"Una racha de viento nos visitó Y al árbol ni una rama se le agitó"
Hubo un primer presagio, una noche mientras caminábamos juntos tomados de la mano, sonreíamos al mundo, absortos en nuestro pequeño universo cuando unos tipos se cruzaron en nuestro camino., nos vieron y nos gritaron ¡Todo se termina! palabras más, palabras menos, eso fue lo que recuerdo de aquella noche, los tipos siguieron su camino, nosotros nos miramos confundidos y nos reímos, como si aquello fuera posible, como si el mundo no fuera así de desgarrador y real, "eso no sucederá", nos dijimos mientras apretamos nuestras manos la una contra la otra.
Todo es nítido aún en mi mente, me senté de espaldas mientras la esperaba, permanecí ansioso y cuando al fin escuché su voz, me cautivó desde el primer momento en que la vi, usaba una camisa a cuadros roja que jamás podré olvidar, tampoco podré olvidar su perfume ni la primera vez que me vi reflejado en sus ojos ámbar.
Aquel día le tomé la foto a un árbol debajo del cual descansábamos, no tomé una foto de nosotros, tomé una foto del árbol, no sé por qué, solo quise guardar ese momento en mi memoria, como un momento histórico era un cielo azul y ambos escuchábamos música bajo él, fue ese el momento en que supe que era alguien especial.
"Un otoño el demonio se presentó Fue cuando el arbolito se deshojó"
- "Conozco una canción al respecto, pero no te gustará el final, es triste", le respondí pisando algunas de las hojas que resonaron bajo mis pies, mientras tarareé suavemente La canción de que el tiempo se atrasara Donde nunca pasó nada. Aquellas tardes la miré con tristeza cada que no se daba cuenta, incluso había algo en sus rasgos que yo ya conocía, esa misma chica, la misma chica de la camisa de cuadros roja, ya no existía.
La ciudad y los días eran luminosos y en esta ocasión todo se había tornado gris y opaco, qué fácil olvidamos las personas, las sensaciones, las palabras dichas, los actos de amor y qué difícil resulta revivir con intensidad en la oscuridad el candor que solo produce un beso o una caricia, consciente de esa dificultad, atesoré esos últimos instantes, intentado retenerlos en mi memoria, nos recostamos en el pasto, la miré a los ojos fijamente, buscando una respuesta en sus ojos y escuchando las últimas notas de una canción que ya sonaba lejana.
Volví solo a casa, recordé los días en que regresaba pedaleando a toda velocidad para verla en las noches mientras hoy, cansado, apenas me dan las fuerzas para avanzar en medio de las calles. Me detuve frente a un árbol una vez más, Sin que nadie me viera, grabé su nombre en la corteza como si al hacerlo la grabara en mi corazón, como tinta en la piel. El árbol permanece y permanecerá perdido entre tantos otros, como tantos corazones pero ahora es suyo y siempre será así, aguardando, sin que ella sepa donde hallarlo, sin que yo sepa dónde hallarla.

