domingo, 3 de marzo de 2019

Al mejor detective

"Nos despedimos. Vi cómo el taxi se perdía de vista. Subí de nuevo, entré en el dormitorio, deshice la cama y volví a hacerla. Había un largo cabello oscuro en una de las almohadas y mí se me había puesto un trozo de plomo en la boca del estómago. Los franceses tiene una frase para eso. Los muy cabrones tienen una frase para todo y siempre aciertan. Decir adiós es morir un poco".-Raymond Thornton Chandler



Esta narración solo podía ser concebida como una historieta: primera viñeta, una placa de algún edificio en el centro de la ciudad, atardecer el sol cae y se refleja en la ventana, segunda escena, una oficina desordenada recibe aquel sol anaranjado a través de las persianas a medio abrir, la placa al mejor detective colgaba sobre una pared de mi oficina, estoy molesto, y así se ve mi rostro en el siguiente cuadro.

Recuerdo aquella tarde, el día en que todo comenzó:

"Pobre diablo" pienso mientras recibo el cheque y lo guardo en el bolsillo de mi gabán.
Hoy soy Jones y me han pagado por espiar de lejos a la esposa de un desgraciado, cuan patética podía llegar a ser una persona desesperada, pagar para saber a dónde diablos va su mujer cada noche; incluso si tuviera el dinero no lo desperdiciaría de esa forma, pero nadie me dijo que sería yo quien tendría que acudir a la misma táctica.

Tengo la fotografía de la persona a la que debo seguir, es una mujer de vestido negro, su esposo estaba en lo cierto, aquella mujer veía a otro hombre, ni siquiera tuve que seguirla, no tuve que recolectar evidencia, después de todo aquel hombre era yo.

Ella es la mujer de vestido negro, la de los besos que nunca se dieron, los encuentros que no ocurrieron y las palabras que nunca se dijeron o que quizá si fueron y sin embargo no alcanzaron para más, ella es la misma mujer de negro que un día cualquiera, sin pistas me dejó tal como hizo con su marido.
Estoy molesto, me siento en cierto modo inseguro, viví tranquilo, siempre con la idea que era singular, diferente y superior en mucha formas a muchos hombres, entre ellos a aquel que me pagaba por decirle que su esposa ya no lo amaba, que ahora andaba con un pobre diablo que lo único más parecido que creía que existía a él era el reflejo agotado que veía todas las mañana frente al espejo, sin embargo esa idea cambió el día que descubrió que existía Poirot.

El protagonista de una historieta promedio tiene ciertas cualidades físicas, mentales y espirituales que lo hacen único, las causas que defiende, su modo de hablar, su manera de vestir, sin embargo todo aquella esencia existe de forma inversa y a menudo le otorga vida a un némesis.

Una versión alterna y torcida del protagonista original, Superman tiene a Bizarro, Batman tiene a ManBat, Flash tiene al Flash Reverso y Spider-Man tiene a Venom, era cuestión de tiempo para que apareciese una versión opuesta y a su vez igual a mí, tan igual que había sido seducido por la mujer del vestido negro.

Poirot, así se llama el sujeto, una nefasta copia mía, el mismo sombrero, el mismo gabán, el mismo dejo de soledad, inconformismo, honestidad y cinismo, podría apostar que en su casa guardaba el mismo vinilo de Dean Martin que conservo en un estante de mi oficina; siento como si toda mi vida hubiera sido un libreto que ha leído a la perfección para apoderarse de mi discurso, de mi esencia.
Hoy soy Humphrey y sin quererlo ahora siento la misma desesperación del patético hombre que quiere saber dónde está su mujer, por primera vez desde que tomé este caso la sigo, lo hago más por mí que por el trabajo que me han asignado, y sé que si mi olfato es correcto, este sabueso encontrara más dolor del que ya ha cargado.

Hoy soy Dupin y les veo recorriendo el mismo parque que alguna vez caminamos, lo hago desde la seguridad que me ofrece una banca y unos lentes oscuros que impiden a los demás ver la calavera que se dibujan mis pupilas al ver la escena; la mujer de negro insiste que no puede andar con un detective y sin embargo veo como se las arregla para besarlo; no puedo evitar preguntarme cuánto ve de mí en esa artificial versión.

Hoy soy Spade y la espero sentado en un café, la he escuchado hablar por el teléfono de la esquina sin que lo note, marca el número de Poirot y le dice que se verán a las 7:00 en el lugar de siempre, pero que antes tiene un asunto que resolver, llega puntual a nuestro encuentro.

La traición sabe bien en sus labios, mira su reloj y dice que debe regresar a casa, le concedo la razón, aún no lo sabes pero la paranoia me ha mantenido con vida incluso al escuchar las palabras que salen de su boca, para ser alguien quien detesta las mentiras, miente bastante bien. ¡Ya te tengo muñeca!
Hoy soy Marlowe, es irónico cuando uno dibuja o escribe una ficción en su cabeza y esta termina por volverse una realidad, disfruto conocer la verdad que otros creen que ignoro, me despido y finjo tomar la dirección contraria mientras ella camina un par de cuadras hasta encontrarse con Poirot, todo lo que no soy y a la vez todo lo que he sido.

Les sigo de lejos por el mismo andén, solo sus colillas de cigarro son diferentes, piso una de ellas mientras los veo detenerse frente a la fachada de un clandestino motel y verlos entrar juntos., qué satírico es ver cómo se materializan ciertos temores, que agridulce es saber tener la razón incluso en la derrota.

Hoy soy Sherlock y mi corazón me duele, ¿dónde debo cerrar la herida cuando me duele el alma? Doy media vuelta, viñeta, la sombra del ala de mi sombrero cubre mis ojos; salgo a correr. Nunca entendí por qué había corrido tanto toda mi vida, pero ahora que siento que me cazan ciertos fantasmas, mis piernas se mueven con mayor rapidez, siempre he corrido porque así puedo huir de mis pensamientos.

Última viñeta, onomatopeyas musicales salen de un viejo vinilo que gira al ritmo de Dean Martin, una canción retumba ahora en mi mente todo el tiempo desgarradora como la imaginación y sus escenarios, la veo, ahora es una mujer cualquiera, despojada de su vestido negro el cual reposa en algún lugar del suelo de esa habitación, cierro los ojos, pero es inútil, la imagen puede volverse más nítida.

Este es el precio que pagué ¿Es peor ser silueta o ser sombra? ¿Sigo siendo el original, el protagonista de esta historia? ¿Alguna vez se trato de mí o soy la versión bizarra de esta historia?, la extraño una última vez al escuchar su voz por teléfono, me despido y dejo que su silueta de femme fatale se dibuje en el humo que exhalo de mis pulmones al fumar.

Uno piensa que el cambio llegará al día siguiente pero no se da cuenta que el cambio ha comenzado una vez piensa que todo está a punto de cambiar, sostengo la mirada, satisfecho, seguro de que Poirot no es una mejor versión mía, seguro de que soy el original y sobre todo de que soy diferente, seguro de que no es ni tiene todo lo que soy, pues la placa al mejor detective aún reposa sobre la pared de mi oficina.



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