miércoles, 14 de diciembre de 2016

Dibujar la guerra, los bosquejos de Jairo Martínez

Fotografía: Cristian Mora

Antoine de Saint Exupéry, el famoso aviador relata en su libro cómo dibujó varias ovejas a petición del joven Principito, de igual forma le dibujó un elefante comido por una serpiente y finalmente le entregó un dibujo de una caja de agujeros con una oveja adentro, justo como la que el pequeño príncipe había imaginado.

Jhoiner García Moreno, alias ‘Jairo Martínez’, un guerrillero del Bloque Sur de las Farc, también gusta de dibujar en su cuaderno y su tiempo libre lo dedica a leer y a hacer trazos y retratos, incluso, cuando sus compañeros se lo piden también dibuja cosas para ellos. Jairo es uno de los guerrilleros que hizo historia en los Llanos del Yarí y asistió a la X Conferencia Guerrillera.

Antes de ingresar a la guerrilla y responder a este alias, Jhoiner era un joven estudiante de bachillerato perteneciente a la etnia indígena de los Coreguaje, un pueblo indígena que habita a orillas del río Orteguaza en el Caquetá y en las cercanías al río Mecaya en el Putumayo.

El olvido al que los Coreguaje y las tribus indígenas han sido condenadas a lo largo de la historia, hace pensar que Colombia es una tierra habitada por las mentes estrechas que el Principito encontró durante su viaje a través de la galaxia: reyes sin súbditos que dan órdenes, hombre de negocios que cuentan las estrellas y que de forma absurda las reclaman como propias, geógrafos absortos en la teoría pero que nunca han salido a explorar su cartografía, y borrachos que beben para olvidar que son borrachos.

Jhoiner descubrió esta realidad al viajar a través del país, “tuve la oportunidad de recorrer muchas partes del sur de Colombia como El Amazonas y Puerto Leguizamón en el Putumayo, viajé por el Caquetá e incluso estuve en Bogotá, durante ese recorrido vi mucha injusticia, gente que se cubría con cartones, otros que dormían en la calle, incluso en ocasiones uno tenía que pasar por encima de ellos para seguir su camino, y ver a esa gente es triste. A uno le dan ganas de llorar”. 

“Fue el primer dibujo que hice, no me quedó muy bonito, pero a mí me quedó gustando así que seguí dibujando, cualquier cosa que yo viera que estuviera a blanco y negro la dibujaba”.


Fue durante esta época en la que Jhoiner comenzó a dibujar, pasaba horas en la biblioteca de su colegio devorando libros y observando a otras personas con talento para el dibujo y aprendiendo de ellos. Recuerda que el primer dibujo que hizo fue el rostro de Gabriel García Márquez, incluso sin conocer de cerca las obras del nobel, “yo tenía muchas ganas de conseguir Cien años de soledad, pero nunca tuve la oportunidad, he escuchado que es muy bueno, pero no lo he encontrado”.

Pero incluso con una nueva pasión creciendo a través de la tinta y el papel, el horizonte no parecía muy alentador, sin garantías para estudiar, nacido en una región aislada y criado en el humilde hogar de su abuela o ‘su viejita’ como él la llama, García aún no tenía claro su futuro “mi familia quería que yo fuera profesor, pero no me llamaba la atención, por otro lado, me decían que ser abogado era algo importante. Yo iba con la idea de eso, terminar el estudio y comenzar una carrera”.

Finalmente en 2011 la vida de Jhoiner dio un giro inesperado cuando un grupo de guerrilleros le salió al paso y lo sorprendió mientras él caminaba por la carretera, “en mi familia me inculcaron que eran criminales y terroristas, yo les tenía miedo, siempre que los veía de lejos me escondía, no me dejaba ver de ellos, pasaban en gran número, pero esta vez me vieron, y el corazón se me salió del pecho”, dice.

Fotografía: Cristian Mora  "Un profesor universitario vino desde Bogotá y me dijo que yo tenía buena ortografía y buena letra, también eso lo anima mucho a uno, yo no sé mucho  pero sí manejo la ortografía, me defiendo con eso de las tildes, las comillas y las comas”.
El grupo de guerrilleros se acercó a Jhoiner y lo saludó normalmente, le hicieron las preguntas de rigor: ¿Cómo se llama? ¿De dónde viene? ¿Para dónde va? Incluso le ofrecieron chocolate, ese fue el momento en que este Principito de tierras mestizas decidió abandonar su tierra y explorar un nuevo universo, se mezcló entre los guerrilleros, miró hacia atrás por última vez y continuó.

Tras caminar algunos kilómetros, al grupo llegaron más guerrilleros, entre ellos el comandante de la unidad, quien al percatarse de la presencia de Jhoiner lo mandó a llamar. Durante una breve entrevista le explicó a Jhoiner todo lo referente a las Farc, el joven indígena, lleno de preguntas, sació su sed de información ¿Por qué andaban armados? ¿Por qué peleaban contra el Ejército? “Él me lo explicó todo, me aclaró que peleaban por defender las leyes del pueblo, me habló un poco del estudio y la vivienda, ahí me motivé para entrar a la guerrilla”.

A partir de ese momento Jhoiner adquirió una nueva identidad, ahora respondía al alias de Jairo, un nombre que con el tiempo se convirtió en el de Jairo Martínez, un antiguo militante del frente que murió antes de la llegada de Jhoiner al campamento. 

“El nombre me gusta, es en homenaje a un camarada, yo no lo conocí pero lo he visto en fotos, supuestamente porque me parecía mucho a él”. 

Después de recibir el entrenamiento militar correspondiente, fue asignado a una unidad de orden público y tan solo una semana después se vio envuelto en su primer hostigamiento, “los primeros días uno siente muchos nervios, ya que nunca ha disparado, nunca ha escuchado los tiros. Durante el combate uno no sabe qué hacer, si salir corriendo o no, pero con el tiempo uno se adapta a esa vida, se pierde el miedo”.

Además de su predilección por la obra de Saint Exupéry, Jairo reconoce la influencia que ha tenido en su vida el libro “La guerra no tiene rostro de mujer”, de Svetlana Aleksiévich, la nobel de literatura.


Jairo Martínez aprecia los últimos seis años que ha pasado en las filas de las Farc, e incluso está pensando en pedir una caja de colores nueva para seguir dibujando, “si uno quiere en verdad prepararse aquí, uno lo plantea, expone las propuestas, dudas o sugerencias. El que no aprende las cosas aquí es porque no quiere, porque aquí existen todas las posibilidades de aprender, prácticamente la guerrilla es una escuela”.


