viernes, 28 de abril de 2017

Obturar

"Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar. Fue en ese oscuro lugar donde por primera vez tuve ocasión de poner mis ojos sobre un espécimen de la raza humana". - Natsume Soseki


Me aseguraré de que no mueras, no quiero que mueras, y lo único que puedo hacer es dedicarte estas líneas, te regalo la inmortalidad sin que aún lo sepas, Seguirás con vida mientras sigas siendo parte de mis escritos y revivirás mientras estas palabras sean leídas por alguien más.

Hoy me encuentro frente a un camino bifurcado, ese mismo cruce de caminos en el que alguna vez Robert Johnson hizo un trato con el diablo y vendió su alma a cambio de aprender a tocar la guitarra con destreza; hoy vendería mi alma para pasar la vida junto a ti, pero esta ya es un alma fragmentada, que ha dejado parte de ella por donde va, hoy dejo otro pedazo de mi alma en este escrito y al evocarte me aseguro de tomar la decisión correcta y mientras tomo por el camino contrario, por la senda del blues, me voy tarareando esa canción de Elvis Presley... and it's just breaking my heart , cause she's not you. 

Pasarán los años y no cambiarás, no importa que suceda en el devenir de los tiempos, porque te plasmo tal como te recuerdo, justo como en el momento en que tomé esa fotografía, atesoro este encuadre, joven, con vida, con aquel vestido azul, y las mariposas, y las mariquitas, incluso las luciérnagas que creí ver, la forma de tu cabello y esa sonrisa tuya que tanto me gusta, el obturador hace su trabajo mientras agrego a mi memoria este pedazo de existencia, porque tal como hablábamos: no dimensionamos la felicidad de los momentos hasta muchos años después.

Me alejo y ya pienso en las noches que te evocaré en medio de remolinos de alcohol, preguntándome si en realidad existió alguien así o si tan solo fue un invento de mi fugaz corazón. Desde las sombras, absorto en otro de esos vacíos existenciales intentaré recordar la sensación que me invadía cuando caminaba junto a ti y no podré evitar preguntarme en dónde estarás, Me alejo y pienso que está bien hacerlo pues sé bien que tampoco te gustan los finales felices

domingo, 23 de abril de 2017

Cinismo y pupilas de humo



"Siempre — decía— llevamos una máscara, una máscara que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de los papeles que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del marido engañado, la del héroe, la del hermano cariñoso. Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie, nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?"


Deseé ser un perro, puro y sincero como un perro, vivir la sencillez y desfachatez de la vida canina, ser austero e independiente, ¿Acaso la naturaleza obedece a fronteras?.


"Estoy solo, pero camino como un ejército que irrumpiera en una ciudad" 

La madera se siente caliente bajo mis pies, el aire está tibio a pesar de que la ventana está abierta en medio de la madrugada, el calor es insoportable, salgo a caminar mientras pienso en amigos, en mis némesis, en antiguos amores, en las figuras públicas, en mis familiares y me invade una sensación inexplicable, ¡Qué falso es el mundo y quienes lo habitan! Me sentí, solo, viejo y paranoico, regresa a mi esa tendencia auto destructiva de sentirme traicionado por aquellos que me rodean y de encerrarme en ese caparazón infranqueable, siempre un naufrago, siempre en mi isla, el eco de una casa vacía, la compañía de un locutor poniendo un éxito en la radio, el reflejo en la ventana del autobús, el abrir la nevera en busca de comida, el cerrar tras de ti la puerta de tu casa con alivio, seguro de que afuera han quedado todos los males de este mundo. 


A pesar de eso, no tengo ganas de volver a casa, no sé a donde ir, aguardo a que oscurezca, vago por las calles entre vagabundos y putas, me gustaría tener un lugar al que ir, con la seguridad de que alguien tome mi mano y a lo mejor impida que me ahogue en mi desconcierto y soledad, no quiero ir a casa porque sé que no encontraré nada allí, el tiempo se deslizará lentamente y solo me hundiré para ver las burbujas de mis sueños ascender para luego estallar y morir mientras mis pulmones suplican por oxígeno. Me abordará esa extraña sensación que comienza en la boca de mi estómago y sube por mi tráquea, esa repugnancia dulzona de la que habla Sartre,¡Ya estoy hablando de Sartre!, no puedo evitar sentirme pretencioso en ocasiones, como todos. 


