lunes, 29 de enero de 2018

Sweater color arcoíris


Me he extraviado Busco la forma de recobrar el tiempo desperdiciado, de hacer de forma correcta lo que debí hacer hace mucho, cuando debí ser más astuto, más ágil En mi desesperado intento comprendo que ya no puedo y me pierdo en una mezcla de adrenalina, recuerdos y de eventos que creo haber vivido o creo pude hacer mejor, corro entre la multitud persiguiendo una voz que escucho a lo lejos, me empino para poder ver más allá mientras las personas pasan al lado mío como figuras borrosas, todas grises y uniformes. 

Un rostro se vuelve nítido, como si un optómetra ajustara un foróptero para un miope al que le están diseñando sus anteojos,  es una luz cegadora y amarilla que poco a poco devuelve el resto de los colores al mundo. 

Es el rostro de Gamora  y está a tan solo unos milímetros del mío, me mira como quien intenta ver a través de una espesa niebla, como si en mis ojos pudiera leer lo que los suyos ya saben, sus pestañas son largas y su cabello largo y rojizo me hace recordar el de alguna modelo de los años 60, su melena cae sobre mí convirtiéndome en un caballo con anteojeras para que este únicamente puede ver al frente Sus labios se asoman tímidamente bajo el cuello de su sweater, un sweater de lana con franjas de  los colores del arcoíris,

Acerca su rostro al mío mientras con su mano desliza el cuello de su sweater dejando a la vista sus labios vinotinto y yo me pierdo en ellos y en sus ojos miel mientras me besa de forma fugaz porque sabe que está mal, somos el ratón que observa la trampa mientras olisquea una tajada de queso.

Cubre su rostro una vez más para luego destaparlo y besarme como se debe como si la gravedad del planeta dejara de existir y las manecillas del reloj se movieran en dirección contraria.

Sus labios saben a una fruta que no puedo recordar, si tuviera que adivinar diría que era coco pero no hay tiempo para eso, solo puedo sentir su respiración entrecortada y su piel en mis manos antes de que apoye su cabeza en mi pecho y finja dormir nuevamente, antes de que el mundo abra sus ojos y de que por la puerta que segundos antes no existía, entre aquel que hace vigilia mientras ella sueña conmigo, él la observa, detalla su cabello desordenado y la sonrisa en su rostro, una sonrisa sincera que solo ocasionan nuestros sueños mientras yo, - consciente de mi no existencia - me diluyo lentamente y comprendo que no se trata de mi sueño y que solo soy el sueño de alguien más. 

domingo, 5 de noviembre de 2017

Reconstruir

La memoria - al igual que la visión - es selectiva, vemos lo que queremos ver, se detalla lo que consideramos más llamativo o importante volviendo unos recuerdos más nítidos que otros dejando otros en segundo plano, incluso sin color.

Lo trascendental, desde un punto de vista subjetivo adquiere brillo y color mientras se pasan por alto pequeños detalles: miradas, silencios, palabras, y solo hasta que se empiezan a atar cabos y a conectar escenas, a encontrar variables repetidas, - solo hasta entonces se ve todo el paisaje.

Hace poco un profesor habló de ello en clase, de cómo las pistas siempre están ahí pero el cerebro elige fijarse en otros detalles, M Night Shyamalan nos ofrece pistas del trágico final de Bruce Willis en Sexto  Sentido, pero todos estamos demasiado ocupados haciendo conjeturas alrededor de las cosas. A veces, el escenario más inverosímil, la situación que menos parece encajar es la correcta.

Es por eso que me gusta rebobinar en mi memoria y encontrar esas pequeñas pistas que terminan por volver a un paranoico con sospechas en un obsesivo que señales en todas partes, ambos con el juicio nublado, pero a la final ¿Cuál de los dos tiene la razón? ¿El primero o el segundo?

lunes, 16 de octubre de 2017

Presagio de libertad



"Los hombres verdaderamente grandes deben, en mi concepto, experimentar una inmensa tristeza en la tierra" - Crimen y Castigo - Fiodor Dostoievski

Fui presa de la tristeza y pasó un mes sin que escribiera, o bueno al menos sin que escribiera aquí, eso jamás había pasado y no porque fuera una obligación escribir algo de forma mensual, era una forma de asegurarme de escribir todo a tiempo, de anotar cada detalle, de no dejar nada al azar, no pasar nada por alto  y releer las cosas con más tiempo.

