miércoles, 30 de noviembre de 2016

Imagen: Creative Commons - NASA


Ser astronauta y recorrer el espacio parece una proeza que podrían alcanzar únicamente los protagonistas de películas como Interstellar, Gravity u Odisea al Espacio, una línea invisible que ha trazado lentamente la ciencia ficción ha desdibujado lo cotidiano de una profesión que si bien no todos pueden ejercer, es casi como cualquier otra.

Casi como escapando de ese mundo abisal, oscuro y carente de gravedad donde el silencio y el infinito son ley, llegó al Planetario Distrital de Bogotá el  biólogo, educador y astronauta de la NASA, Richard Arnold II, introducido por el reconocido astrónomo y asesor científico Germán Puerta, el astronauta oriundo de Maryland habló acerca de su carrera, el enorme e inexplorado espacio y de su actual labor entrenando a las nuevas generaciones de astronautas.

Arnold habló acerca de sus inicios como profesor, reconoce que su vinculación a la NASA fue poco usual, puesto que son pocos los educadores que logran ingresar a este equipo, además recuerda como uno de sus héroes de la infancia a Jacques Cousteau, explorador e investigador submarino de origen francés, le motivó a reemplazar una escafandra por un casco de astronauta.

“Jacques Cousteau estuvo sentado ahí mismo donde tú estás sentado, claro, hace ya muchos años cuando visitó nuestro país” le confiesa Germán Puerta a él y a toda la audiencia, y así fue, el investigador francés visitó Colombia en el año de 1981, donde además de visitar la Amazonía, visitó Bogotá, recorrió sus calles y dio conferencias en la universidad Jorge Tadeo Lozano y el Planetario Distrital.

¿Cómo  llegar a ser astronauta?, es una de las preguntas más comunes que le hace la gente, el astronauta levanta la mirada, “tienes que estudiar matemáticas, ciencia, y adquirir vastos conocimientos de ingeniería y medicina…ah y ruso” asegura.

“El despegue y el aterrizaje son quizá los momentos más peligrosos de la misión, ¿Qué si estaba asustado al momento de despegar? Quizá un poco, pero fueron los 8 minutos más excitantes de toda mi vida”

La misión STS-119 tenía como objetivo continuar con la construcción de la Estación Espacial Internacional e instalar nuevos páneles solares, realizando dos caminatas espaciales durante doce horas.

“No es una distancia muy larga, pero pude observar este increíble y hermoso planeta que compartimos” dice con orgullo.

Si bien, la vista de la Tierra desde la Estación no es tan sorprendente, las estrellas si resultan un espectáculo digno de ver, al estar tan cerca, pueden verse de una forma tridimensional que solo son capaces de ver aquellos con la preparación y el conocimiento suficiente para viajar al espacio.

El astronauta habló acerca de su experiencia en la Estación Espacial Internacional, considerada uno de los más grandes avances a nivel de ingeniería, la estación que se encuentra a unos 400 kilómetros de altura, puede ser distinguida desde nuestro planeta por su luminosidad que es equiparable al del planeta Venus.

En esta, actualmente tripulan seis astronautas, tres rusos, dos estadounidenses y un italiano, cuatro hombres y dos mujeres, Arnold equipara el estilo de vida de estas personas con los que habitamos en la tierra, durante las noches ven películas, en el día hacen ejercicio y realizan llamadas a sus familiares en la tierra, con la sutil diferencia de que llegan a ser testigos de entre 16 y 18 amaneceres por día.

La comida tampoco es un problema, ya que es seleccionada en la Tierra antes de partir, prácticamente se cuenta con todos los alimentos que podrías tener en el planeta, claro, el agua, uno de los recursos más importantes para la supervivencia es un tema diferente, el agua de la Estación Espacial Internacional es reciclada de los desechos del sistema urinario

“Prácticamente orinamos el café que beberemos en la mañana” me confiesa el astronauta con tono humorístico.

Además en la Tierra, permaneció en el Laboratorio Submarino Aquarius Reef, ubicado 17 metros bajo la superficie del océano Atlántico, en Cayo Largo y sumergido en medio de un arrecife de coral.
“Lo más peligroso de permanecer allí es que respiramos aire bajo presión, de resto, es un hermoso lugar para vivir”.

Finalmente, se refirió a los adelantos de la NASA y la preparación para llegar al planeta Marte, “Los más grandes riesgos están en la gran distancia que debe ser recorrida, además estamos constantemente expuestos a la radiación del sol". explicó Arnold II antes de levantarse y perderse de nuevo en el intrigante mundo que se expande sobre nuestras cabezas. Un mundo que esconde toda clase de misterios a salvo de la del hombre. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

Lo relativo del tiempo en un contacto visual



Tarde. como siempre, corre a través de la avenida, sus latidos se mezclan con la batería de Philthy Animal en"Overkill" de Motörhead, es la canción perfecta para la situación, se detiene frente al semáforo, cinco minutos, una nueva marca.