De cara al Acuerdo de Paz y al fin del conflicto entre el Estado y las Farc, Jhoiner habla sobre su futuro: “Si me le dan la oportunidad yo continuaré estudiando. Estudiaría todo lo que tiene que ver con los Derechos Humanos, juegan un papel muy importante a nivel mundial porque se trata de defender al pueblo, ese es mi sueño”.

A la espera de una conclusión, Jairo seguirá ahí, esperando el momento en que pueda reemplazar definitivamente su fusil por un lienzo y un pincel, con los cuales, seguirá apostándole a la revolución, pero está vez, trazará una nueva historia a través del arte y la expresión gráfica.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Imagen: Creative Commons - NASA


Ser astronauta y recorrer el espacio parece una proeza que podrían alcanzar únicamente los protagonistas de películas como Interstellar, Gravity u Odisea al Espacio, una línea invisible que ha trazado lentamente la ciencia ficción ha desdibujado lo cotidiano de una profesión que si bien no todos pueden ejercer, es casi como cualquier otra.

Casi como escapando de ese mundo abisal, oscuro y carente de gravedad donde el silencio y el infinito son ley, llegó al Planetario Distrital de Bogotá el  biólogo, educador y astronauta de la NASA, Richard Arnold II, introducido por el reconocido astrónomo y asesor científico Germán Puerta, el astronauta oriundo de Maryland habló acerca de su carrera, el enorme e inexplorado espacio y de su actual labor entrenando a las nuevas generaciones de astronautas.

Arnold habló acerca de sus inicios como profesor, reconoce que su vinculación a la NASA fue poco usual, puesto que son pocos los educadores que logran ingresar a este equipo, además recuerda como uno de sus héroes de la infancia a Jacques Cousteau, explorador e investigador submarino de origen francés, le motivó a reemplazar una escafandra por un casco de astronauta.

“Jacques Cousteau estuvo sentado ahí mismo donde tú estás sentado, claro, hace ya muchos años cuando visitó nuestro país” le confiesa Germán Puerta a él y a toda la audiencia, y así fue, el investigador francés visitó Colombia en el año de 1981, donde además de visitar la Amazonía, visitó Bogotá, recorrió sus calles y dio conferencias en la universidad Jorge Tadeo Lozano y el Planetario Distrital.

¿Cómo  llegar a ser astronauta?, es una de las preguntas más comunes que le hace la gente, el astronauta levanta la mirada, “tienes que estudiar matemáticas, ciencia, y adquirir vastos conocimientos de ingeniería y medicina…ah y ruso” asegura.

“El despegue y el aterrizaje son quizá los momentos más peligrosos de la misión, ¿Qué si estaba asustado al momento de despegar? Quizá un poco, pero fueron los 8 minutos más excitantes de toda mi vida”

La misión STS-119 tenía como objetivo continuar con la construcción de la Estación Espacial Internacional e instalar nuevos páneles solares, realizando dos caminatas espaciales durante doce horas.

“No es una distancia muy larga, pero pude observar este increíble y hermoso planeta que compartimos” dice con orgullo.

Si bien, la vista de la Tierra desde la Estación no es tan sorprendente, las estrellas si resultan un espectáculo digno de ver, al estar tan cerca, pueden verse de una forma tridimensional que solo son capaces de ver aquellos con la preparación y el conocimiento suficiente para viajar al espacio.

El astronauta habló acerca de su experiencia en la Estación Espacial Internacional, considerada uno de los más grandes avances a nivel de ingeniería, la estación que se encuentra a unos 400 kilómetros de altura, puede ser distinguida desde nuestro planeta por su luminosidad que es equiparable al del planeta Venus.

En esta, actualmente tripulan seis astronautas, tres rusos, dos estadounidenses y un italiano, cuatro hombres y dos mujeres, Arnold equipara el estilo de vida de estas personas con los que habitamos en la tierra, durante las noches ven películas, en el día hacen ejercicio y realizan llamadas a sus familiares en la tierra, con la sutil diferencia de que llegan a ser testigos de entre 16 y 18 amaneceres por día.

La comida tampoco es un problema, ya que es seleccionada en la Tierra antes de partir, prácticamente se cuenta con todos los alimentos que podrías tener en el planeta, claro, el agua, uno de los recursos más importantes para la supervivencia es un tema diferente, el agua de la Estación Espacial Internacional es reciclada de los desechos del sistema urinario

“Prácticamente orinamos el café que beberemos en la mañana” me confiesa el astronauta con tono humorístico.

Además en la Tierra, permaneció en el Laboratorio Submarino Aquarius Reef, ubicado 17 metros bajo la superficie del océano Atlántico, en Cayo Largo y sumergido en medio de un arrecife de coral.
“Lo más peligroso de permanecer allí es que respiramos aire bajo presión, de resto, es un hermoso lugar para vivir”.

Finalmente, se refirió a los adelantos de la NASA y la preparación para llegar al planeta Marte, “Los más grandes riesgos están en la gran distancia que debe ser recorrida, además estamos constantemente expuestos a la radiación del sol". explicó Arnold II antes de levantarse y perderse de nuevo en el intrigante mundo que se expande sobre nuestras cabezas. Un mundo que esconde toda clase de misterios a salvo de la del hombre. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

Lo relativo del tiempo en un contacto visual



Tarde. como siempre, corre a través de la avenida, sus latidos se mezclan con la batería de Philthy Animal en"Overkill" de Motörhead, es la canción perfecta para la situación, se detiene frente al semáforo, cinco minutos, una nueva marca.


Aceptó la invitación para no quedarse tendido en su cama viendo el techo el resto de la tarde, después de todo, nunca se sabe lo que se encontrará a la vuelta de la esquina, en efecto, un nuevo hallazgo, tiende su mano y se presentan, ella lo miro extraño, como si fuera raro saludar educadamente en el siglo XXI, caminan, las pelirojas tienen un encanto especial, y esa camisa a cuadros le dan un toque grunge que sin quererlo llama su atención, sin saberlo, graciosa, provocativa, un halo de atracción que emana su rostro, reta su inteligencia.


