Hasta que aprendí a aceptarme tal y como era: calmado, paciente, silencioso.
La misma sensación del años pasado, las familias van de un lado a otro, moviendo sus bolsas y sus compras de un lado a otro, balanceándolas, como para demostrar su capacidad monetaria, van de un lado a otro, en pequeños grupos que parecen emigrar buscando la forma de vaciar sus bolsillos, míralos alegres, pasando un buen tiempo.
Después de una llamada casi sin vida, me resigno a caminar como un errante, fingiendo ser una figura de autoridad, sin resultado, sin más en mis bolsillos que una pequeña agenda donde suelo hacer anotaciones de todo lo que se me ocurre. Existe un vació en mis bolsillos, tan grande como el que hay en mi corazón, continua la marcha, todos pasan, la gente te choca al pasar y a nadie parece importarle, y ni siquiera una silla es suficiente para un peregrino como yo, el asfalto se siente bien después de todo, miro el reloj, podría estar en otro lado ahora mismo, no importa, lo vale, lo dudaría más tarde.
Todo parece mejorar por unos minutos, para después ser guiado por mis pasos a una especie de trampa, ¿Quieres saber si se puede poner más incómodo? o tan solo espera me repite mi cabeza, cuanta razón tiene siempre, ¿Se puede poner mejor? O solo quédate cinco minutos más, prefiero marcharme antes de que todo termine en una especie de emboscada, me desvanezco, prefiero continuar solo, las cosas parecen mejorar con un poco de Rock N Roll por algunas horas.
Ahora me siento como en aquella escena de este libro que me gusta tanto de Jose María Plazas donde el protagonista tiene que aguantar toda la cháchara de su interlocutor que no para de hablar acerca de conspiraciones de los chinos contra el mundo occidental, en mi caso, me concentro en mi comida y siento la Coca-Cola deslizarse por mi garganta causando ese ardor tan refrescante que la caracteriza, asiento con la cabeza, y respondo con un "tienes razón" o "si, no es justo" mientras mi mente aparenta seguir en ese lugar, fijó la vista en la freidora de aquel lugar abarrotado y comienzo a adentrarme en mis propios pensamientos, es demasiada información que debo digerir en tan poco tiempo, por supuesto que era una idea que había cruzado por mi mente, sin embargo resultaba tan inverosímil, y sin embargo de lo que a uno le parece inverosímil nace lo más perduradero, incluso asi, la idea me parece absurda, aquella risa fria que suena a veces en mi cabeza termina por dominarme, ridículo, me repito, y sin embargo a pesar de no aparentarlo, siento ira.
Estoy seguro que no era el único que tenía esa clase de pensamientos, muchos ya lo habíamos comentado, esa clase de personas son una lata, egocéntricos, pensando para si mismos, con su mirada airada y sus ínfulas de superioridad, me duele más sin embargo el resto de la información, la que escapaba a mis ojos, a pesar de tener esa máquina infalible de situaciones, y lo que me causa más incoformidad es no saber que tan verídica es la información recibida. Bebo otro sorbo de Coca-Cola.
Estoy seguro que no era el único que tenía esa clase de pensamientos, muchos ya lo habíamos comentado, esa clase de personas son una lata, egocéntricos, pensando para si mismos, con su mirada airada y sus ínfulas de superioridad, me duele más sin embargo el resto de la información, la que escapaba a mis ojos, a pesar de tener esa máquina infalible de situaciones, y lo que me causa más incoformidad es no saber que tan verídica es la información recibida. Bebo otro sorbo de Coca-Cola.
Soy de una naturaleza tranquila, me gusta permanecer en silencio, solo doy mi opinión cuando lo considero necesario, y sin embargo en el interior de mi mente existe un mecanismo que trabaja exhaustivamente y analiza todo aspecto que quizá los demás pasen por alto, prefiero estar a veces solo, y no dar la oportunidad de que las personas hablen de mi sin conocerme, prefiero mantener un perfil bajo, personalmente detesto a las personas que se la pasan alardeando de sus proezas o de lo buenos que son para algo, creo que si en realidad se quiere demostrar algo, se debe hacer por medio de hechos, no por medio de palabras...desvió la vista de aquella freidora y vuelvo a mirar a los ojos de mi interlocutor, solo para demostrar que sigo en el plano de lo terrenal, vuelvo a mirar el reloj, solo para indicarle a quien me acompaña que ya es hora de marcharme.
Conozco mis debilidades y eso me ha hecho un hombre prudente, leo en un libro en dirección a mi casa, justo las palabras indicadas, más tarde esa noche, mis sueños son una mezcla de sensaciones y emociones de las que me fueron privadas aquel día, todo era tan real, el cariño, el tacto, la felicidad.