Pienso al respecto como una especie de Albus Dumbledore que acude a su pensador cada vez que puede para repasar momentos de su vida. El punto es que me sentí algo decepcionado de no escribir aquí, enfoqué toda mi atención y mis ideas a lo que aspiro me de de comer algún día, pero en parte sentí una especie de traición, casi como si vendiera mi trabajo, - con mi blog no sucede así - mi blog es un refugio perdido entre el bosque, al que se accede únicamente con la guía correcta, permanece a salvo de miradas hostiles o al menos indeseadas hasta donde sé.

¿Qué me impidió escribir? Hay causas que nacen perdidas, han sido meses de mierda en los que no he querido hacer nada, salgo y llego a mi apartamento como un roedor nervioso que cruza las escaleras para no encontrarse con sus vecinos, asisto a la universidad como una autómata, casi como un compromiso, por ese maldito sentido del deber que me obliga a levantarme e ir a ver a profesores de los que no aprendo y encontrarme a compañeros que no tolero todo para obtener un maldito diploma que avale que soy capaz de hacer lo que amo, así me tienes sociedad.

Mi misantropía ha alcanzado niveles drásticos y preocupantes de un tiempo para acá, me ausenté incuso de mi blog pero por fortuna escribí un poco de aquello que deje de escribir aquí en mi fiel agenda: fue una época en la que veía mensajes y fragmentos de canciones de Soda Stéreo por toda la ciudad, todo hacía parte de la publicidad de Cirque du Soleil y sin embargo para mí tenían una connotación diferente. Vivía solo desde un tiempo atrás, la academia se convirtió en un estorbo, en poco tiempo una mujer había sacado lo mejor de mí para luego desaparecer, la única razón para soportar el paso de los días: el paso de mi artista favorito por el  país  se cancelaba y la mayoría de mis amigos se habían graduado y marchado del país mientras yo seguía atrapado en esta inestable etapa que ya casi llegaba a su fin y no me garantizaba nada. 

Con el paso del tiempo ese resentimiento, esas emociones negativas que me impulsaban y sacaban lo mejor de mí, la valentía que nacía de demostrar que podía ser alguien sin necesidad de una figura paternal fueron reemplazados por depresión. La depresión me llevó a auto descubrirme, a desafiarme, esa misma depresión era mantenida a raya con un muro de sarcasmo e ironía, los usaba como un escudo en perfecto equilibrio. Demasiada depresión terminaría por matarme, demasiado sarcasmo me convertiría en un cínico, necesitaba un equilibrio ideal: como un dique en una represa.

Los días pasan en mi cuarto, cae el sol y debo recorrer media ciudad por una cuestión que me impone la sociedad. Regreso y me hundo en noches de gula e insomnio, de dolores de muela y azúcar que me hace desvariar, vivir solo no es divertido si no tienes con quien compartir esa soledad ¿Es acaso la soledad el precio de la libertad?

Nada me ata a esta ciudad ahora, solo la promesa de verme graduado y de pagar mis deudas para entonces marcharme, conocer nuevas personas, pisar nuevas tierras y descubrir si puedo o no valerme por mí mismo, últimamente miro a mi alrededor y me doy cuenta de todas las cosas que he acumulado y no necesito, la idea de empacar lo necesario y finalmente partir me seduce cada vez más y solo debo esperar un poco más.

Me he alejado de varias personas, desconozco por qué, pienso que algunos tienen mejores cosas que hacer que charlar comigo, a otros ya no los soporto, no son personas genuinas, son auténticos camaleones que se adaptan y cambian su rostro, en conclusión creo que me encierro cada vez más en este caparazón.

Estos dos últimos meses en particular me refugié en los libros, los convertí en mis mejores amigos al ver como los demás comenzaban a vivir sus vidas. Desaparecía para ir a leer y a dormir en la biblioteca en mis ratos libres, he leído ha varios autores  y las obras en las que explican en qué momento se encaminaron a su obra literaria y al éxito: Paul Auster, Murakami, Bukowski, intentando descifrar en qué momento  o cómo lograron triunfar, salir de las arenas movedizas: Aún no encuentro una respuesta.

