I'm yellow, he was blue It's nothing that he could hide We made a green meadow Whenever we would collide
Empezó con una canción, casi como empiezan la mayoría de las cosas, al menos las cosas que me importan.
Había algo de simple y de complejo en todo ello, era espontánea y carismática, me sorprendía lo opuestos que podíamos llegar a ser. Me gustaba cruzarme de piernas y verla hablar por horas y prestar atención a lo que me decía hasta cierto punto en el que me distraía con aquel extraño color de ojos; a ella en particular no le gustaba hablar de su físico pero para mí era un rasgo verdaderamente cautivador.
Solía sentarme frente a aquel extraño edificio de la esquina, esos que surgen de la nada y que nunca sabes qué pasa allá adentro pero donde la gente entra y sale sin explicación. Veía pasar a la gente y a los semáforos brillar como antorchas mientras el transporte público avanzaba lentamente y yo únicamente escuchaba su voz, su risa y su llanto del otro lado del auricular.
Quizá ella ya lo sabía e incluso intentó advertírmelo, había algo de premonitorio en todo ello, las constantes referencias a Benedetti, las palomas. Su tristeza y mi terquedad.
Tocaba canciones para mí a menudo, para mí o para todo aquel que se animara a escucharla, aquella noche en particular tocó una canción para mí, su letra era triste y melancólica. Impulsiva ella se desvanece, sombrío cuelgo el teléfono y me alejo entre la bruma, mis pasos son iguales, pero las calles son distintas.
Terminó con una canción, casi como terminan la mayoría de las cosas, al menos las cosas que me importan.
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