No la conoce y sin embargo visita su casa por primera vez, ella le pide que tome asiento, ¿Qué es esto? ¿Norwegian Wood?. Chiste va, chiste viene, así es como comienza todo, oculta su rostro tras una cartulina y únicamente puede ver sus labios, le enseña algunos de sus dibujos, es una artista, un alma libre, se voltea y pide su sugerencia, sus ojos se encuentran, al fondo suena "The Scientist",  el efecto Coldplay piensa él mientras sigue con sus ojos los de ella, ninguno apartó la vista.


¿Cómo se supone que se sabe cuando se hace 'click' con alguien? ¿Qué clase de señal hay?   Ni siquiera sabe su edad y a duras penas recuerda su nombre, así de relativo es el tiempo, pensaría Benedetti, pero mientras sus ojos siguen inamovibles, ya se están creando infinitas realidades en otros universos donde él y ella.... las posibilidades son infinitas y de todas las realidades, esta fue la que se vio interrumpida por el timbre en la puerta.

Ella abre la puerta y un hombre ingresa, se besan, ¿Qué hace con este idiota?, es hora de marcharse, abre la puerta y el frío lo golpea como una onda expansiva, acompañada de soledad, se acomoda el casco y viaja en su moto,  no ve nada a su alrededor, las luces navideñas se confunden con la música de Cafetacvba y Spinetta, una mezcla nada recomendable. Sí, las pelirojas, atractivas y peligrosas, y él, tarde, como siempre.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Elegía a un humano


Amigo lector, no es necesario que lea o comprenda este texto, es un escrito realmente personal y que quizá solo pueda comprenderlo su autor y su subjetiva imagen de lo sucedido.

Monsieur Jeangros solía decir que le gustaba el azul cielo, porque el cielo no tiene límites.
-Feliz cumpleaños Cristian Camilo  -

Esas fueron las primeras palabras que me dirigió Roland Jeangros, rector del Colegio Refous, aquella mañana estiró su mano y me felicitó, era un 22 de julio de 1998 y Monsieur Jeangros acababa de darme el mejor regalo de cumpleaños que yo podría haber recibido, yo aún no lo sabía pero con su apretón de manos me estaba abriendo las puertas a un mundo nuevo y sin saberlo, también estaba comenzando a labrar un camino, imprimiendo enseñanzas  y una personalidad en mí.

Corría, descendiendo por aquellos largos escalones que debía cruzar para ir al campo del recreo, aún los veo en ese cámara subjetiva, el ladrillo que avisaba el fin de un escalón y el comienzo del otro, y de repente la física hace de las suyas, y un niño de cinco años prueba el sabor del cemento en su primer día de escuela, creí girar en el aire tras aquel tropezón que me propinó otro niño que corría en dirección contraria, la sangre y el llanto no se hacen esperar y el pequeño Jones permanece en el suelo, tirado y cubierto de tierra, a su lado, casi como una estampida, los demás niños cruzan indiferentes en todas las direcciones y de repente, Roland Jeangros hace su aparición, la memoria no me alcanza para recordar sus palabras, pero sus manos están ahí, tal como me las extendió para desearme un feliz cumpleaños meses atrás.


Me calma y cruzo junto a él el campo de recreo, ese de donde sacaría piedras para meterlas en mis bolsillos y hacerlas parte de mi colección, ese donde perdería muchos de mis juguetes en los castillos de arena que construiría más adelante, me lleva de la mano, me adentra en la cocina, un lugar oscuro donde me cura, esparadrapo en mi ceja derecha, me guía y tomo asiento mientras él se ausenta, frente a mí, veo por primera vez el cuadro de "Relatividad" de M.C Escher que me perseguirá toda la vida y a lo lejos el "Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar" de Dalí, yo para esa época no sabía un carajo de arte ni de surrealismo, solo sabía que me acababa de descalabrar en mi primer día de colegio, el análisis semiótico de los cuadros se vio interrumpido cuando Jeangros regresó con un vaso de gaseosa Colombiana y unas galletas Waffer, después de aquel recuerdo, solo hay lagunas mentales.

Mis encuentros con Monsieur fueron pocos desde entonces a pesar de verlo todos los días, siempre lo veía a lo lejos, envuelto en su bata blanca, recorriendo la geografía de su colegio, año tras año más y más lento, recuerdo el sonido de sus zapatos arrastrarse por el camino, y el brillar de su blanca cabellera, inquieto por naturaleza, cuando no estaba caminando, estaba al frente de la cafetería (o cooperativa) del colegio, dando el cambio a aquellos que compraban su lonchera en el lugar, las vueltas, a veces pagadas con dulces, eran entregadas por aquel humilde director que prefería atender a sus alumnos que cumplir con el rol de un monótono director, Yo crecía y él parecía encogerse más, asumiendo una postura que lo jorobó con el pasar del tiempo, para mí, seguía siendo él mismo, siempre fue, en mi imaginario una figura poderosa, indestructible, pensaba en él y no podía evitar asociarlo a personajes ficticios que para aquel entonces  comenzaban a alimentar mi imaginación, Vito Corleone, Yoda, Gandalf, Albus Dumbledore, hombres de trayectoria y poseedores de sabiduría y conocimiento, de esos desconfían de esta gélida sociedad, porque la ha visto de frente, de esos que cargan con el peso de la soledad y de la historia en sus hombros, un renegado, lo llamaría Mario Mendoza, para mí era un guerrero, anárquico, confiable, testigo y gladiador de batallas.


Como dije, nuestros encuentros eran esporádicos, en las maratones del Sisga, donde Monsieur daba la orden de salida de los corredores, en la cotidianidad, en sus visitas a los salones de clase, en los regaños antes de la oración de las mañanas y en el abismo que puede existir entre un rector y un alumno, como profesor, solo tuve una oportunidad de conocerle, y una vez más el buen Jeangros me extendía su mano sin saberlo, una clase de música fue suficiente: Samba Pa Ti - Santana (Live in Mexico), una grabación original de 1993,  una clase dictada por un amante de la música clásica fue suficiente para que las artes, al menos las musicales captaran mi atención.
Mendoza  escribió acerca de Jeangros mucho antes de su fallecimiento, y muy seguramente después de hoy, muchos otros que como yo, pasaron varios años de su vida en el Refous,harán lo mismo, todos con un enfoque diferente, y basados en las experiencias personales que vivieron con Monsieur, este escrito no representa nada en realidad, soy solo uno de los muchos corazones que tocó Jeangros, seguramente para él, mi rostro fue el de un grano de arena en el desierto, una gota en el océano del  lóbulo temporal de su cerebro.