Aceptó la invitación para no quedarse tendido en su cama viendo el techo el resto de la tarde, después de todo, nunca se sabe lo que se encontrará a la vuelta de la esquina, en efecto, un nuevo hallazgo, tiende su mano y se presentan, ella lo miro extraño, como si fuera raro saludar educadamente en el siglo XXI, caminan, las pelirojas tienen un encanto especial, y esa camisa a cuadros le dan un toque grunge que sin quererlo llama su atención, sin saberlo, graciosa, provocativa, un halo de atracción que emana su rostro, reta su inteligencia.


No la conoce y sin embargo visita su casa por primera vez, ella le pide que tome asiento, ¿Qué es esto? ¿Norwegian Wood?. Chiste va, chiste viene, así es como comienza todo, oculta su rostro tras una cartulina y únicamente puede ver sus labios, le enseña algunos de sus dibujos, es una artista, un alma libre, se voltea y pide su sugerencia, sus ojos se encuentran, al fondo suena "The Scientist",  el efecto Coldplay piensa él mientras sigue con sus ojos los de ella, ninguno apartó la vista.


¿Cómo se supone que se sabe cuando se hace 'click' con alguien? ¿Qué clase de señal hay?   Ni siquiera sabe su edad y a duras penas recuerda su nombre, así de relativo es el tiempo, pensaría Benedetti, pero mientras sus ojos siguen inamovibles, ya se están creando infinitas realidades en otros universos donde él y ella.... las posibilidades son infinitas y de todas las realidades, esta fue la que se vio interrumpida por el timbre en la puerta.

Ella abre la puerta y un hombre ingresa, se besan, ¿Qué hace con este idiota?, es hora de marcharse, abre la puerta y el frío lo golpea como una onda expansiva, acompañada de soledad, se acomoda el casco y viaja en su moto,  no ve nada a su alrededor, las luces navideñas se confunden con la música de Cafetacvba y Spinetta, una mezcla nada recomendable. Sí, las pelirojas, atractivas y peligrosas, y él, tarde, como siempre.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Elegía a un humano


Amigo lector, no es necesario que lea o comprenda este texto, es un escrito realmente personal y que quizá solo pueda comprenderlo su autor y su subjetiva imagen de lo sucedido.

Monsieur Jeangros solía decir que le gustaba el azul cielo, porque el cielo no tiene límites.
-Feliz cumpleaños Cristian Camilo  -

Esas fueron las primeras palabras que me dirigió Roland Jeangros, rector del Colegio Refous, aquella mañana estiró su mano y me felicitó, era un 22 de julio de 1998 y Monsieur Jeangros acababa de darme el mejor regalo de cumpleaños que yo podría haber recibido, yo aún no lo sabía pero con su apretón de manos me estaba abriendo las puertas a un mundo nuevo y sin saberlo, también estaba comenzando a labrar un camino, imprimiendo enseñanzas  y una personalidad en mí.

Corría, descendiendo por aquellos largos escalones que debía cruzar para ir al campo del recreo, aún los veo en ese cámara subjetiva, el ladrillo que avisaba el fin de un escalón y el comienzo del otro, y de repente la física hace de las suyas, y un niño de cinco años prueba el sabor del cemento en su primer día de escuela, creí girar en el aire tras aquel tropezón que me propinó otro niño que corría en dirección contraria, la sangre y el llanto no se hacen esperar y el pequeño Jones permanece en el suelo, tirado y cubierto de tierra, a su lado, casi como una estampida, los demás niños cruzan indiferentes en todas las direcciones y de repente, Roland Jeangros hace su aparición, la memoria no me alcanza para recordar sus palabras, pero sus manos están ahí, tal como me las extendió para desearme un feliz cumpleaños meses atrás.


Me calma y cruzo junto a él el campo de recreo, ese de donde sacaría piedras para meterlas en mis bolsillos y hacerlas parte de mi colección, ese donde perdería muchos de mis juguetes en los castillos de arena que construiría más adelante, me lleva de la mano, me adentra en la cocina, un lugar oscuro donde me cura, esparadrapo en mi ceja derecha, me guía y tomo asiento mientras él se ausenta, frente a mí, veo por primera vez el cuadro de "Relatividad" de M.C Escher que me perseguirá toda la vida y a lo lejos el "Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar" de Dalí, yo para esa época no sabía un carajo de arte ni de surrealismo, solo sabía que me acababa de descalabrar en mi primer día de colegio, el análisis semiótico de los cuadros se vio interrumpido cuando Jeangros regresó con un vaso de gaseosa Colombiana y unas galletas Waffer, después de aquel recuerdo, solo hay lagunas mentales.

