domingo, 2 de octubre de 2016

Disección de un país enfermo




No 50.21%
Sí 49.78%

Desconcertado, lleno de frustración, así quedé tras escuchar el minuto a minuto del resultado de las elecciones, anonadado ante la ausencia de humanidad, únicamente se me ocurrió sangrar tinta 

El resultado es vergonzoso, incluso si el Sí y el plebiscito hubieran ganado por una mínima diferencia es evidente que hay una mitad del país que aún no cree en el perdón, una sociedad que que se niega a construir paz, que no ven en la justicia transitoria una salida, que ven en la impunidad una negación al odio, la venganza y el egoísmo. 

Se trata de un cáncer, un cáncer que se apoderó del colombiano, nada puede cambiar el latir de un corazón impregnado por el odio, es casi genético, un corazón que vive atravesado por un hacha de la guerra, nunca podrá vivir en paz. 

No puedo ver en nuestro escudo un cóndor majestuoso, únicamente veo un buitre sobrevolando alrededor del cadáver de nuestra sociedad ausente de humanidad. Evidentemente el problema no son las FARC, ni el Gobierno, y no por eso intento justificarlos, el problema somos nosotros, viene en los cromosomas, en el ADN, violento por naturaleza, un país enfermo que da segundas oportunidades a la iglesia, a los políticos corruptos pero que no brinda la mano a las víctimas directas del conflicto y que prefiere seguir invirtiendo en balas y no en educación.

Lo curioso es que aquellos que votaron Sí, fueron los departamentos en los que se vivió en carne propia el conflicto, personas que perdieron sus hogares, sus trabajos, sus familias, fueron capaces de dejar de lado el dolor y se atrevieron a dar un paso adelante, hablo de los que dijeron Sí en el Vaupés, Chocó, Cauca, Putumayo, Nariño y La Guajira, realmente los admiro, Por supuesto, hay departamentos donde también se ha vivido la guerra como Caquetá, donde regiones como San Vicente del Caguán dijeron que Sí al Plebiscito) Meta y Arauca se pronunciaron con fuerza con el No, y los comprendo, no es fácil olvidar, respeto su voto pero solo veo una capacidad muy difícil para perdonar. 

Lo triste es que la otra gran parte de los votos del No proviene de las metrópolis, de lugares donde la violencia no los ha tocado, que respalden al No sin leer en su totalidad de los acuerdos, que acudan a la mesa de votación y regresen en su lujoso auto a su departamento estrato 6 y que mañana puedan levantarse como si nada, qué fácil es votar No cuando se enteran de todo lo que sucede desde un televisor, qué fácil es votar No cuando no han sido atravesados por una bala, cuando no han visto a su compañero caer en combate, cuando no han sentido el olor de la pólvora en el aire, que no han sentido el miedo de ser emboscados por uno u otro bando. Qué fácil resulta negarse a sacar del bolsillo para reintegrar a la sociedad a un hombre o a una mujer que ha pasado su vida en las montañas y que no ha tenido las mismas oportunidades que un citadino.

¿Cómo recibir a un guerrillero que una vez llegue a una ciudad o a un pueblo encontrará a una parte de la sociedad que lo discrimine, que lo señale y lo rechace? ¿Qué pensará? ¿Cómo hacerles entender a todos aquellos guerrilleros que esperaban ansiosos una respuesta positiva del pueblo colombiano que, sí queremos la paz, que no pierdan la fe, que hallaremos una alternativa?.

Los del No celebran su "triunfo" hipócrita si me lo preguntan, respeto que sean la mayoría, pero aquí no hay nada que celebrar, un país que rechaza un tratado de paz ha perdido, aquí no ganó nadie, irónicamente Colombia se partió en dos por la paz, y ya nada volverá a ser igual, aquí se quedó en un limbo, en la incertidumbre, después de todo Colombia siempre ha sido un país de inexactitudes, el país más feliz del mundo según estudios salidos de quién sabe qué País del Nunca Jamás. 

Ahora, ni que decir del 62% de colombianos que no acudieron a las urnas de votación, Aquí no se puede hablar de una democracia real, porque los hay quienes viven en su isla de indolencia y desidia, dejando el destino del país en las manos de otro, esos son peores, irresponsables que les da igual si el país sigue o no por el mismo abrupto camino que ha labrado durante los últimos 60 años, nada más que decir sobre estas personas, en su conciencia queda el peso de su decisión. 


¿Faltó pedagogía para distribuir los acuerdos? No, lo que faltó fue la voluntad de leerlos, de comprenderlos, de tomarse el tiempo y evaluarlos, los que fallaron fueron los medios parcializados, lo que falló fue conformarse con el discurso de Santos que convirtió a la paz en una propaganda o con el discurso de Uribe y sus esbirros, un grupo al que se le invitó en numerosas ocasiones a participar en el tratado y se negaron a hacerlo pero que sin embargo afirman que buscan la paz, una generación de godos que vive en el pasado y que se escudan en la impunidad, cuando están tan manchados de sangre y corrupción como lo puede estar la guerrilla. 

Ante los ojos del mundo, Irlanda y Sudáfrica, la ONU, El Vaticano, Estados Unidos, la Unión Europea y el resto de Latinoamérica han sido testigos de este irracional e inverosímil resultado. Aquellos que temen que Colombia se convierta en un Estado castrochavista, (término que aún hoy muchos acogen pero no comprenden) tranquilos ¿Para qué convertirse en una Venezuela, si ya somos una Colombia donde se niega la oportunidad a un proceso de paz?, así lo perciben los demás países del mundo. 


Ganó el No, y eso plantea nuevos retos, ahora, amigos del No, deben asumir la enorme responsabilidad que conlleva negarse a un cambio, están comprometidos a aportar nuevas soluciones, en sus manos está la vida de cualquier colombiano a partir de este momento, no confió en su decisión pero espero que sea la acertada, los cuatro años que ha durado el Proceso de Paz no deben ser desperdiciados y si el final de conflicto ha de demorarse para que todos podamos convivir sin resentimientos, pues que así sea. A los que votamos Sí, les digo, no pierdan la esperanza, sigamos firmes con un anhelo de un país mejor, seamos lógicos con nuestra posición, si votamos por la paz, debemos respetar a aquellos que votaron por el No, sus opiniones puede que disten de las nuestras, pero no respondamos a violencia con violencia.

La paz no llega con la aprobación de un acuerdo, ni con la entrega de armas, ni votando, la paz comienza aceptando una nueva realidad, comienza con voluntad, dejando de lado los imaginarios, los miedos, los estereotipos, aportando ideas y no cadáveres, parece que las Farc lo han comprendido, de forma tardía pero lo han hecho, ¿Por qué nosotros no?. 

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