Antes de Los Cazadores del Arca Perdida, antes de los desamores de Amy Winehouse, antes de la marimba en "Under My Thumb" y  del sitar en "Paint it Black", antes de ser Jones, mi universo se construyó a partir de los cimientos que Jeangros preparó para nosotros: naranja, azul, carmelita, negra, verde oscura, amarilla, carmín, verde clara, roja, blanca. para algunos, esta expresión se reduce a simples colores, para mí y mis compañeros, eran las herramientas con las que se sustentaba la arquitectura del mundo, una matemática básica que comenzaba en madera y terminaba en los ladrillos de una réplica perfecta de una de las torres des “Le Château de Porrentruy”, una estructura de la segunda mitad del siglo 13 ubicada en Suiza, cuna de Monsieur Jeangros, quien, después de la Segunda Guerra Mundial, dejó atrás para hacer de Colombia su nuevo hogar.

No se si Jeangros consideraba que tenía una deuda con la tierra que lo recibió, pero si ese era el caso, al comenzar una nueva vida en Colombia, sembró una semilla, una que sin duda pago con creces, la semilla del Refous, un lugar que más allá de formar estudiantes formaba personas, las preparaba, porque él lo sabía, sabía que este mundo es agreste, rudo, inmisericorde, que te pondrá de rodillas y te hará suplicar que se detenga y que para poder sobrevivir en este mundo hostil, debíamos  ser preparados, no me pregunten por qué, pero creo que lo sabía.
Tras esas espesas cejas, se escondía cierto carisma, había terquedad, fuego, enigma, misterio, un acertijo, una mirada paradójica que para muchos era atemorizante y severa, quizá, sí podía llegar hacerlo, para mí resultaba la mirada de un explorador viendo a través de un catalejo, en especial cuando arqueaba sus cejas, era casi como la mirada de un infante (más no infantil) como alguien que busca descubrir el sentido de lo que presencia, estricto pero con un agradable sentido del humor, serio pero con breves lapsos de  la ternura que puede despertar un anciano, sencillo, pero imponente, una obra de arte de esas que es necesario verlas de lejos para comprenderla, para verla en toda su extensión, desde lejos 






sábado, 29 de octubre de 2016

Escribo con tilde su apellido

'"Hank, eres un buen escritor, pero no sabes una mierda sobre las mujeres"


Conozco su caligrafía, es fina y delicada, escribe las a con un círculo perfecto, casi como si se tratara de una firma,  su redacción es sobria y seria, un contraste con su voz y  con su risa, la cual me recuerda una pequeña explosión de felicidad, una cascada de alegría que asciende por su garganta. Veo su reflejo a través del vidrio, ella voltea a mirar del otro lado de la habitación, ¿Me mira a mí o ve su propio reflejo en el vidrio? era difícil saberlo.

Forcé el camino a casa para que se cruzara en mi camino, ¿Cuáles eran las posibilidades? Sin embargo allí estaba, sentada entre la multitud, reconocí su cabellera a lo lejos, pasé rápidamente frente a ella, como quien cruza una cebra en la calle, contacto visual,, me siguió con la mirada, como usualmente lo hace, por mi parte yo vuelvo la mirada al frente y sigo mi camino.

En realidad se siente extraño caminar a su lado, yo solo pienso que decir a continuación, pero a la única conclusión que puedo llegar es que Noel es mejor que Liam Gallagher, cuestión de percepción.

¡Bang!


sábado, 22 de octubre de 2016

De Hell´s Kitchen, Marlon Brando y Cassettes de los 90


Put a flower in your pocket
If you seem them boy, you drop it
And you run, run 
They may pretend they like you But man's best friend will bite you
Just for fun, fun




Otra noche, un nuevo corto circuito, una nueva sobredosis surfeando en las guitarras de John Frusciante y Dan Auerbach, surcando las aguas de Pearl Jam, Stone Temple Pilots y Nirvana, como si quisiera vivir atrapado en los carretes de un cassette, deslizándome por sus cintas magnéticas como si se tratase de un tobogán, hace mucho comprendí que ya no soy capaz de dormir y transformo los segundos en acordes, recuerdo a Matt Murdock y su capacidad de detectar la veracidad o la mentira de las palabras por las variaciones en el ritmo cardíaco de las personas, qué útil me hubiera sido. 


Otra noche sin comprender la lógica de las cosas, o el funcionamiento o forma de racionalizar de las personas, Edward Blake solía decir que  "una vez que te das cuenta de que todo es una broma, ser el comediante es lo único que tiene sentido", en ese sentido hoy me siento como el más cómico y burlesco de los hombres. 

Es gracioso, repasaba esa misma frase en mi mente cuando se sentó junto a mí, en realidad no debería estar pensando en esa frase, no cuando tengo un libro entre mis manos y debería estar siguiendo la lectura, ahora no seré capaz de concentrarme, lo sé, pronto la conversación entre Marlon Brando y Truman Capote se funde en no sé que clase de abismo, no tardo mucho en darme  cuenta que he leído la misma línea al menos unas veinte veces,  su voz interrumpe mi incoherente soliloquio ¿Es a mí a quien habla? ¡Sí, es a mí!, ya soy lo suficientemente mayor para conocer el juego, todo pasa a ser rápidamente otro soñar despierto por archivar, mirar el reloj, atravesar el pasillo, caminar con sigilo hasta mirar a sus ojos y ver una vez más la puerta de ese ascensor abriéndose tal como la última vez. un simple consejo,,, no hagan caso a los buenos presentimientos...muy a menudo resultan ser falsos.



lunes, 10 de octubre de 2016

¿Esperaban una entrada objetiva del concierto de Iggy Pop en Bogotá?, ¡Olvídenlo!



Lo más sorprendente de todo es ver la poca cantidad de gente que espera en la fila para ver a Iggy Pop, es el puto padrino del punk y sin embargo la fila no está formada por más de veinte personas en principio. Es el verdadero espíritu del punk el que aguarda desde temprano para poder ver a esta leyenda viviente, el mismo espíritu que ha hecho que una suerte punketo llevado por la mala aguarde impaciente en la fila, comabte la ansiedad a punta de guaro y cerveza, como lo harían Sid Vicious  y Joe Strummer si aún siguieran con vida, pero la decencia y la cortesía, que no pintan nada  en un espectáculo de punk no perdonan y el querido punketo alcoholizado es retirado del lugar, quién sabe, quizá se supiera todas las letras del viejo Iggy y probablemente se gozara el show más que todos nosotros, lo único seguro es que la resaca del día siguiente fue muy dolorosa. 

