Del otro lado de la puerta Taka aguardaba impaciente, una sensación familiar me invadió. Abrí y la hice pasar, me apresuré ycerré la puerta de mi habitación, avergonzado de mi desorden, le indiqué el sofá y la invité a que se sentara. Taka me observó por unos segundos antes de dirigirme la palabra, su expresión se tornó sería y exclamó ¿ Alguna vez has sentido que te invaden la ansiedad y la frustración? ¿Como si ya nada valiera la pena?
Me eché a reír.
