domingo, 10 de mayo de 2020

Lluvia de hojas secas





"Una racha de viento nos visitó Y al árbol ni una rama se le agitó"

Hubo un primer presagio, una noche mientras caminábamos juntos tomados de la mano, sonreíamos al mundo, absortos en nuestro pequeño universo cuando unos tipos se cruzaron en nuestro camino., nos vieron y nos gritaron  ¡Todo se termina! palabras más, palabras menos, eso fue lo que recuerdo de aquella noche, los tipos siguieron su camino, nosotros nos miramos confundidos y nos reímos, como si aquello fuera posible, como si el mundo no fuera así de desgarrador y real, "eso no sucederá", nos dijimos mientras apretamos nuestras manos la una contra la otra. 


Todo es nítido aún en mi mente, me senté de espaldas mientras la esperaba, permanecí ansioso y cuando al fin escuché su voz,  me cautivó desde el primer momento en que la vi, usaba una camisa a cuadros roja que jamás podré olvidar, tampoco podré olvidar su perfume ni la primera vez que me vi reflejado en sus ojos ámbar.

Aquel día le tomé la foto a un árbol debajo del cual descansábamos, no tomé una foto de nosotros, tomé una foto del árbol, no sé por qué, solo quise guardar ese momento en mi memoria, como un momento histórico era un cielo azul y ambos escuchábamos música bajo él, fue ese el momento en que supe que era alguien especial.

"Un otoño el demonio se presentó Fue cuando el arbolito se deshojó"

Hoy hubo un último presagio, caminábamos, ya ni siquiera de las manos tomadas, pasamos frente a un árbol, un árbol venido a menos de esos que uno se pregunta cómo sobreviven a la sequía de la ciudad, el árbol comenzó a deshojarse y las hojas amarillas volaron sobre nosotros hasta caer al suelo  "¡Mira! una lluvia de hojas secas", me dijo señalando cómo caían al suelo, "quizá puedes escribir eso en alguna de tus historias", me dijo

- "Conozco una canción al respecto, pero no te gustará el final, es triste", le respondí pisando algunas de las hojas que resonaron bajo mis pies, mientras tarareé suavemente La canción de que el tiempo se atrasara Donde nunca pasó nada. Aquellas tardes la miré con tristeza cada que no se daba cuenta, incluso había algo en sus rasgos que yo ya conocía, esa misma chica, la misma chica de la camisa de cuadros roja, ya no existía.

La ciudad y los días eran luminosos y en esta ocasión todo se había tornado gris y opaco, qué fácil olvidamos las personas, las sensaciones, las palabras dichas, los actos de amor y qué difícil resulta revivir con intensidad en la oscuridad el candor que solo produce un beso o una caricia, consciente de esa dificultad, atesoré esos últimos instantes, intentado retenerlos en mi memoria,  nos recostamos en el pasto, la miré a los ojos fijamente, buscando una respuesta en sus ojos y escuchando las últimas notas de una canción que ya sonaba lejana. 

Volví solo a casa, recordé los días en que regresaba pedaleando a toda velocidad para verla en las noches mientras hoy, cansado, apenas me dan las fuerzas para avanzar en medio de las calles. Me detuve frente a un árbol una vez más, Sin que nadie me viera, grabé su nombre en la corteza como si al hacerlo la grabara en mi corazón, como tinta en la piel. El árbol permanece y permanecerá perdido entre tantos otros, como tantos corazones pero ahora es suyo y siempre será así, aguardando, sin que ella sepa donde hallarlo, sin que yo sepa dónde hallarla. 







domingo, 26 de abril de 2020

Caleidoscopio



"I felt like I was watching a dream I’d never wake up from… before I knew it, the dream was all over..."



Veo el pasado a través de un caleidoscopio, lo veo  a través de un cristal, lejano, en medio de espejos inclinados que reflejan el ayer, lo giro de manera que si se mueve el tubo puedo añorar y casi sentir aquellos tiempos sumergidos en figuras geométricas y multicolor rojo y azul, lo veo tan lejano, pese a que no ha transcurrido tanto.