A veces hablo con uno de mis profesores, un argentino de 40 años que desde el 2003 decidió mochilear por Latinoamérica, pasó hambre, camino sin descanso, pero siempre escribió, es uno de esos tipos raros que prefiere vivir feliz y hacer lo que le gusta, rechazó tenerlo todo a cambio de un poco de libertad y evadir un trabajo que lo hacía infeliz en una oficina o en un banco, renunció a la edición de un periódico "ándense a cagar" lo imagino diciendo. Su barba comienza a encanecer y empieza a perder el cabello, siempre lo veo de traje con un portafolio y un portátil que parece se desarmará con el primer golpe, no aprendí mucho en sus clases pero soy de esos que piensa que el mejor aprendizaje de un maestro no está en un aula sino en una tarde de charla con un café o o una cerveza. Quiero pensar que es un hombre feliz, o al menos satisfecho.

Pienso en el monólogo inicial de Woody Allen en Annie Hall, citando a Groucho Marx: "no quiero pertenecer a un club que tenga a alguien como yo entre sus socios" a  pesar de ello toda mi vida he pertenecido a pequeños grupos, cloacas de marginados y bichos raros en los que me siento mejor que en la élite la cual también he podido saborear y no me ha gustado: La  Hermandad, El Piojero, Sadelalite.

Pensé en cada uno de ellos, en la Hermandad, ese puñado de sujetos que gustaban de la música y esas cosas que nos gustan a los outsiders, quién habría pensado que terminaríamos siendo una parodia mal hecha de Trainspotting, al ingresar a la universidad pensaba en nosotros de una forma académica: el licenciado, los dos ingenieros, el arquitecto, el cineasta, el periodista y el músico. Con el tiempo esas franjas que delimitaban nuestras aspiraciones se fueron truncando y desvaneciendo en otras nuevas: el alcóholico, el oficinista frustrado, el adicto al juego, el dealer. Nadie lo vio venir. 


Pensé luego en los Sadelalite: una especie de acrónimo de Saboteadores de la Literatura, un colectivo de escritores aprendices llenos de ilusiones, creo que de todos los proyectos en los que he estado, ninguno fue tan sensato y libre de compromisos como aquel, era una anarquía donde escribir era la única ley, soy un melancólico y visito nuestros escritos con regularidad, solo por el morbo de leer lo que escribíamos en aquel entonces, una basura si me lo preguntan, pero era verdadera basura, transparente como debería ser todo en la vida, sentí gusto al ver que uno de los saboteadores también había acudido a la nostalgia y visitaba aquellos escritos llenos de polvo y telarañas, como un veterano que visita la tumba de sus antiguos colegas de guerra, sentí cariño por mi amigo y me dio gusto saber que aún hay sensatez en este mundo de locos.  

Murakami dirigía un bar de jazz, Auster viajó por Europa evadiendo Vietnam y trabajando en traducciones y pequeños artículos periodísticos, Bukowski vivía en pensiones baratas y trabajaba en la oficina de correos. Por ahora nada imposible, habrá que ver. 



lunes, 14 de agosto de 2017

Ausencias

Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego estos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en un crepúsculo, Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko.

Tokio Blues - Haruki Murakami




 Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego estos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en un crepúsculo, Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko.  - Tokio Blues,  Haruki Murakami

Por Cristian Mora J

Piensa a menudo en la muerte, no como un deseo ni un temor, ni siquiera es un pensamiento cercano al suicidio o algo que se le parezca. La concibe como un concepto ligado al tiempo y al cambio,  las emociones se diluyen en pequeños cristales al pulir un diamante hasta convertirlo en polvo.
Recuerda una persona que solía ser  y ya no es o transita por un lugar que fue y ya no está, incluso si se trata de sí mismo no puede evitarlo: ha cambiado. Tiempo y distancia es una ecuación peligrosa, amanecer y ocaso: ese es su efecto en sí; nada puede apartar ese sofocante axioma.

Solo con el pasar de los días las ausencias pasan a ser un vacío, casi como cubrir un espacio en blanco con una tenue pintura en un lienzo de vivo color. La pincelada anestesia el dolor y lo convierte en una mezcla de anhelo y nostalgia que viene y va pero que siempre regresa para recordarnos que aún podemos sentir escozor en nuestras cicatrices.

