Lo más sorprendente de todo es ver la poca cantidad de gente que espera en la fila para ver a Iggy Pop, es el puto padrino del punk y sin embargo la fila no está formada por más de veinte personas en principio. Es el verdadero espíritu del punk el que aguarda desde temprano para poder ver a esta leyenda viviente, el mismo espíritu que ha hecho que una suerte punketo llevado por la mala aguarde impaciente en la fila, comabte la ansiedad a punta de guaro y cerveza, como lo harían Sid Vicious y Joe Strummer si aún siguieran con vida, pero la decencia y la cortesía, que no pintan nada en un espectáculo de punk no perdonan y el querido punketo alcoholizado es retirado del lugar, quién sabe, quizá se supiera todas las letras del viejo Iggy y probablemente se gozara el show más que todos nosotros, lo único seguro es que la resaca del día siguiente fue muy dolorosa.
James Newell Osterberg, Jr. es un verdadero superviviente, el último de una estirpe, sobrevivió a los torrentes de heroína que él y sus compañeros de The Stooges se administraban antes de cada concierto, Iggy Pop cruzó el umbral de los 27 años, mientras que una oleada de artistas, entre ellos Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison murieron a comienzos de los años 70, Iggy seguía ahí aún después de conocer cómo la autodestrucción puede llevar a la muerte a un rockstar, tal como fue el caso de Keith Moon de The Who,
Fue con la música de Iggy que Ian Curtis de Joy Division se quitó la vida en 1980, mismo año en que John Lennon fue asesinado, los noventa llegaron, y con ellos se fueron Freddie Mercury y Kurt Cobain. De igual forma comenzó el siglo XXI, época bizarra para la música y que ha dado comienzo al fin de una generación, George Harrison, Ray Charles, James Brown, Michael Jackson, Lou Reed, Lemmy, David Bowie (quizá la pérdida más dolorosa de Iggy) la lista es interminable, y sin embargo Iggy Pop sigue aquí.
Iggy comenzó con una descarga de sus tres canciones más conocidas: "I Wanna Be Your Dog", "The Passenger" y "Lust For Life", así, sin anestesia, una tras otra, algo que dejó a muchos sin qué cantar después de eso, nuestra teoría es que cantó esas tres canciones de primeras porque son las que más demandan energía y que, quizá más tarde, agotado no podría entregarse de la misma forma en que lo hizo al comenzar el show."Prendan las luces, quiero verlos a todos" ordena Iggy mientras recorre con su mirada el lugar, esa mirada azul eléctrico, mira de izquierda a derecha, desde los que están frente a él, hasta los que en el fondo intentan llamar su atención. Iggy se alimenta de su público, es casi como un simbiosis y ante la perpleja mirada de todos se arroja sobre la multitud, tal como lo hacía en los principios de su carrera, Iggy pasa de unas manos a otras, todos enloquecen por tocarlo, por sentirlo, mientras él se entrega a su público para luego volver al escenario y seguir con el show.
A medida que el show avanza, las canciones de su carrera en solitario se mezclan con las de su etapa en The Stooges, cada canción acompañada de una pequeña introducción, una historia por contar, siempre sonriente, su rostro, plagado de arrugas hace toda clase de muecas y gestos, es la visiónde lo infantil y lo añejo, la sabiduría y lo picaro de un niño: "Candy","Nightclubbing"; "Five Foot One", "Sixteen", "1969", "Wild One", "Gardenia", "Down on the Street", "Skull Ring", "Raw Power" una tras otra, sin pausa, casi como si tuviera acumulada una descarga de energía que debe aprovechar mientras aún sea posible,
El espectáculo termina con "No Fun" y tras finalizar la canción y retirarse junto a su banda por algunos segundos regresa para dedicar unas palabras a Bogotá, ciudad que lo recibió de forma clandestina en la década de los 90 y que se convirtió en su hogar por algún tiempo: “Soy bogotano, ustedes fueron muy especiales para mí y he pasado un gran momento”.
El padrino del punk logró salirse con la suya, explosivo, enérgico, sensual, poderoso y sencillo a la vez, a sus 69 años, Iggy sigue saltando de un lado a otro en el escenario, con su torso desnudo convulsiona en el suelo al ritmo de sus estridentes guitarras mientras en su mente maquina que inesperado movimiento hará a continuación.

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