James Newell Osterberg, Jr. es un verdadero superviviente, el último de una estirpe, sobrevivió a los torrentes de heroína que él y sus compañeros de The Stooges se administraban antes de cada concierto, Iggy Pop cruzó el umbral de los 27 años, mientras que una oleada de artistas, entre ellos Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison murieron a comienzos de los años 70, Iggy seguía ahí aún después de conocer cómo la autodestrucción puede llevar a la muerte a un rockstar, tal como fue el caso de Keith Moon de The Who,

Fue con la música de Iggy que Ian Curtis de Joy Division se quitó la vida en 1980, mismo año en que John Lennon fue asesinado, los noventa llegaron, y con ellos se fueron Freddie Mercury y Kurt Cobain. De igual forma comenzó el siglo XXI, época bizarra para la música y que ha dado comienzo al fin de una generación, George Harrison, Ray Charles, James Brown, Michael Jackson, Lou Reed, Lemmy, David Bowie (quizá la pérdida más dolorosa de Iggy) la lista es interminable, y sin embargo Iggy Pop sigue aquí.

Iggy comenzó con una descarga de sus tres canciones más conocidas: "I Wanna Be Your Dog", "The Passenger" y "Lust For Life", así, sin anestesia, una tras otra, algo que dejó a muchos sin qué cantar después de eso, nuestra teoría es que cantó esas tres canciones de primeras porque son las que más demandan energía y que, quizá más tarde, agotado no podría entregarse de la misma forma en que lo hizo al comenzar el show.

"Prendan las luces, quiero verlos a todos" ordena Iggy mientras recorre con su mirada el lugar, esa mirada azul eléctrico, mira de izquierda a derecha, desde los que están frente a él, hasta los que en el fondo intentan llamar su atención. Iggy se alimenta de su público, es casi como un simbiosis y ante la perpleja mirada de todos se arroja sobre la multitud, tal como lo hacía en los principios de su carrera, Iggy pasa de unas manos a otras, todos enloquecen por tocarlo, por sentirlo, mientras él se entrega a su público para luego volver al escenario y seguir con el show.

A medida que el show avanza,  las canciones de su carrera en solitario se mezclan con las de su etapa en The Stooges, cada canción acompañada de una pequeña introducción, una historia por contar, siempre sonriente, su rostro, plagado de arrugas hace toda clase de muecas y gestos, es la visiónde lo infantil y lo añejo, la sabiduría y lo picaro de un niño: "Candy","Nightclubbing"; "Five Foot One", "Sixteen", "1969", "Wild One", "Gardenia", "Down on the Street", "Skull Ring", "Raw Power" una tras otra, sin pausa, casi como si tuviera acumulada una descarga de energía que debe aprovechar mientras aún sea posible, 

El espectáculo termina con "No Fun"  y tras finalizar la canción y retirarse junto a su banda por algunos segundos regresa para dedicar unas palabras a Bogotá, ciudad que lo recibió de forma clandestina en la década de los 90 y que se convirtió en su hogar por algún tiempo: “Soy bogotano, ustedes fueron muy especiales para mí y he pasado un gran momento”.

El padrino del punk logró salirse con la suya, explosivo, enérgico, sensual, poderoso y sencillo a la vez, a sus 69 años, Iggy sigue saltando de un lado a otro en el escenario, con su torso desnudo convulsiona en el suelo al ritmo de sus estridentes guitarras mientras en su mente maquina que inesperado movimiento hará a continuación.






domingo, 2 de octubre de 2016

Disección de un país enfermo




No 50.21%
Sí 49.78%

Desconcertado, lleno de frustración, así quedé tras escuchar el minuto a minuto del resultado de las elecciones, anonadado ante la ausencia de humanidad, únicamente se me ocurrió sangrar tinta 

El resultado es vergonzoso, incluso si el Sí y el plebiscito hubieran ganado por una mínima diferencia es evidente que hay una mitad del país que aún no cree en el perdón, una sociedad que que se niega a construir paz, que no ven en la justicia transitoria una salida, que ven en la impunidad una negación al odio, la venganza y el egoísmo. 

Se trata de un cáncer, un cáncer que se apoderó del colombiano, nada puede cambiar el latir de un corazón impregnado por el odio, es casi genético, un corazón que vive atravesado por un hacha de la guerra, nunca podrá vivir en paz. 

No puedo ver en nuestro escudo un cóndor majestuoso, únicamente veo un buitre sobrevolando alrededor del cadáver de nuestra sociedad ausente de humanidad. Evidentemente el problema no son las FARC, ni el Gobierno, y no por eso intento justificarlos, el problema somos nosotros, viene en los cromosomas, en el ADN, violento por naturaleza, un país enfermo que da segundas oportunidades a la iglesia, a los políticos corruptos pero que no brinda la mano a las víctimas directas del conflicto y que prefiere seguir invirtiendo en balas y no en educación.

Lo curioso es que aquellos que votaron Sí, fueron los departamentos en los que se vivió en carne propia el conflicto, personas que perdieron sus hogares, sus trabajos, sus familias, fueron capaces de dejar de lado el dolor y se atrevieron a dar un paso adelante, hablo de los que dijeron Sí en el Vaupés, Chocó, Cauca, Putumayo, Nariño y La Guajira, realmente los admiro, Por supuesto, hay departamentos donde también se ha vivido la guerra como Caquetá, donde regiones como San Vicente del Caguán dijeron que Sí al Plebiscito) Meta y Arauca se pronunciaron con fuerza con el No, y los comprendo, no es fácil olvidar, respeto su voto pero solo veo una capacidad muy difícil para perdonar. 

Lo triste es que la otra gran parte de los votos del No proviene de las metrópolis, de lugares donde la violencia no los ha tocado, que respalden al No sin leer en su totalidad de los acuerdos, que acudan a la mesa de votación y regresen en su lujoso auto a su departamento estrato 6 y que mañana puedan levantarse como si nada, qué fácil es votar No cuando se enteran de todo lo que sucede desde un televisor, qué fácil es votar No cuando no han sido atravesados por una bala, cuando no han visto a su compañero caer en combate, cuando no han sentido el olor de la pólvora en el aire, que no han sentido el miedo de ser emboscados por uno u otro bando. Qué fácil resulta negarse a sacar del bolsillo para reintegrar a la sociedad a un hombre o a una mujer que ha pasado su vida en las montañas y que no ha tenido las mismas oportunidades que un citadino.