El tiempo es un concepto abstracto, subjetivo, si se quiere maleable. Su velocidad incrementa con cada día o al menos esa es la percepción inherente a todo humano: el sentir que con el pasar de su vida los años pasaran más rápido se acrecienta y se impone como una falsa ilusión la misma que lo invade al pensar que algunos son recuerdos son simples inventos de su imaginación, a pesar de no serlo.

Se mira al espejo día a día sin ser realmente consciente de los cambios en su rostro, solo hasta ver una fotografía de años atrás se da cuenta del proceso de metamorfosis que sufre imperceptiblemente su cuerpo. El cabello color ceniza, la mano antes firme ahora temblorosa, los lapsus de memoria, el arrastrar de los pies, seguido de un bastón y al final lo que todos aguardan: la quietud total.
Es en esos momentos de claridad en los que lo asalta la duda, es en esos atardeceres en los que parece que el cielo ardiera y tiene la certeza que nada es suficiente, lucha por mantenerse a flote en esa agresiva corriente que busca sumirlo en la cotidianidad, se aferra con fuerza y lucha para mantener la cabeza lo suficiente para al menos intentar comprender cómo es que las nubes se tornan amarillas y rojizas.

El silencio es más fuerte, el viento sopla y parece como si Ian Curtis susurrara a su oído "Is it something so good, just cant function no more? when love, love will tear us apart again". 

El anciano se sube a un autobús, no es la primera vez que lo ven merodear por ahí, de su cuello cuelga una guitarra, igual de vieja que él. El hombre empieza a cantar, su voz es tan débil como su apariencia, la letra de la canción acompañada de unos lastimeros acordes es casi inaudible sin embargo logra entonar un par de estrofas, una canción de Jorge Villamil que desgarra lo que queda de la tarde de aquel día.

Amores que se fueron, amores peregrinos,amores que se fueron dejando en tu almanegros torbellinos
El anciano termina de cantar, agotado visiblemente, recolecta algunas monedas y se marcha. Decide caminar. 

Las tardes  se vuelven noches y los sueños acuden a él y surca las aguas oscuras de un lago mientras sigue de cerca una silueta como un anfibio enamorado, mientras vuela a través de un bosque buscando un nombre, y entre el sueño y la realidad recorre la ciudad aturdido mirando con más detalle los rostros de las personas en las calles, al girar las esquinas, con la esperanza de devolver el tiempo y regresar a aquellas dichas pasajeras que menciona la canción que entonó, esperando coincidir con un rostro que sabe, no estará.

El paso del tiempo no distingue y no sabe de corazones.  - Se dice para sí mismo -. La roca cede ante la constante gota de agua que cae sobre ella, el papel se deslié, la tinta se seca y el sonido, igual que una rama de un árbol al caer en bosque vacío no tiene el mayor efecto si no existe realmente alguien que la escuche.
Las secuelas son diferentes pero a la final solo coincidimos en los pequeños incendios que intentamos apagar  en nuestra mente, alejando esos pensamientos como quien espanta un par de moscas que sobrevuelan sobre la cabeza.  Tiempo, siempre el maldito tiempo.






martes, 4 de julio de 2017

Cometa



A un  Halley personal

2061. 

Expectante, el profesor miraba una y otra vez su viejo reloj de bolsillo, iba de un lado a otro de la habitación, casi como queriendo destruir las suelas de sus ya de por sí, desgastados zapatos.

El silencio de la noche únicamente era interrumpido por el rasgar de un lápiz en un pequeño cuaderno de apuntes: cálculos, periodo orbital, inclinación, teoría que en realidad se quedaba reducida a la fascinación de un hombre con la observación del firmamento. 

Sí, anotaba todo con un lápiz, a pesar de que la escritura análoga hubiera sido casi erradicada de la faz de la tierra, el viejo académico había crecido con el siglo, tal como decía esa canción de Piero hace tantos años atrás.

Todos dormían en aquella vieja ciudad, abandonados al sueño y la única luz que podría ver a lo lejos un turista inesperado sería la del observatorio donde el profesor aguardaba.

Su vigilia: patrocinada por los lápices, los cuales los conseguía en el mercado negro,  los cálculos y sus movimientos erráticos, en general, esto no representaba más que la obsesión de un hombre. 

