jueves, 9 de marzo de 2017

Denunciar la inequidad en La Guajira a través de la ley, la palabra y la imagen

Por Cristian Mora J

Gonzalo Guillen se mezcla entre los espectadores de su documental, sostiene un viejo portafolio en su mano izquierda mientras va de un lado a otro hablando, estrechando manos y saludando a académicos con los que intercambia opiniones mientras espera ansioso la proyección de su más reciente trabajo periodístico, el documental “El río que se robaron, el exterminio de la nación Wayúu”.

Fuertemente influenciado por su padre, el sociólogo Fernando Guillén, Gonzalo cumplirá 41 años de carrera periodística ininterrumpida, una larga trayectoria que le ha permitido distinguir los matices de su oficio y lograr ubicarse del lado correcto de la profesión: “siempre he sido simplemente un reportero, desde que comencé hasta hoy, he estado en lo mismo, siempre he salido a investigar, pero el periodismo es uno solo y es el que ejerzo, yo hago mi trabajo, no más que eso, no soy de farándula, por mi carácter tampoco me gusta ser protagonista de nada”. 

Sí, Guillén ha sido un hombre discreto, pero que su sigilo no lo engañe, su trabajo ha sido cauto pero certero, durante el proceso, Guillén y su periodismo de investigación han logrado poner tras las rejas a personajes como Juan Francisco Gómez Cerchar, mejor conocido como ‘Kiko’ Gómez, ex gobernador de La Guajira y responsable de 132 homicidios, entre ellos el de Yandra Brito, ex alcaldesa de Barrancas quien contactó a Guillén meses antes de morir, un suceso que volcaría la mirada del periodista al extremo norte del país, una región abandonada por el Estado y que hasta hace algún tiempo se encontraba bajo la intimidante sombra de temor que proyectaban Gómez y los suyos. 

En la mitad del lugar, mientras las personas llegan y se acomodan en sus asientos, un hombre permanece de pie, atento a cualquier movimiento extraño o sospechoso, este es tan solo uno de los hombres encargados de la férrea seguridad del periodista, porque hacer fuertes denuncias en Colombia bajo el silencio de los medios de comunicación y los discursos mediáticos del Gobierno lo ha convertido en uno de los periodistas más amenazados del país.

Cada que se toca el tema, Guillén le resta importancia e incluso se atreve a hacer un poco de humor con la situación:

“La cantidad de enemigos que tengo es inmensa, la recompensa por matarme a mí es de mil millones de pesos, así que el que este corto de plata…” - “Yo tengo que moverme con un ejército de escoltas, las amenazas son miles, eso me parece un tema secundario, toca enfrentar a la corrupción, porque es que si no, se nos va a acabar el país, hay que ganarle a la mafia, a la corrupción, hay que tener algo de valor, sí, uno se meter a torear mafiosos pues claro que está amenazado pero ningún periodista es más periodista, ni más valioso por estar amenazado, es algo personal”. 

Finalmente las luces del auditorio se apagan y un enorme desierto surge ante los espectadores, mientras un par de personas arrastran los pies al atravesar el desolado paisaje que dibuja la pantalla, por ese mismo lugar solía correr el río Ranchería, única fuente de agua en La Guajira, ahora represado para explotar el carbón que se encuentra debajo del cauce, amenaza con matar de hambre y sed a los habitantes de las rancherías aledañas, una acción alcahueteada por las mafias y supervisada bajo la hipócrita mirada de las trasnacionales. 
Carlos Franco, gerente de Cerrejón, complejo de minería que se abastece del Ranchería, habló con Guillén, y se refirió a las enormes cantidades de agua que demanda su compañía y aseguró que “únicamente un 10% del agua que se usa es tomada del río, sin embargo, admitió que toda acción humana tiene consecuencias”, tal como si su afirmación justificara la alarmante situación que se vive en La Guajira. 


