jueves, 25 de octubre de 2012

Desesperación

¿ Como decirlo? ¿Como decirlo sin que se me caiga el alma a los pies y no rompa en llanto apenas pronuncie esas palabras?
Imposible buscar el descanso en las lejanas tierras del sueño donde partimos a otra dimensión esperando olvidar la vida que llevamos al despertar, ¿ Como buscar esa paz si en las noches no duermo pensando en las preocupaciones del día? Preferiría dejarme llevar por la muerte que me abre sus brazos, sino fuera porque en la habitación de al lado oigo los leves suspiros  que emiten  mis hijos al dormir, ellos que si sueñan y viven en un mundo del que aun no son conscientes, Soy un cobarde que desea la muerte pero que no tiene la suficiente fuerza para halar el gatillo de la pistola que reposa sobre esta mesa, puedo sentirla, que me mira, que me murmulla, que me seduce.
¿Como rezarle a un Dios en el que nunca he creído  ¿Como depositar mis mas profundos temores en un ser del que dudo de su existencia? ¿ Como si quiera pensar en buscar en redención?
Cuestionar mi suerte, beber del pico de la botella y dejarme morir en esta habitación de cuatro paredes que se hacen mas angostas mientras mas bebo de esta botella, reaccionar al sentir mis huesos congelarse, el viento imperturbable e impasible se cola por los orificios de mi ventana insuficiente de vidrios.
Y a pesar del viento que entra, la sensación de sopor, la tensión y el sentirme sofocado se apodera de mi.
¿ Como no evitar la vergüenza y la humillación de admitir que ni siquiera tengo un lugar decente para escribir esto? ¿ Que si se me parte la punta del lapiz estaré jodido? Tanta desgracia que las lagrimas que caen de mi rostro están corriendo la tinta de este mugriento cuaderno que esta a media hoja de acabarse.
En el día golpean con todas sus fuerzas las puertas de mi casa aquellos a los que les debo tanto dinero, en la noche vienen a golpear con más fuerza el hambre, el frió, la inseguridad y  el hacinamiento. Y yo permanezco   acurrucado en silencio en una esquina, me tapo los oídos mientras me sumerjo mas y mas...se me acaba el espacio en el cuaderno, que ha llegado al limite, mientras escribo con una mano, con la otra sostengo el arma contra la sien de mi cabeza, de seguro si hubiera mas espacio continuaría escribiendo y apartaría a la muerte otra noche más, de seguro mi sangre y mis sesos mancharan el contenido de este escrito y nunca mas podrá ser leído  La pistola tiembla en mi mano...Ultimo renglón....¿Bang?.



miércoles, 24 de octubre de 2012

Olalla

No tengo un motivo o un tema especifico del que hablar en esta entrada, simplemente quería pasar y escribir esto y decir que me siento bien....maldita sea.
Igual que con la música, soy muy envidioso con los libros, es decir mi pensamiento es The Beatles y Pink Floyd son mis bandas favoritas, por tanto nadie más puede hacer de ellas sus favoritas, son exclusivas para mi, mientras todo el mundo canta las canciones mas conocidas creyendo que son las mejores, personalmente considero  que las mejores canciones de un artista son aquellas que son solo conocidas por aquellos verdaderos seguidores, eso equivale a que me guardo para mi la mejor música de determinado artista y no se la doy a conocer a todo el mundo, un poco envidioso de mi parte, pues así me pasa con los libros, con mis autores favoritos, hay libros, cuentos que son bastante desconocidos  y sin embargo son exquisitos, me gustaria seguir manteniendo esa costumbre, y compartir mis conocimientos unicamente con quien los merezca, da igual si lo escribo aquí porque se que pocos lo leeran, pero simplemente no encontraba una mejor forma de expresarme que mediante este pequeño fragmento.

El silencio, el reposo, ganaron mí ánimo. Y atravesé el patio rápidamente y comencé a trepar por la escalera de mármol. Al llegar al último peldaño se abre una puerta, y he aquí que me encuentro frente a frente de Olalla.   La sorpresa me inmovilizó. Su belleza se me entró hasta el alma. Olalla, en la sombra de la galería, brillaba como una gema de colores. Sus ojos aprisionaban y retenían los míos, juntándonos como en un apretón de manos. Y aquel instante en que, frente a frente, los dos nos mirábamos, y, por decirlo así, nos bebíamos el uno al otro, fue un instante sacramental, porque en él se cumplieron las bodas de las almas.   Ignoro cuánto tiempo pasé en aquel éxtasis profundo; al fin, haciendo una presurosa reverencia, continué hacia el segundo piso. Ella no se movió. Pero me siguió con sus grandes ojos sedientos. Y, cuando hube desaparecido, pude figurarme que ella palidecía y caía desmayada.   Una vez en mi cuarto, abrí la ventana y me puse a contemplar el campo, sin entender qué mudanza había acontecido en aquel austero teatro de montañas, que ahora todo parecía cantar y brillar bajo la dulzura de los cielos. ¡La había visto! ¡Había visto a Olalla! Y los picos rocallosos contestaban: "¡Olalla!" Y hasta el azur insondable y mudo repetía: "¡Olalla!" La pálida santa de mis sueños se había desvanecido para siempre, cediendo el lugar a esta mujer en quien Dios había derramado los más ricos matices y las energías exuberantes de la vida, haciéndola tan vivaz como el gamo, tan esbelta como el junco, y en cuyos grandes ojos ardían las antorchas del alma. El temblor de su vida joven, tensa como la del animal salvaje, había hincado en mí toda la fuerza de aquella alma, que, acechándome desde sus ojos, cautivaba los míos, invadía mi corazón y brotaba hasta mi labio en canciones. Ella misma circulaba ya por mis venas; era una conmigo.