Mis encuentros con Monsieur fueron pocos desde entonces a pesar de verlo todos los días, siempre lo veía a lo lejos, envuelto en su bata blanca, recorriendo la geografía de su colegio, año tras año más y más lento, recuerdo el sonido de sus zapatos arrastrarse por el camino, y el brillar de su blanca cabellera, inquieto por naturaleza, cuando no estaba caminando, estaba al frente de la cafetería (o cooperativa) del colegio, dando el cambio a aquellos que compraban su lonchera en el lugar, las vueltas, a veces pagadas con dulces, eran entregadas por aquel humilde director que prefería atender a sus alumnos que cumplir con el rol de un monótono director, Yo crecía y él parecía encogerse más, asumiendo una postura que lo jorobó con el pasar del tiempo, para mí, seguía siendo él mismo, siempre fue, en mi imaginario una figura poderosa, indestructible, pensaba en él y no podía evitar asociarlo a personajes ficticios que para aquel entonces  comenzaban a alimentar mi imaginación, Vito Corleone, Yoda, Gandalf, Albus Dumbledore, hombres de trayectoria y poseedores de sabiduría y conocimiento, de esos desconfían de esta gélida sociedad, porque la ha visto de frente, de esos que cargan con el peso de la soledad y de la historia en sus hombros, un renegado, lo llamaría Mario Mendoza, para mí era un guerrero, anárquico, confiable, testigo y gladiador de batallas.


Como dije, nuestros encuentros eran esporádicos, en las maratones del Sisga, donde Monsieur daba la orden de salida de los corredores, en la cotidianidad, en sus visitas a los salones de clase, en los regaños antes de la oración de las mañanas y en el abismo que puede existir entre un rector y un alumno, como profesor, solo tuve una oportunidad de conocerle, y una vez más el buen Jeangros me extendía su mano sin saberlo, una clase de música fue suficiente: Samba Pa Ti - Santana (Live in Mexico), una grabación original de 1993,  una clase dictada por un amante de la música clásica fue suficiente para que las artes, al menos las musicales captaran mi atención.
Mendoza  escribió acerca de Jeangros mucho antes de su fallecimiento, y muy seguramente después de hoy, muchos otros que como yo, pasaron varios años de su vida en el Refous,harán lo mismo, todos con un enfoque diferente, y basados en las experiencias personales que vivieron con Monsieur, este escrito no representa nada en realidad, soy solo uno de los muchos corazones que tocó Jeangros, seguramente para él, mi rostro fue el de un grano de arena en el desierto, una gota en el océano del  lóbulo temporal de su cerebro.

Antes de Los Cazadores del Arca Perdida, antes de los desamores de Amy Winehouse, antes de la marimba en "Under My Thumb" y  del sitar en "Paint it Black", antes de ser Jones, mi universo se construyó a partir de los cimientos que Jeangros preparó para nosotros: naranja, azul, carmelita, negra, verde oscura, amarilla, carmín, verde clara, roja, blanca. para algunos, esta expresión se reduce a simples colores, para mí y mis compañeros, eran las herramientas con las que se sustentaba la arquitectura del mundo, una matemática básica que comenzaba en madera y terminaba en los ladrillos de una réplica perfecta de una de las torres des “Le Château de Porrentruy”, una estructura de la segunda mitad del siglo 13 ubicada en Suiza, cuna de Monsieur Jeangros, quien, después de la Segunda Guerra Mundial, dejó atrás para hacer de Colombia su nuevo hogar.

No se si Jeangros consideraba que tenía una deuda con la tierra que lo recibió, pero si ese era el caso, al comenzar una nueva vida en Colombia, sembró una semilla, una que sin duda pago con creces, la semilla del Refous, un lugar que más allá de formar estudiantes formaba personas, las preparaba, porque él lo sabía, sabía que este mundo es agreste, rudo, inmisericorde, que te pondrá de rodillas y te hará suplicar que se detenga y que para poder sobrevivir en este mundo hostil, debíamos  ser preparados, no me pregunten por qué, pero creo que lo sabía.
Tras esas espesas cejas, se escondía cierto carisma, había terquedad, fuego, enigma, misterio, un acertijo, una mirada paradójica que para muchos era atemorizante y severa, quizá, sí podía llegar hacerlo, para mí resultaba la mirada de un explorador viendo a través de un catalejo, en especial cuando arqueaba sus cejas, era casi como la mirada de un infante (más no infantil) como alguien que busca descubrir el sentido de lo que presencia, estricto pero con un agradable sentido del humor, serio pero con breves lapsos de  la ternura que puede despertar un anciano, sencillo, pero imponente, una obra de arte de esas que es necesario verlas de lejos para comprenderla, para verla en toda su extensión, desde lejos