El encarcelamiento de ‘Kiko’ Gómez, golpe asestado por Guillén a la corrupción en el departamento, fue clave para lograr ingresar a la frágil comunidad Wayúu, una gran amistad y cercanía con el pueblo indígena basada en la confianza y la paciencia le permitió materializar “El río que se robaron, el exterminio de la nación Wayúu”, lo que originalmente comenzó como un denunció se convirtió en el medio parar mostrar al mundo el genocidio que se vive en La Guajira.

Javier Rojas, representante Wayúu quien ha sido constantemente amenazado por denunciar la corrupción de la zona, afirma que “La realidad Wayuu es miserable, no existen los servicios públicos, y el tema del agua es muy complicado y eso es lo que básicamente está matando a la comunidad. El suministro de alimentos es nulo también y a causa de esa situación han muerto 14 mil niños en los últimos 15 años”,

Durante los siguientes 60 minutos, el documental de Guillén navega a través del océano de tragedia que vive La Guajira, “lo más grave es la mortandad de niños productos de la corrupción, producto de entregarle los recursos de La Guajira a la mafia, todo el dinero que se destino es robado, no puede ser posible que la corrupción y la explotación vayan a estar eternamente por encima de la vida de los seres humanos, particularmente de los más indefensos”. 

Cálculos de analistas apuntan a que han fallecido cerca de 6.000 personas en La Guajira, de los cuales 70% son niños, todo como saldo de la desnutrición en la región, por cierto, la zona más seca de toda Colombia.

El lanzamiento de “El río que se robaron, el exterminio de la nación Wayúu” coincidió con el anuncio definitivo de la firma del acuerdo de paz con las Farc con el Gobierno colombiano, Guillén es un defensor del tratado de paz sin embargo mantiene una posición crítica frente al Estado, después de todo ha sido la ausencia de este en La Guajira, y su laxa actitud las que hoy por hoy han discriminado a La Guajira y sus habitantes. 

“La firma de la paz acaba la guerra con las Farc, pero no se va a mejorar el clima en el país, ni va a acabarse la corrupción, ni se van a remediar los huecos en Bogotá, los problemas en el país siguen, la paz con las Farc no creo que vaya a lograr nada en La Guajira, allá hay una corrupción rampante, el proceso de paz no va a devolver el río, no se puede confundir una cosa con otra, El Estado tiene un papel que cumplir, y nosotros también tenemos el nuestro”.

Allí, contemplando su obra, Guillén sabe que la lucha por la equidad con los Wayúu sigue, después de numerosas batallas y experiencias para él solo hay una verdad, “defiendan una causa y háganlo de por vida, cualquier cosa, para que su vida sea útil, no para que les paguen, abrácenla y comprométanse con ella”.


jueves, 2 de marzo de 2017

Clasificación R


"Soy el mejor en lo que hago...aunque lo que hago no sea muy agradable". J.H

Un tipo duro camina resuelto entre los restos de una autopista destruida, arroja su arma al suelo y prende su cigarro,  tras él, una combustión se alza por los aires y los vehículos vuelan a su alrededor envueltos en llamas mientras él se aleja impasible. 

El tipo cercena la  cabeza del primer matón de turno al que enfrenta, en un baño de sangre y entrañas y no puedo evitar pensar en Taxi Driver de Martin Scorsese, en su primera cita, Robert de Niro AKA Travis Bickle invita a una mujer a salir y la lleva a un cine, sin embargo no se trata de una película cualquiera, se trata de una función de cine porno, el resultado era predecible y la mujer lo abandona tras ver los primeros minutos de la cinta.

Regreso a la realidad, este tipo duro acaba de aplastar el cráneo de otro de los secuaces del villano contra el suelo, sus huesos resuenan en la sala como lo haría una nuez al abrirse, a mi lado ella se revuelve en su asiento, mientras cubre su rostro, en cualquier momento se levantará de su silla y se irá como Betsy lo hace en Taxi Driver. Aguardo al tiempo que en la cinta un desgraciado pierde su brazo, en mi mente Tarantino asiente con la cabeza mientras aprueba  tal derroche de violencia en la cámara, es el fin.