Quizá no se trate de un caleidoscopio sino del iris que rodea mis pupilas que cambia el lente con el que se le mira, que ve todo de colores diferentes dependiendo de su estado de ánimo, despierto y me miro al espejo, mis ojos son más grises y cuesta respirar, ayer eran verdes y los puños permanecen apretados, hace algunas semanas eran azules y el  corazón latía incandescente. Hoy no importa el color del irís, mis ojos ven borroso en medio de lágrimas.

Me transporto al día que nos conocimos y me anticipa un vacío, el día que volveré a mirar un lago y musitaré tu nombre, un nombre que suena precioso al pronunciar.  Camino entre velos y siluetas, saltando de emoción en emoción mientras de entre el bote de la basura se asuman algunas hojas arrugadas con partituras y melodía, ¡con cuidado que la música no es basura!, pienso mientras saco de entre la suciedad los papeles desgastados. 


Te busco en medio de la madrugada,, te llevo en canciones, te llevo en espacios, te busco y te hablo en sueños, mientra mi mente que no tiene paz se pierde entre recuerdos de ratones corriendo por entre los matorrales, de una bicicleta y una confesión a gritos en medio de la calle, Mutante, leo cuentos de García Márquez mientras duermes en mis brazos, nadamos entre pulpos y recorremos en cuclillas los estantes de las librerías, Pizarnik, Wilde y Orwell nos observan correr en medio del centro, Achichay! el frío nos rodea pero puede más la calidez del momento.

Aahora me veo cruzando a todo velocidad un puente en búsqueda de una gaseosa peculiar, me besa frente a una catedral, el atardecer en sus ojos y el pasto en nuestras rodillas, México y las escaleras, tu saco de franjas que me recuerda a una caricatura,  te veo dormir y te susurro al oído lo que nunca sabrás; mientras recuerdo tu voz, la que cantaba para mí y que retumba inmortal en pequeños fragmentos que quedaron encapsulados en el tiempo porque sabíamos un día nos extrañaríamos. Debimos cuidarnos más. 


Permanecí allí, de pie, hasta el final, incondicional, sin saber si existían soluciones, si saber que un beso podía ser el último, sin saber que iban a quedar tantas promesas por cumplir, con un peso que voy a tener que cargar toda la vida,. Lloré mientras me escurría sangre de la nariz, la sal se mezcló con el hierro en mis labios y me  descubrí herido de muerte. La gente afirma que nadie se muere de amor, pero Edson  Velandia dice que es un privilegio morir de amor, si la vida casi no vale nada y cuánta razón tiene. 


Espero coincidamos para mostrarte otra ciudad, quizá en otro tiempo mejor, quizá nos veamos en otra vida o con suerte en la calle como el cuento que te conté mientras dormías, para cumplir esa cita en el cine, esa que nunca pudo ser. 

Siempre serás C.B

domingo, 1 de marzo de 2020

Fantasmas

 Llorarlos no debes. Añorarlos tampoco. El apego a los celos conduce. La negra sombra de la codicia es.

Incluso si ya no están, si ya quedaron atrás personas del pasado, algunas siguen materializándose ante mí en forma de actitudes, de ansiedad, de emociones negativas e inseguridades. ¿Cuánto tiempo pensé que podría huir de ellas?

Mi mente me juega malas pasadas mientras pienso en cómo sin siquiera hacer parte de nuestras vidas aquellas personas que nos lastimaron continúan haciéndolo como un cobrador que llama a la puerta y exige lo suyo cada cierto tiempo.  Hay heridas que se creen cerradas y que luego arden en medio de  grietas a través de las cuales se filtran familiares sensaciones que alguna vez alguien despertó en nosotros y nos recuerda lo frágiles que somos ante el pasado. 

Me siento vulnerable, tan expuesto, que duele. Quise ser una memoria inolvidable, hacer parte de un momento medianamente único y al final, - como ya a esta altura deberíamos saberlo - las cosas nunca suceden como se esperan. A veces me pregunto si las personas serían capaces de dar lo que yo doy por ellas o lo que estaría dispuesto a sacrificar y es doloroso descubrirlo.