En el antiguo Egipto, las personas al morir eran sometidas a un ritual llamado el Juicio de Osiris, evento durante el cual Anubis, dios de los muertos extraía el corazón del difunto y lo depositaba sobre una balanza, mientras a un costado de la balanza se ponía el corazón que simbolizaba la conciencia, al otro lado se ponía una pluma que simbolizaba la verdad y la justicia.
Los dioses egipcios se disponían entonces a formular una serie de preguntas acerca de su conducta durante la vida del fallecido, según sus respuestas, el corazón disminuía o aumentaba de peso, los resultados eran entregados a Osiris por Thot, dios de la sabiduría y se definía el destino del alma del difunto.
Hoy siento que si mi corazón fuera pesado en aquella balanza se ladearía de tal forma que no soportaría su peso, pues desde hace algún tiempo siento sobre mi pecho una carga realmente pesada, no se trata de moralidad o conciencia, no sabría describirla, quizá como una especie de bola de nieve que gira mientras cae por una montaña y se va haciendo más y más grande.
Pienso que se trata de dos pesos, el primero un peso de fe, admiro a aquellos que creen en algo porque son capaces de dejar todas sus preocupaciones de algo exterior, convencidos de que esto cambiará, pero - y si no crees en nada de eso..¿En qué creer? ¿En quién depositar tus temores y preocupaciones?
Por otro lado, el peso de lo imposible, o bueno no de lo imposible, de lo idílico, es el peso que llevamos sobre los hombros todos aquellos que soñamos de día para poder enfrentar la realidad, de luchar contra la distancia y contra la cotidianidad. "When you walk in a dream, but you know you're not dreaming, signore" canta Dean Martin, lo cual a veces puede resultar más cruel, la realidad es hasta cierto punto maleable, mientras que la fantasía lo es por completo.
Delirio, despierto de mal humor, no puede ser, proyecciones de mi mente se concentran en crear una imagen, una mala copia de la realidad intentando compensar y suplir ese vacío. ¡Las cosas no son así! tengo que repetirme varias veces antes de despertar por completo, viene a mi mente el Discurso del Método de Descartes, hago uso de sus máximas para poder distinguir la realidad de la ficción.
Mi cerebro envía una rápida señal, una especie de patada para evitar que caíga de nuevo en aquella trampa, Solo lo evidente es verdadero, requiero de la razón, no de los sentidos o la experiencia para captar la idea, descomponerla, analizarla y comprobar su certeza, suspiro aliviado: estoy en la realidad.
Escribo a esta hora, una vez más con el ánimo de soportar este insomnio sin caer presa del sueño y no verme obligado a vivir la realidad como un sueño o el sueño como realidad.
Pienso que se trata de dos pesos, el primero un peso de fe, admiro a aquellos que creen en algo porque son capaces de dejar todas sus preocupaciones de algo exterior, convencidos de que esto cambiará, pero - y si no crees en nada de eso..¿En qué creer? ¿En quién depositar tus temores y preocupaciones?
Por otro lado, el peso de lo imposible, o bueno no de lo imposible, de lo idílico, es el peso que llevamos sobre los hombros todos aquellos que soñamos de día para poder enfrentar la realidad, de luchar contra la distancia y contra la cotidianidad. "When you walk in a dream, but you know you're not dreaming, signore" canta Dean Martin, lo cual a veces puede resultar más cruel, la realidad es hasta cierto punto maleable, mientras que la fantasía lo es por completo.
Delirio, despierto de mal humor, no puede ser, proyecciones de mi mente se concentran en crear una imagen, una mala copia de la realidad intentando compensar y suplir ese vacío. ¡Las cosas no son así! tengo que repetirme varias veces antes de despertar por completo, viene a mi mente el Discurso del Método de Descartes, hago uso de sus máximas para poder distinguir la realidad de la ficción.
Mi cerebro envía una rápida señal, una especie de patada para evitar que caíga de nuevo en aquella trampa, Solo lo evidente es verdadero, requiero de la razón, no de los sentidos o la experiencia para captar la idea, descomponerla, analizarla y comprobar su certeza, suspiro aliviado: estoy en la realidad.
Escribo a esta hora, una vez más con el ánimo de soportar este insomnio sin caer presa del sueño y no verme obligado a vivir la realidad como un sueño o el sueño como realidad.
La maldita, bello y retorcido de la realidad.