La escena finalmente acaba y el héroe, cubierto de sangre ajena y propia, ha acabado con todos sus enemigos quienes yacen en el suelo sin vida, ella gira su rostro hacia mí y  en medio de la oscuridad de la sala de al fin veo su expresión radiante, y me siento tan poderoso como aquel hombre en la pantalla.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Arietes


"Hay un juego de adivinación -continuó Dupin- que se juega con un mapa. Uno de los participantes pide al otro que encuentre una palabra dada: el nombre de una ciudad, un río, un Estado o un imperio; en suma, cualquier palabra que figure en la abigarrada y complicada superficie del mapa. Por lo regular, un novato en el juego busca confundir a su oponente proponiéndole los nombres escritos con los caracteres más pequeños, mientras que el buen jugador escogerá aquellos que se extienden con grandes letras de una parte a otra del mapa. Estos últimos, al igual que las muestras y carteles excesivamente grandes, escapan a la atención a fuerza de ser evidentes, y en esto la desatención ocular resulta análoga al descuido que lleva al intelecto a no tomar en cuenta consideraciones excesivas y palpablemente evidentes". - La Carta Robada, Edgar Allan Poe


Ilustración: Beatrice Rodríguez


Cambiar un nombre no es fácil, un nombre debe permanecer desde el día de su bautizo hasta el día de su muerte, en sí mismo es una identidad, es una esencia, porque un nombre ya viene con unas características, piensas en  Chaplin y ya viene una imagen a tu mente, y una serie de rasgos que ya vienen consigo, es algo universal, es la magia de reconocer algo en nuestra mente con solo ser nombrado, ¿Ven la importancia de los nombres? podría empezar un monólogo semiótico alrededor de los nombres, pero no quiero eso, solo quiero resaltar su importancia,  es casi como abandonar un lugar por otro, sensación que deben conocer a la perfección los inmigrantes, los foráneos y los refugiados, porque ni siquiera se trata de dejar tu hogar, es acerca de tu tierra, tus creencias a veces hasta tu idioma.

Intentaré aterrizarlo con un ejemplo de la cotidianidad, estás a punto de mudarte y todas tus cosas ya están empacadas en cajas y echas un vistazo a tu alrededor, no hay nada colgando en las paredes y cualquier sonido retumba en el eco de ese espacio que solía ser tuyo y que ahora será de alguien más, hay una sensación de vacío, tu casa dejará de existir al cerrar la puerta tras de ti, esa ya no será tu casa, tendrás una nueva pero no será la misma.

Bien, supongo que hoy es el día de la mudanza y estoy contemplando un lugar que estoy a punto de abandonar, mi blog, que desde un principio y gracias a una filia hacia Pink Floyd siempre se llamó Another Freak In The Wall, está a punto de dejar de serlo, comenzó como un muro ¿Por qué un muro?
Porque un muro es resistente, requiere de tiempo para ser construido, un buen muro es firme, resiste al viento, a la lluvia, a una invasión, y lo más importante, sirve como linea divisoria de un lugar a otro, de un sujeto a otro, y eso era lo que requería en el momento en que lo construí, algo que me diferenciara de los demás, en primer lugar que me protegiera de todos esos arietes que intentaban romperme, en segundo lugar, un muro también es una prisión, me mantuvo apartado, supo aislarme cuando lo necesité. 

Pero las cosas ya no son así, los años han pasado y un espacio que comenzó en el anonimato ya no me permite tales libertades, dejó de estar oculto, está a la vista de todos, expuesto como en una vitrina,  y no busco que sea privado, busco que no se percaten de su existencia a pesar de estar ahí  ya no requiero de ese muro, necesito adaptarme a otras necesidades, requiero de un lugar nuevo, los muros son difíciles de saltar, y no cualquier puede hacerlo, no cualquier puede cruzarlo, necesito algo diferente, un espacio que me permita moverme de un lugar a otro sin ser visto, casi como la red de túneles que usaban los japoneses durante la II Guerra Mundial, un lugar que me de refugio si quiero pero que permita salir a observar el mundo, un espacio, un lugar silencioso, lejos del estridente ruido de afuera, un lugar oscuro y pacífico, donde no sea fácil distinguir el día  de la noche, pensé en muchas lugares, pensé en una caverna, pero el nombre tiene ya un referente Beatle, ya está gastado, además las cavernas son finitas, no, no quiero ser un cromagnon más, pensé en un guarida, pero de esas hay muchas, además la palabra tiene cierta connotación de forajido, no, descartada. 