¿Cómo recibir a un guerrillero que una vez llegue a una ciudad o a un pueblo encontrará a una parte de la sociedad que lo discrimine, que lo señale y lo rechace? ¿Qué pensará? ¿Cómo hacerles entender a todos aquellos guerrilleros que esperaban ansiosos una respuesta positiva del pueblo colombiano que, sí queremos la paz, que no pierdan la fe, que hallaremos una alternativa?.

Los del No celebran su "triunfo" hipócrita si me lo preguntan, respeto que sean la mayoría, pero aquí no hay nada que celebrar, un país que rechaza un tratado de paz ha perdido, aquí no ganó nadie, irónicamente Colombia se partió en dos por la paz, y ya nada volverá a ser igual, aquí se quedó en un limbo, en la incertidumbre, después de todo Colombia siempre ha sido un país de inexactitudes, el país más feliz del mundo según estudios salidos de quién sabe qué País del Nunca Jamás. 

Ahora, ni que decir del 62% de colombianos que no acudieron a las urnas de votación, Aquí no se puede hablar de una democracia real, porque los hay quienes viven en su isla de indolencia y desidia, dejando el destino del país en las manos de otro, esos son peores, irresponsables que les da igual si el país sigue o no por el mismo abrupto camino que ha labrado durante los últimos 60 años, nada más que decir sobre estas personas, en su conciencia queda el peso de su decisión. 


¿Faltó pedagogía para distribuir los acuerdos? No, lo que faltó fue la voluntad de leerlos, de comprenderlos, de tomarse el tiempo y evaluarlos, los que fallaron fueron los medios parcializados, lo que falló fue conformarse con el discurso de Santos que convirtió a la paz en una propaganda o con el discurso de Uribe y sus esbirros, un grupo al que se le invitó en numerosas ocasiones a participar en el tratado y se negaron a hacerlo pero que sin embargo afirman que buscan la paz, una generación de godos que vive en el pasado y que se escudan en la impunidad, cuando están tan manchados de sangre y corrupción como lo puede estar la guerrilla. 

Ante los ojos del mundo, Irlanda y Sudáfrica, la ONU, El Vaticano, Estados Unidos, la Unión Europea y el resto de Latinoamérica han sido testigos de este irracional e inverosímil resultado. Aquellos que temen que Colombia se convierta en un Estado castrochavista, (término que aún hoy muchos acogen pero no comprenden) tranquilos ¿Para qué convertirse en una Venezuela, si ya somos una Colombia donde se niega la oportunidad a un proceso de paz?, así lo perciben los demás países del mundo. 


Ganó el No, y eso plantea nuevos retos, ahora, amigos del No, deben asumir la enorme responsabilidad que conlleva negarse a un cambio, están comprometidos a aportar nuevas soluciones, en sus manos está la vida de cualquier colombiano a partir de este momento, no confió en su decisión pero espero que sea la acertada, los cuatro años que ha durado el Proceso de Paz no deben ser desperdiciados y si el final de conflicto ha de demorarse para que todos podamos convivir sin resentimientos, pues que así sea. A los que votamos Sí, les digo, no pierdan la esperanza, sigamos firmes con un anhelo de un país mejor, seamos lógicos con nuestra posición, si votamos por la paz, debemos respetar a aquellos que votaron por el No, sus opiniones puede que disten de las nuestras, pero no respondamos a violencia con violencia.

La paz no llega con la aprobación de un acuerdo, ni con la entrega de armas, ni votando, la paz comienza aceptando una nueva realidad, comienza con voluntad, dejando de lado los imaginarios, los miedos, los estereotipos, aportando ideas y no cadáveres, parece que las Farc lo han comprendido, de forma tardía pero lo han hecho, ¿Por qué nosotros no?. 

sábado, 1 de octubre de 2016

Un perro y un fusil, los mejores amigos de un guerrillero de las Farc

Fotografía Cristian Mora
Como es costumbre, Dayro “Carro” Tobar, un guerrillero del frente 15 del Bloque Sur de las Farc, hace su recorrido diario alrededor del campamento que él y sus compañeros construyeron desde su llegada a El Diamante en los Llanos del Yarí en el departamento del Caquetá.

De cerca lo sigue ‘Torres’, un perro criollo que lo ha acompañado durante los últimos siete meses, tiempo en el que el animal se ha convertido en un integrante más de esta fracción guerrillera.

Tobar obtuvo el alias de “Carro” por lo arrebatado, o al menos esa es la explicación que da cuando le preguntan por su sobrenombre, una personalidad arrebatada que lo llevó a tatuarse él mismo en su pierna derecha, a los 15 años, una estrella de cinco puntas, “fue una locura, no tiene significado, o tiene todos los significados que uno quiera, cada punta podría representar cada nación que liberó Simón Bolívar”, dice.

Quizá fue ese mismo arrebato el que lo llevó a ingresar a las Farc. Originaria de Santiago de La Selva, Valparaíso en el Caquetá, Dayro y su familia, compuesta por una hermana mayor y tres hermanos menores, crecieron en una zona en continua disputa entre las Farc y los grupos paramilitares. Para Dayro resultaba llamativo, según él, la disciplina con la que los insurgentes de las Farc cumplían las órdenes, y sobre todo, la forma en que los habitantes del lugar sentían confianza hacia la guerrilla. Todo esto hizo que se inclinara por hacer parte del grupo alzado en armas.

Fotografía Valentina García


‘Torres’ es ahora su familia. El perro sigue con la mirada a su amo a medida que recorren todos los recovecos de este campamento guerrillero. Tiene rasgos muy similares a los de un pastor alemán y llegó junto a Tobar después de un largo viaje en lancha y carretera hasta San Vicente del Caguán, lugar que será una de las zonas de concentración asignadas por el Gobierno y estipuladas en los Acuerdos de Paz.

