Mostrando entradas con la etiqueta Monsieur Jeangros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monsieur Jeangros. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de noviembre de 2016

Elegía a un humano


Amigo lector, no es necesario que lea o comprenda este texto, es un escrito realmente personal y que quizá solo pueda comprenderlo su autor y su subjetiva imagen de lo sucedido.

Monsieur Jeangros solía decir que le gustaba el azul cielo, porque el cielo no tiene límites.
-Feliz cumpleaños Cristian Camilo  -

Esas fueron las primeras palabras que me dirigió Roland Jeangros, rector del Colegio Refous, aquella mañana estiró su mano y me felicitó, era un 22 de julio de 1998 y Monsieur Jeangros acababa de darme el mejor regalo de cumpleaños que yo podría haber recibido, yo aún no lo sabía pero con su apretón de manos me estaba abriendo las puertas a un mundo nuevo y sin saberlo, también estaba comenzando a labrar un camino, imprimiendo enseñanzas  y una personalidad en mí.

Corría, descendiendo por aquellos largos escalones que debía cruzar para ir al campo del recreo, aún los veo en ese cámara subjetiva, el ladrillo que avisaba el fin de un escalón y el comienzo del otro, y de repente la física hace de las suyas, y un niño de cinco años prueba el sabor del cemento en su primer día de escuela, creí girar en el aire tras aquel tropezón que me propinó otro niño que corría en dirección contraria, la sangre y el llanto no se hacen esperar y el pequeño Jones permanece en el suelo, tirado y cubierto de tierra, a su lado, casi como una estampida, los demás niños cruzan indiferentes en todas las direcciones y de repente, Roland Jeangros hace su aparición, la memoria no me alcanza para recordar sus palabras, pero sus manos están ahí, tal como me las extendió para desearme un feliz cumpleaños meses atrás.


Me calma y cruzo junto a él el campo de recreo, ese de donde sacaría piedras para meterlas en mis bolsillos y hacerlas parte de mi colección, ese donde perdería muchos de mis juguetes en los castillos de arena que construiría más adelante, me lleva de la mano, me adentra en la cocina, un lugar oscuro donde me cura, esparadrapo en mi ceja derecha, me guía y tomo asiento mientras él se ausenta, frente a mí, veo por primera vez el cuadro de "Relatividad" de M.C Escher que me perseguirá toda la vida y a lo lejos el "Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar" de Dalí, yo para esa época no sabía un carajo de arte ni de surrealismo, solo sabía que me acababa de descalabrar en mi primer día de colegio, el análisis semiótico de los cuadros se vio interrumpido cuando Jeangros regresó con un vaso de gaseosa Colombiana y unas galletas Waffer, después de aquel recuerdo, solo hay lagunas mentales.

Mis encuentros con Monsieur fueron pocos desde entonces a pesar de verlo todos los días, siempre lo veía a lo lejos, envuelto en su bata blanca, recorriendo la geografía de su colegio, año tras año más y más lento, recuerdo el sonido de sus zapatos arrastrarse por el camino, y el brillar de su blanca cabellera, inquieto por naturaleza, cuando no estaba caminando, estaba al frente de la cafetería (o cooperativa) del colegio, dando el cambio a aquellos que compraban su lonchera en el lugar, las vueltas, a veces pagadas con dulces, eran entregadas por aquel humilde director que prefería atender a sus alumnos que cumplir con el rol de un monótono director, Yo crecía y él parecía encogerse más, asumiendo una postura que lo jorobó con el pasar del tiempo, para mí, seguía siendo él mismo, siempre fue, en mi imaginario una figura poderosa, indestructible, pensaba en él y no podía evitar asociarlo a personajes ficticios que para aquel entonces  comenzaban a alimentar mi imaginación, Vito Corleone, Yoda, Gandalf, Albus Dumbledore, hombres de trayectoria y poseedores de sabiduría y conocimiento, de esos desconfían de esta gélida sociedad, porque la ha visto de frente, de esos que cargan con el peso de la soledad y de la historia en sus hombros, un renegado, lo llamaría Mario Mendoza, para mí era un guerrero, anárquico, confiable, testigo y gladiador de batallas.


Como dije, nuestros encuentros eran esporádicos, en las maratones del Sisga, donde Monsieur daba la orden de salida de los corredores, en la cotidianidad, en sus visitas a los salones de clase, en los regaños antes de la oración de las mañanas y en el abismo que puede existir entre un rector y un alumno, como profesor, solo tuve una oportunidad de conocerle, y una vez más el buen Jeangros me extendía su mano sin saberlo, una clase de música fue suficiente: Samba Pa Ti - Santana (Live in Mexico), una grabación original de 1993,  una clase dictada por un amante de la música clásica fue suficiente para que las artes, al menos las musicales captaran mi atención.
Mendoza  escribió acerca de Jeangros mucho antes de su fallecimiento, y muy seguramente después de hoy, muchos otros que como yo, pasaron varios años de su vida en el Refous,harán lo mismo, todos con un enfoque diferente, y basados en las experiencias personales que vivieron con Monsieur, este escrito no representa nada en realidad, soy solo uno de los muchos corazones que tocó Jeangros, seguramente para él, mi rostro fue el de un grano de arena en el desierto, una gota en el océano del  lóbulo temporal de su cerebro.

Antes de Los Cazadores del Arca Perdida, antes de los desamores de Amy Winehouse, antes de la marimba en "Under My Thumb" y  del sitar en "Paint it Black", antes de ser Jones, mi universo se construyó a partir de los cimientos que Jeangros preparó para nosotros: naranja, azul, carmelita, negra, verde oscura, amarilla, carmín, verde clara, roja, blanca. para algunos, esta expresión se reduce a simples colores, para mí y mis compañeros, eran las herramientas con las que se sustentaba la arquitectura del mundo, una matemática básica que comenzaba en madera y terminaba en los ladrillos de una réplica perfecta de una de las torres des “Le Château de Porrentruy”, una estructura de la segunda mitad del siglo 13 ubicada en Suiza, cuna de Monsieur Jeangros, quien, después de la Segunda Guerra Mundial, dejó atrás para hacer de Colombia su nuevo hogar.

No se si Jeangros consideraba que tenía una deuda con la tierra que lo recibió, pero si ese era el caso, al comenzar una nueva vida en Colombia, sembró una semilla, una que sin duda pago con creces, la semilla del Refous, un lugar que más allá de formar estudiantes formaba personas, las preparaba, porque él lo sabía, sabía que este mundo es agreste, rudo, inmisericorde, que te pondrá de rodillas y te hará suplicar que se detenga y que para poder sobrevivir en este mundo hostil, debíamos  ser preparados, no me pregunten por qué, pero creo que lo sabía.
Tras esas espesas cejas, se escondía cierto carisma, había terquedad, fuego, enigma, misterio, un acertijo, una mirada paradójica que para muchos era atemorizante y severa, quizá, sí podía llegar hacerlo, para mí resultaba la mirada de un explorador viendo a través de un catalejo, en especial cuando arqueaba sus cejas, era casi como la mirada de un infante (más no infantil) como alguien que busca descubrir el sentido de lo que presencia, estricto pero con un agradable sentido del humor, serio pero con breves lapsos de  la ternura que puede despertar un anciano, sencillo, pero imponente, una obra de arte de esas que es necesario verlas de lejos para comprenderla, para verla en toda su extensión, desde lejos