El reloj marcaba entonces las 22:00 horas: había llegado el momento. Febril, pero decidido. agotado, pero alerta, avanzó con premura y subió lentamente los peldaños que lo conducían a su potente telescopio astronómico;  desde hacia algunos atrás, el profesor había aplazado su cita con la muerte con la única idea de ver este anochecer en particular,

Había decidido prolongar su existir con ese fútil propósito, un mero acto de voyerismo, posó su mirada sobre el cielo, contemplarlo era quizá uno de los pocos sucesos que podían disfrutar simultáneamente  dos personas incluso a kilómetros de distancia uno del otro.

Puntual, allí estaba, al principio pequeño, su imagen se hizo más grande con el paso de los segundos, un cometa brillante galopaba sobre el cielo, rodeado de estrellas que casi parecían rendirse a su paso, regresaba y con él los recuerdos.

Al viejo profesor lo invadió entonces una paz inusual, tal como esa primera vez 75 años atrás, como cuando vio por primera vez, no solo aquel mismo cometa, el satélite significaba nada comparado con  esa mirada que le robó el aliento, la primera vez que escuchó esa risa, esa voz que le susurraba al oído, aquella mujer sideral con la que contemplaba el amanecer y que lo había acompañado hasta el fin de sus días. 

Desde entonces, solo había decidido aguardar a que aquel coloso del espacio regresara, con la esperanza de, casi como un jinete, lograse domar a este satelite y poder dirigirse a aquel lugar desconocido donde su alma gemela aguardaba por él,

Mientras observaba hipnotizado dicho fenómeno, una última mirada le permitió vislumbrar una mezcla de hielos volátiles y polvo, los cuales atravesaron sus ojos a la distancia para seguir su rumbo, esta vez con un polizonte abordo que abandonaba la tierra en búsqueda de y de un nuevo viaje estelar. 

viernes, 30 de junio de 2017

El peso de lo real

En el antiguo Egipto, las personas al morir eran sometidas a un ritual llamado el Juicio de Osiris, evento durante el cual Anubis, dios de los muertos extraía el corazón del difunto y lo depositaba sobre una balanza, mientras a un costado de la balanza se ponía el corazón que simbolizaba la conciencia, al otro lado se ponía una pluma que simbolizaba la verdad y la justicia.

Los dioses egipcios se disponían entonces a formular una serie de preguntas acerca de su conducta durante la vida del fallecido, según sus respuestas, el corazón disminuía o aumentaba de peso, los resultados eran entregados a Osiris por Thot, dios de la sabiduría y se definía el destino del alma del difunto.

Hoy siento que si mi corazón fuera pesado en aquella balanza se ladearía de tal forma que no soportaría su peso, pues desde hace algún tiempo siento sobre mi pecho una carga realmente pesada, no se trata de moralidad o conciencia, no sabría describirla, quizá como una especie de bola de nieve que gira mientras cae por una montaña y se va haciendo más y más grande.

Pienso que se trata de dos pesos, el primero un peso de fe, admiro a aquellos que creen en algo porque son capaces de dejar todas sus preocupaciones de algo exterior, convencidos de que esto cambiará,  pero - y si no crees en nada de eso..¿En qué creer? ¿En quién depositar tus temores y preocupaciones?

Por otro lado, el peso de lo imposible, o bueno no de lo imposible, de lo idílico, es el peso que llevamos sobre los hombros todos aquellos que soñamos de día para poder enfrentar la realidad,  de luchar contra la distancia y contra la cotidianidad. "When you walk in a dream, but you know you're not dreaming, signore" canta Dean Martin, lo cual a veces puede resultar más cruel, la realidad es hasta cierto punto maleable, mientras que la fantasía lo es por completo.

Delirio, despierto de mal humor, no puede ser, proyecciones de mi mente se concentran en crear una imagen, una mala copia de la realidad intentando compensar y suplir ese vacío. ¡Las cosas no son así! tengo que repetirme varias veces antes de despertar por completo, viene a mi mente el Discurso del Método de Descartes, hago uso de sus máximas para poder distinguir la realidad de la ficción.