“Este perro no tiene más de un año, se lo entregaron de cachorro a un muchacho, compañero mío de otro frente, estuvo con él durante siete meses, en ese tiempo me encariñé mucho con el perro, y yo siempre molestaba al muchacho ‘¡Me le voy a robar el perro, la verdad me lo voy a robar!’, y así fue.
En marzo la columna móvil a la que pertenecía Dayro cambió de planes y el guerrillero fue enviado al sur del país, para ese momento, el can respondía más a las órdenes de Tobar que del propio dueño, en vista de eso, este último antes de que Dayro se marchara se le acercó y le dijo: “Coja al perro, cójalo y no lo trate mal”.

‘Torres’ recibió el nombre en honor a Puerto Torres en el Caquetá, otra región desolada por la violencia entre paras y guerrilla. Esta zona para Dayro representa algo más que el origen del nombre del perro. Por sus selvas, animales, petróleo y la calidad de su gente, el Putumayo es el departamento que más recuerdos buenos le trae a Tobar.


Él es el responsable de alimentarlo. Siempre le sirve su comida a la misma hora en que el frente desayuna, almuerza o cena, allá, en medio de la selva, no existen los lujos ni el Purina, ni Nutre Can, ni el concentrado Hill’s, los perros han aprendido a comer lo mismo que los humanos, crecen bajo las leyes de la selva y regresan a sus orígenes lupinos.

Una vez en su caleta, Dayro se recuesta y unos segundos más tarde, ya repuesto, hace un tour por su dormitorio, “esta es mi caleta, ya con práctica se tarda más o menos unos 40 minutos en construir”, dice mientras apoya su mano sobre un palo de madera que hace las veces de toldillera. “Aquí duermo y en esa esquina duerme ‘Torres’”, explica señalando un rincón cubierto de paja en el que se ha echado a descansar el perro.

“Aquí está mi fusil – dice mientras apunta con su dedo a la horqueta de donde cuelga el arma-, pesa cerca de 11 libras, así que al final mientras marchamos por la jungla cargamos cerca de 40 libras, incluyendo nuestro chaleco en el que llevamos material de guerra como pistola y balas, además de nuestra cantimplora y el machete”.

“Aquí dentro de mi morral llevo mi cobija, toldillo, tres mudas de ropa y mis libros de estudio, los verdaderos profesores de nosotros son los libros”, afirma. En el suelo permanecen algunos utensilios, vasijas y cacerolas, al lado de una especie de talco para perro, todo da a entender que son los elementos de aseo que Dayro ha asegurado para su mascota.

No es la primera vez que Dayro tiene un perro en las Farc, incluso desde antes de su ingreso a la guerrilla en 2004, se caracterizó por ser un amante de los animales, “quiero a los animales, son lindos, pero son más lindos sueltos, hace un año nos acompañaba un perro llamado ‘Casanueva’. Era de color negro, mis camaradas lo confundieron con un canaguaro, (un tigrillo) y de un totazo le dieron un hachazo en la cabeza”.

Milagrosamente el perro sobrevivió, y los guerrilleros que lo hirieron tuvieron la oportunidad de reivindicarse con el animal y salvarle la vida.  Un bombardeo los tomó por sorpresa y el campamento se vio bajo ataque, Dayro, lejos del perro en el momento del ataque lo creyó muerto y siguió adelante, sin embargo, al rato sus compañeros aparecieron cargando a ‘Casanueva’.
Imagen: Valentina García

“En esa época los operativos eran duros. Cuando tuvimos que movernos nuevamente la situación no nos permitía seguir con ‘Casanueva’, por más que esté entrenado un perro, siempre puede poner en riesgo la operación, lo tuvimos que dejar atrás”, admite con cierta tristeza.

“Tuve otro perro que lo llamé Rubiano, no sé, siempre me ha gustado bautizar con apellidos a los animales, les da carácter. A este perro lo llamábamos ‘El abuelo’. Era un perro labrador, ya viejo, ya no tenía ni dientes el pobre, junto a él recorrimos el Putumayo, lo perdimos durante otro bombardeo”, dice.
“Cuando estuve en el frente 32 se nos unió otro perro, también viejo, lo llamábamos ‘Tucara’, para así poder hacer chistes cuando nos preguntaran su nombre. Todos lo queríamos, murió de viejo y lo enterramos. Cuando estuve en el frente 15 se nos pegó otro perro enfermo. Lo curé, lo bañé. El perro tenía una mirada cruel, y tenía dos cicatrices muy marcadas en el rostro, decidí llamarlo ‘Sámano’ como ese militar que mandó fusilar a La Pola. Dicen que al perro esas heridas se las hizo un oso hormiguero cuando lo intentó cazar, no sé pero su mirada era de puro Juan Sámano”, narra.

Dayro, conocedor de las junglas del país, sabe bastante sobre la fauna colombiana, al menos la que habitan en los llanos y en el sur del país, “durante los viajes uno puede ver dantas (tapires), ocarros (armadillos), canaguaros, osos hormigueros, osos perezosos, guaras (zorros) venados y muchos micos, de eso hay mucho, están los churucos, los maizeros, los bebeleche, hay unos que llamamos los soldados, porque son todos cari pintaos”, cuenta.

Explica que incluso ha visto a compañeros suyos tener micos de mascota. Afirma que después de un tiempo todo animal se puede amansar, incluso las serpientes. Pero sus compañeros no son los únicos que han tenido animales exóticos como acompañantes, a Dayro no solo lo han acompañado perros. Tuvo una iguana, la cual lo acompañaba durante las noches. Amante de las peleas de gallo fino, Dayro incluso llegó a tener un gallinazo o chulo, como parte de un insólito experimento.

“Dicen que si uno logra unir a una hembra de gallinazo con un gallo fino, sus crías son mejores peleadores, pero que no basta con la primera generación, que debe ser la segunda, la que creará un ave peleadora superior”, explica.


Ahora ‘Torres’ ocupa el lugar del mejor amigo de Dayro. Ambos esperan que después de la firma de la paz le permitan conservarlo y finalmente se pueda dedicar a la mecánica, “siempre he sido flojo para el estudio, hay gente que nace para la política, pero lo político es peligroso, soy un simple guerrillero de base, me gusta el trabajo en el campo, sueño con la mecánica, he tenido la oportunidad de trabajar con motores, y quiero aplicarlo, también me gustan las fundaciones y los programas a favor de los animales, y ahora que el Gobierno nos va a ayudar, me gustaría que me dieran mucha plata para alimentar a todos los perros sin hogar y que estos quedaran en buenas manos”.