"Los cuervos devoran a los muertos y los aduladores a los vivos "

Hablan del mundo real, de conducir autos, de ir a bares, de dietas, del último celular que vale al menos tres salarios mínimos, de inversiones, de facturas, se hacen los interesantes citando a Cortázar y a Kubrick pero pocos comprenden el mensaje detrás de sus obras. Todos inmersos en su burocracia, en su moda, en la complicada forma de hacer las cosas, la gente asume que yo también hago parte de ese mundo pero no es verdad, no me interesa en lo más mínimo hacer parte de esta realidad, 

Una conversación es sensata cuando ambos interlocutores dejan de hablar y permiten que el silencio los invada, el silencio está bien, es una muestra de que ambos dijeron lo que debían decir. Por otro lado están esas otras conversaciones en las que todos se están pisando e interrumpiendo continuamente creyendo que lo que pueden decir es más importante.

"Es extraño que todo me dé lo mismo; me espanta".

Soy un pedazo de basura que se esconde tras su propia máscara, expongo mis debilidades y la uso como mi propio escudo, uso la mascara de alguien que quiere ser todo lo que no crea que puede existir, soy un cínico que no cree en la sinceridad o bondad humana, creo que todo va ligado a los intereses, a una forma posterior de tener poder sobre alguien más, no creo en las motivaciones humanas ni en sus acciones, tiendo a expresarme de forma irónica, sarcástica y burlona, lo siento, mi sinceridad me supera.

Estoy vacío, el lícor no me embriaga, el sexo no me da placer, las drogas no me estimulan y la opinión de los demás me tiene sin cuidado. Me quedo viendo a las personas sin que se den cuenta, casi puedo ver donde termina su rostro y empieza su máscara, te buscan únicamente cuando requieren de tu ayuda, piden ser escuchadas pero se enfadan cuando deben afrontar la verdad, ¿Por qué siempre deben tener la razón? me hablan de sus vidas pero yo estoy absorto en mi pequeño caparazón, en mi intento de vida canina condenada al fracaso por la forma en que funciona el mundo hoy.


martes, 18 de abril de 2017

Ebrio en la lluvia



El cielo es un toldo uniforme y grisáceo y la lluvia cae sin dar tregua, comenzó como el deslizar del tiempo en el interior de un reloj de arena, gota tras gota, ovaladas e inofensivas que caen como un avión en colisión, estrellándose contra el suelo en una sangrienta caída libre de moléculas que quedan esparcidas en asfalto dejando tras de sí ese olor particular a Petricor, el olor mismo de la vida que trae consigo la lluvia. 

La visión se dificulta y el torrencial ruido del agua al caer distorsiona los sentidos, en poco tiempo el cabello cubre su rostro, dificultando aún más la visión. Las luces de los semáforos se transforman en una especie de llamas líquidas que flotan con fuerza propia casi como derritiéndose.

Los transeúntes buscan protección y corren a refugiarse como si se tratara de una lluvia de meteoritos, mientras, los valientes, o más bien aquellos que no tienen nada que perder, se aventuran al exterior y como si se tratase de sumergirse en profundas aguas, se enfrentan al aguacero.

Se hace difícil ubicarse tras avanzar algunos metros, el agua sube, las gotas resbalan por las mejillas como si se tratase de lágrimas y avanzar entre charcos es como atravesar un campo minado, hay un punto en el que todo está tan mojado que ya no importa si se pisa un charco o si un auto salpica con con sus poderosos neumáticos a los miserables que permanecen bajo el agua, ya no importa al fin y al cabo es simple agua. 

Los charcos se unen y las calles se convierten en afluentes tormentosos, los zapatos surcan el asfalto y se puede sentir el agua penetrar la suela y enviar una descarga nerviosa de un hielo atravezando  la piel. 


Lo cierto es que nunca antes el mundo había sido tan suyo, tan libre, son pocos en las calles y se puede correr, gritar, saltar, maldecir, nadie va a hacer nada, únicamente mirar desde lo seco y cálido de sus ventanas, correr no equivale a negarse menos. 

Debes llegar a tu destino y nada lo impedirá, el cielo comienza a iluminarse con los relámpagos que anteceden al trueno, la ropa pesa pero nada puede detener a un vagabundo que como un capitán ebrio  y soberbio de euforia y alcohol, se aferra a las amarras de su embarcación con una mano mientras con la otra sostiene una botella de ron a medio terminar.


¿Es esta la furia de Dios? Creo que puede hacer algo mejor, porque no pienso detenerme. Una afronta irreverente.