Mi cerebro envía una rápida señal, una especie de patada para evitar que caíga de nuevo en aquella trampa, Solo lo evidente es verdadero, requiero de la razón, no de los sentidos o la experiencia para captar la idea, descomponerla, analizarla y comprobar su certeza, suspiro aliviado: estoy en la realidad.

Escribo a esta hora, una vez más con el ánimo de  soportar este insomnio sin caer presa del sueño y no verme obligado  a vivir la realidad como un sueño o el sueño como realidad.

La maldita, bello y retorcido de la realidad. 



miércoles, 17 de mayo de 2017

Gárgola



Hay momentos en los que siento la necesidad de estar solo, me dirijo a tomar el bus, un rostro conocido entre la multitud, prefiero entonces seguir caminando quién sabe cuántos kilómetros antes que compartir un espacio por horas con alguien a quien no quiero ver. 

Elijo quedarme solo cuando todos se desvanecen con el reloj, vago como siempre, me detengo frente a una puerta, del otro lado, vida. Solo debo girar el picaporte, escucho voces del otro lado y entonces decido alejarme, elijo la muerte y una vez más poso los audífonos sobre mi cabeza y doy media vuelta.  Mis pasos sobre los charcos, como esa noche que elegí irme y perderme entre la música de Fito Páez, Sam Cooke y Cat Stevens I  know I have to go away.

Fui deshumanizado ¿Es esa la imagen que la gente tiene de mí? Una gárgola que observa todo desde su pedestal en la cúspide de alguna catedral barroca, inmutable, mi reacción sin emoción confirma su teoría: lo soy.

Pateo una tapa de cerveza, o quizá sea de gaseosa, no logro distinguirlo en la oscuridad ¿Fue mi calma y silencio lo que me ha despojado de mis tejidos o fue acaso el diestro cincel de un artesano del medioevo el que ha dotado de ciertas fisuras humanas mi piel rocosa?

viernes, 28 de abril de 2017

Obturar

"Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar. Fue en ese oscuro lugar donde por primera vez tuve ocasión de poner mis ojos sobre un espécimen de la raza humana". - Natsume Soseki


Me aseguraré de que no mueras, no quiero que mueras, y lo único que puedo hacer es dedicarte estas líneas, te regalo la inmortalidad sin que aún lo sepas, Seguirás con vida mientras sigas siendo parte de mis escritos y revivirás mientras estas palabras sean leídas por alguien más.

Hoy me encuentro frente a un camino bifurcado, ese mismo cruce de caminos en el que alguna vez Robert Johnson hizo un trato con el diablo y vendió su alma a cambio de aprender a tocar la guitarra con destreza; hoy vendería mi alma para pasar la vida junto a ti, pero esta ya es un alma fragmentada, que ha dejado parte de ella por donde va, hoy dejo otro pedazo de mi alma en este escrito y al evocarte me aseguro de tomar la decisión correcta y mientras tomo por el camino contrario, por la senda del blues, me voy tarareando esa canción de Elvis Presley... and it's just breaking my heart , cause she's not you. 

Pasarán los años y no cambiarás, no importa que suceda en el devenir de los tiempos, porque te plasmo tal como te recuerdo, justo como en el momento en que tomé esa fotografía, atesoro este encuadre, joven, con vida, con aquel vestido azul, y las mariposas, y las mariquitas, incluso las luciérnagas que creí ver, la forma de tu cabello y esa sonrisa tuya que tanto me gusta, el obturador hace su trabajo mientras agrego a mi memoria este pedazo de existencia, porque tal como hablábamos: no dimensionamos la felicidad de los momentos hasta muchos años después.

Me alejo y ya pienso en las noches que te evocaré en medio de remolinos de alcohol, preguntándome si en realidad existió alguien así o si tan solo fue un invento de mi fugaz corazón. Desde las sombras, absorto en otro de esos vacíos existenciales intentaré recordar la sensación que me invadía cuando caminaba junto a ti y no podré evitar preguntarme en dónde estarás, Me alejo y pienso que está bien hacerlo pues sé bien que tampoco te gustan los finales felices

domingo, 23 de abril de 2017

Cinismo y pupilas de humo



"Siempre — decía— llevamos una máscara, una máscara que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de los papeles que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del marido engañado, la del héroe, la del hermano cariñoso. Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie, nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?"


