domingo, 11 de septiembre de 2016

Nubes, ballenas y jazz



Comenzó como comienza todo en la vida, un paso al frente seguido de otro, huyendo del asfalto, el smoke de los autobuses y el estruendo de las calles, un errante busca un escape en las cálidas notas musicales de una tarde cualquiera. 

La fila se extiende algunos metros, justo atrás mío en la hilera, reconozco a un antiguo profesor.
- ¿Cómo es posible que seamos dos personas viniendo solas? - me espeta mientras acomoda sus gafas de sol. 


Su pregunta queda en el aire, después de todo el jazz es para los solitarios, la fila avanza, mi maestro siempre me cayó bien, jamás entendí realmente su clase, o al menos su utilidad, pero nunca importó en realidad, avanzamos un par de pasos hasta que él decide marcharse, usa una excusa simple, la misma que yo hubiera usado, nos despedimos, lo comprendo perfectamente, su plan no era encontrarme, mi plan no era encontrarlo, ambos queríamos estar solos, lo veo alejarse mientras sigo mi rumbo. 


Camino un poco más, a lo lejos una especie de teclado suena, me recuerda al "Riders on The Storm" de The Doors, muy a lo Ray Manzarek. Me detengo y me recuesto sobre el pasto a mirar el cielo, buscando formas a las nubes,  la música se mezcla con el firmamento, una nube de apariencia irregular parece fusionarse con todas las que lo rodean,  sin embargo, entre todo aquel caos de cúmulos y gotas de agua sobre polvo atmosférico logro divisar una con forma de ballena, el mundo podría seguir girando, pero al menos esta vez lo haría al ritmo de las olas. Ahora, he convertido de este lugar en mi Atlantida personal, aquí el tiempo transcurre de forma diferente,  un lugar que escapa a la historia, contemporáneo a la biblioteca de Alejandría, al Coloso de Rodas y los jardines colgantes de Babilonia.


Y entonces, me sumerjo. desciendo y poco a poco el aguamarina se torna oscuro, En las tardes, al caer el sol, este se filtra en el agua y se posa sobre los corales dibujando un paisaje colorido, casi como ver juegos pirotécnicos bajo el agua. Mientras tanto, sobre mi cabeza, al menos una docena de leones marinos nadan ágilmente mientras me rodean de forma juguetona. pronto me veo envuelto en una especie de ciclón pacífico, curiosos, se acercan, hasta que pierden su interés y regresan a la superficie.


El movimiento de las algas camufla aquel refugio submarino, mi Nautilus personal, encallado en el fondo del océano, giro la escotilla y desaparezco. La paz es total y el silencio ensordecedor.

En las noches disfruto de las sinfonías de las ballenas, es un canto misterioso y lejano como de un mundo onírico, como si se tratase de atravesar una especie de portal, es un sonido siniestro y hermoso a la vez que hipnotiza a quien lo escucha, puedo sentir la energía de las vibraciones disiparse rápidamente y atenuarse con la distancia, propagándose a una gran velocidad que recorre el océano esperando una respuesta.

Siento un nudo en el estomago cada que las escucho cantar, quiero responder al llamado y observo la escafandra que reposa expectante sobre la mesa, mirándome fijamente y mientras las ballenas cantan, siento al abismo submarino posar su mirada sobre mí y puedo sentir al terror petrificándome, es una poesía letal. Regreso a la superficie, el olor a marihuana invade el lugar y entonces la recuerdo y solo deseo que ella esté aquí.

Y yo no sé si al fondo está sonando 'Constellation' de Charlie Parker o si las ballenas siguen lamentándose pero desde aquí todos se ven tan lejanos - como una odisea espacial protagonizada por Jacques Costeau  - que ya no distingo si este es el océano o es el cielo que contemplaba al iniciar esta narración.

En todo caso, el oxígeno se agota.
"

No hay comentarios:

Publicar un comentario