La filosofía de vida de Dayro siempre ha sido la de recoger lo que cada uno siembra o como lo dice en sus propias “yo tengo un dicho: ‘Como lo trató el amo, así se cría el perro’”, una sentencia que ahora con la finalización de un conflicto de más de 50 años puede cobrar un nuevo significado para Dayro, quien está convencido que la única guerra que debe librarse es la guerra por la conservación de la naturaleza. 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Todo lo hicimos mal


Todo lo hicimos mal, fue la conclusión a la que llegó hoy este grupo de viejos amigos, esta absurda afirmación, es la que nos ha reunido hoy, pues de haberlo hecho todo bien, ustedes y yo no estaríamos aquí compartiendo esta cerveza, todo hace parte de una serie de eventos felizmente desafortunados, incluso habernos conocido fue producto de un irónico error. 

Todo lo hicimos mal, desde el momento en que nuestro espermatozoide superó al resto, negándole la vida al próximo Nobel de medicina o bien al próximo gran dictador fascista. todos lo hicimos mal cuando recibimos nuestra cédula y accedimos a que nos consideraran un código más, ¡Maldita sea, todo lo hicimos mal!, al igual que nuestros abuelos y nuestros padres, al subir al poder a dirigentes elitistas y macabros, y fallamos nosotros al no hacer nada para detenerlos, lo hicimos todo mal. 

Construimos una carrera de todas las formas que no se debía hacer, saltando de una profesión a otra, empezando por el final, finalizando por el principio, adquiriendo deudas con el Estado y las entidades bancarias, alcahueteando a profesores mediocres, asistiendo a clases innecesarias o peor, no asistiendo.

¡Joder!  Todo lo hicimos mal al escoger un trabajo mal pago, carente de oportunidades y que toma tiempo de nuestras vidas para alimentar la de un cerdo más, Tras elegir una oficina monótona y cuadriculada, viendo nuestros sueños volar por la ventana (eso sí nuestra oficina tiene ventana) perdiendo la oportunidad de conocer lugares y personas. 

Todo lo hicimos mal al crear una cuenta en Facebook, Twitter, Instagram y cualquier otra red social similar, le dimos acceso a nuestra vida privada a las grandes empresas a cambio de publicar un aparente  y falso estado de felicidad inútil y pasajero.

Todo lo hicimos mal al permitir que la religión, la política, la economía y su corrupción fueran alguna vez más importantes que la cultura y la educación, al permitir que el deporte, la música, el cine y la literatura, se postraran ante el hambriento consumismo que convirtió al arte en un producto carente de alma. 

¡Carajo, todo lo hicimos mal!.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Nubes, ballenas y jazz



Comenzó como comienza todo en la vida, un paso al frente seguido de otro, huyendo del asfalto, el smoke de los autobuses y el estruendo de las calles, un errante busca un escape en las cálidas notas musicales de una tarde cualquiera. 

La fila se extiende algunos metros, justo atrás mío en la hilera, reconozco a un antiguo profesor.
- ¿Cómo es posible que seamos dos personas viniendo solas? - me espeta mientras acomoda sus gafas de sol. 


Su pregunta queda en el aire, después de todo el jazz es para los solitarios, la fila avanza, mi maestro siempre me cayó bien, jamás entendí realmente su clase, o al menos su utilidad, pero nunca importó en realidad, avanzamos un par de pasos hasta que él decide marcharse, usa una excusa simple, la misma que yo hubiera usado, nos despedimos, lo comprendo perfectamente, su plan no era encontrarme, mi plan no era encontrarlo, ambos queríamos estar solos, lo veo alejarse mientras sigo mi rumbo. 


Camino un poco más, a lo lejos una especie de teclado suena, me recuerda al "Riders on The Storm" de The Doors, muy a lo Ray Manzarek. Me detengo y me recuesto sobre el pasto a mirar el cielo, buscando formas a las nubes,  la música se mezcla con el firmamento, una nube de apariencia irregular parece fusionarse con todas las que lo rodean,  sin embargo, entre todo aquel caos de cúmulos y gotas de agua sobre polvo atmosférico logro divisar una con forma de ballena, el mundo podría seguir girando, pero al menos esta vez lo haría al ritmo de las olas. Ahora, he convertido de este lugar en mi Atlantida personal, aquí el tiempo transcurre de forma diferente,  un lugar que escapa a la historia, contemporáneo a la biblioteca de Alejandría, al Coloso de Rodas y los jardines colgantes de Babilonia.


Y entonces, me sumerjo. desciendo y poco a poco el aguamarina se torna oscuro, En las tardes, al caer el sol, este se filtra en el agua y se posa sobre los corales dibujando un paisaje colorido, casi como ver juegos pirotécnicos bajo el agua. Mientras tanto, sobre mi cabeza, al menos una docena de leones marinos nadan ágilmente mientras me rodean de forma juguetona. pronto me veo envuelto en una especie de ciclón pacífico, curiosos, se acercan, hasta que pierden su interés y regresan a la superficie.


El movimiento de las algas camufla aquel refugio submarino, mi Nautilus personal, encallado en el fondo del océano, giro la escotilla y desaparezco. La paz es total y el silencio ensordecedor.

En las noches disfruto de las sinfonías de las ballenas, es un canto misterioso y lejano como de un mundo onírico, como si se tratase de atravesar una especie de portal, es un sonido siniestro y hermoso a la vez que hipnotiza a quien lo escucha, puedo sentir la energía de las vibraciones disiparse rápidamente y atenuarse con la distancia, propagándose a una gran velocidad que recorre el océano esperando una respuesta.

Siento un nudo en el estomago cada que las escucho cantar, quiero responder al llamado y observo la escafandra que reposa expectante sobre la mesa, mirándome fijamente y mientras las ballenas cantan, siento al abismo submarino posar su mirada sobre mí y puedo sentir al terror petrificándome, es una poesía letal. Regreso a la superficie, el olor a marihuana invade el lugar y entonces la recuerdo y solo deseo que ella esté aquí.

Y yo no sé si al fondo está sonando 'Constellation' de Charlie Parker o si las ballenas siguen lamentándose pero desde aquí todos se ven tan lejanos - como una odisea espacial protagonizada por Jacques Costeau  - que ya no distingo si este es el océano o es el cielo que contemplaba al iniciar esta narración.

En todo caso, el oxígeno se agota.
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