Deseé ser un perro, puro y sincero como un perro, vivir la sencillez y desfachatez de la vida canina, ser austero e independiente, ¿Acaso la naturaleza obedece a fronteras?.


"Estoy solo, pero camino como un ejército que irrumpiera en una ciudad" 

La madera se siente caliente bajo mis pies, el aire está tibio a pesar de que la ventana está abierta en medio de la madrugada, el calor es insoportable, salgo a caminar mientras pienso en amigos, en mis némesis, en antiguos amores, en las figuras públicas, en mis familiares y me invade una sensación inexplicable, ¡Qué falso es el mundo y quienes lo habitan! Me sentí, solo, viejo y paranoico, regresa a mi esa tendencia auto destructiva de sentirme traicionado por aquellos que me rodean y de encerrarme en ese caparazón infranqueable, siempre un naufrago, siempre en mi isla, el eco de una casa vacía, la compañía de un locutor poniendo un éxito en la radio, el reflejo en la ventana del autobús, el abrir la nevera en busca de comida, el cerrar tras de ti la puerta de tu casa con alivio, seguro de que afuera han quedado todos los males de este mundo. 


A pesar de eso, no tengo ganas de volver a casa, no sé a donde ir, aguardo a que oscurezca, vago por las calles entre vagabundos y putas, me gustaría tener un lugar al que ir, con la seguridad de que alguien tome mi mano y a lo mejor impida que me ahogue en mi desconcierto y soledad, no quiero ir a casa porque sé que no encontraré nada allí, el tiempo se deslizará lentamente y solo me hundiré para ver las burbujas de mis sueños ascender para luego estallar y morir mientras mis pulmones suplican por oxígeno. Me abordará esa extraña sensación que comienza en la boca de mi estómago y sube por mi tráquea, esa repugnancia dulzona de la que habla Sartre,¡Ya estoy hablando de Sartre!, no puedo evitar sentirme pretencioso en ocasiones, como todos. 


"Los cuervos devoran a los muertos y los aduladores a los vivos "

Hablan del mundo real, de conducir autos, de ir a bares, de dietas, del último celular que vale al menos tres salarios mínimos, de inversiones, de facturas, se hacen los interesantes citando a Cortázar y a Kubrick pero pocos comprenden el mensaje detrás de sus obras. Todos inmersos en su burocracia, en su moda, en la complicada forma de hacer las cosas, la gente asume que yo también hago parte de ese mundo pero no es verdad, no me interesa en lo más mínimo hacer parte de esta realidad, 

Una conversación es sensata cuando ambos interlocutores dejan de hablar y permiten que el silencio los invada, el silencio está bien, es una muestra de que ambos dijeron lo que debían decir. Por otro lado están esas otras conversaciones en las que todos se están pisando e interrumpiendo continuamente creyendo que lo que pueden decir es más importante.

"Es extraño que todo me dé lo mismo; me espanta".

Soy un pedazo de basura que se esconde tras su propia máscara, expongo mis debilidades y la uso como mi propio escudo, uso la mascara de alguien que quiere ser todo lo que no crea que puede existir, soy un cínico que no cree en la sinceridad o bondad humana, creo que todo va ligado a los intereses, a una forma posterior de tener poder sobre alguien más, no creo en las motivaciones humanas ni en sus acciones, tiendo a expresarme de forma irónica, sarcástica y burlona, lo siento, mi sinceridad me supera.

Estoy vacío, el lícor no me embriaga, el sexo no me da placer, las drogas no me estimulan y la opinión de los demás me tiene sin cuidado. Me quedo viendo a las personas sin que se den cuenta, casi puedo ver donde termina su rostro y empieza su máscara, te buscan únicamente cuando requieren de tu ayuda, piden ser escuchadas pero se enfadan cuando deben afrontar la verdad, ¿Por qué siempre deben tener la razón? me hablan de sus vidas pero yo estoy absorto en mi pequeño caparazón, en mi intento de vida canina condenada al fracaso por la forma en que funciona el mundo hoy.


martes, 18 de abril de 2017

Ebrio en la lluvia



El cielo es un toldo uniforme y grisáceo y la lluvia cae sin dar tregua, comenzó como el deslizar del tiempo en el interior de un reloj de arena, gota tras gota, ovaladas e inofensivas que caen como un avión en colisión, estrellándose contra el suelo en una sangrienta caída libre de moléculas que quedan esparcidas en asfalto dejando tras de sí ese olor particular a Petricor, el olor mismo de la vida que trae consigo la lluvia. 

La visión se dificulta y el torrencial ruido del agua al caer distorsiona los sentidos, en poco tiempo el cabello cubre su rostro, dificultando aún más la visión. Las luces de los semáforos se transforman en una especie de llamas líquidas que flotan con fuerza propia casi como derritiéndose.

Los transeúntes buscan protección y corren a refugiarse como si se tratara de una lluvia de meteoritos, mientras, los valientes, o más bien aquellos que no tienen nada que perder, se aventuran al exterior y como si se tratase de sumergirse en profundas aguas, se enfrentan al aguacero.

Se hace difícil ubicarse tras avanzar algunos metros, el agua sube, las gotas resbalan por las mejillas como si se tratase de lágrimas y avanzar entre charcos es como atravesar un campo minado, hay un punto en el que todo está tan mojado que ya no importa si se pisa un charco o si un auto salpica con con sus poderosos neumáticos a los miserables que permanecen bajo el agua, ya no importa al fin y al cabo es simple agua. 

Los charcos se unen y las calles se convierten en afluentes tormentosos, los zapatos surcan el asfalto y se puede sentir el agua penetrar la suela y enviar una descarga nerviosa de un hielo atravezando  la piel. 


Lo cierto es que nunca antes el mundo había sido tan suyo, tan libre, son pocos en las calles y se puede correr, gritar, saltar, maldecir, nadie va a hacer nada, únicamente mirar desde lo seco y cálido de sus ventanas, correr no equivale a negarse menos. 

Debes llegar a tu destino y nada lo impedirá, el cielo comienza a iluminarse con los relámpagos que anteceden al trueno, la ropa pesa pero nada puede detener a un vagabundo que como un capitán ebrio  y soberbio de euforia y alcohol, se aferra a las amarras de su embarcación con una mano mientras con la otra sostiene una botella de ron a medio terminar.


¿Es esta la furia de Dios? Creo que puede hacer algo mejor, porque no pienso detenerme. Una afronta irreverente. 

sábado, 11 de marzo de 2017

Es importante entender la historia de Megadeth: Kiko Loureiro

Fotografía: Creative Commons/Felipe Andreoli

 Por Cristian Mora J


El virtuoso guitarrista Pedro Henrique “Kiko” Loureiro se refirió al lanzamiento de Dystopia, el quinceavo álbum de estudio de Megadeth, banda a la que se unió en el 2015 y del aporte que ha dado su guitarra y su técnica desde entonces.

Kiko comenzó a tocar la guitarra acústica a los 13 años, inspirado por otros grandes guitarristas como Eddie Van Halen, Jimmy Page, Jimi Hendrix y Randy Rhoads.

El guitarrista recuerda cómo fue el día que se presentó ante Megadeth, “el día de la audición fui a Nashville, donde habita Dave, con mi guitarra acústica y mi guitarra eléctrica, preparé cuatro canciones de Megadeth, grabé “Hangar 18”, “Trust”, “Holy Wars” y “Symphony Of Destruction”, iba preparado porque pensaba que tenía una audición, y en realidad lo que paso fue que hablamos de la vida, hicimos bromas, pasamos el día juntos, almorzamos, cenamos, tomamos cerveza y fue algo muy relajado, la audición fue una cosa de conversación, de personalidad, pasé un par de días más con ellos y luego anunciaron mi entrada”.

El ex guitarrista de la banda brasileña de Power metal, Angra se unió a las filas de la banda de Thrash metal liderada por Dave Mustaine después de la salida de Chris Broderick, con su llegada inyectó vitalidad al sonido de la agrupación sin alterar el sonido característico de la agrupación.

“Es importante conocer el concepto de un grupo como Megadeth, su personalidad, sus integrantes qué buscan, qué quieren, la transición fue muy normal, es importante entender la historia de Megadeth”afirma el guitarrista acerca del cambio que significó pasar de Angra a Megadeth.

“Hay una gran amistad y buenas relaciones en Megadeth, creo que eso son los secretos de Dystopia, una gran energía, estar enfocados en hacer lo mejor y trabajar juntos”.