Pensé en una colmena o un hormiguero, pero creo que esas son construcciones grupales, requieren del funcionamiento de numerosos individuos y si hay un rasgo que busco es la soledad. 

¡Un dique! pero si me pongo metafórico, la función de un dique es detener la corriente de un río, y yo no quiero detener ninguna corriente, quiero ser arrastrado por ella, sin embargo no hay que subestimar la capacidad arquitectónica de un castor, así que yendo por la misma línea, parece que lo más apropiado sería construir una madriguera, cientos de redes de túneles y cámaras conectadas entre sí, aisladas, apacibles, oscuras, acogedoras: está decidido, será una madriguera, pero no puede ser cualquier madriguera, madrigueras también hay muchas, los Weasley tienen la suya, así mismo Bugs Bunny, así que la mía también debe ser diferente, ahí está la importancia del nombre.

Así que en esencia es casi como mudarse de casa, será mi casa, pero no la misma casa, hoy muere el muro pero nace un nuevo refugio, una copia barata de la ciudadela de los hombres topo, rústica,  oculta entre la maleza, expuesta y sencilla  pero laberíntico y de difícil acceso, hoy caen los ladrillos, por última vez rayo este muro y por primera vez escribo bajo tierra, 

viernes, 17 de febrero de 2017

Un hombre sin fe


"Puesto que para tener una visión negra del mundo hay que haber creído antes en él y en sus posibilidades. Y todavía resulta más curioso y paradojal que los pesimistas, una vez que resultaron desilusionados, no son constantes y sistemáticamente desesperanzados, sino que, en cierto modo, parecen dispuestos a renovar su esperanza a cada instante aunque lo disimulen debajo de su negra envoltura de amargados universales, en virtud de una suerte de pudor metafísico; como si el pesimismo, para mantenerse fuerte y siempre vigoroso, necesitase de vez en cuando un nuevo impulso producido por una nueva y brutal desilusión". Ernesto Sábato

Siento un pequeño cosquilleo en el ápice de mi dedo índice, un insecto desciende por las yemas de mis dedos, dirigiéndose  a la palma de mi mano, lo que para mí es una pulgada, para el pequeño invertebrado la distancia del punto A al punto B es una distancia kilométrica, dejo que recorra mi mano mientras lo observo: así que así se debe sentir Dios, observar desde un plano cenital lo simple que es un vida, inferior, indefenso, sumiso si se quiere, incluso ignorando que es observado por alguien que podría finalizar con su vida en cuestión de segundos con un simple mover de un dedo.

Camino mientras el pequeño insecto recorre mi cuerpo, el sopor cae sobre mí como el el sol cae tras los edificios, no quiero ir a casa, desorientado, paradójicamente termino frente a una iglesia, esa que critico cada que puedo, esa misma en la que dejé de creer hace mucho. Casi como si Don Quijote de la Mancha se parara frente a un molino de viento y en lugar de embestirlo con su lanza se detuviera a admirar la belleza de sus aspas, así pues ingresó a mi molino personal, hipócrita  y descarado.

Se viene a mi mente una frase en particular de una conversación pasada:

- No pierdas la fe.

En aquel momento guardé silencio, porque no tengo fe que perder, soy un hombre sin fe, y a pesar de eso le muestro al mundo mi mejor rostro, el mundo te puede tener agarrado del cuello mientras tus pies se sacuden y tu cabeza suplica por oxígeno, pero tú seguirás allí, sonriéndole al maldito bastardo , un hombre sin fe, pero con esperanza ¿Eso cuenta?.

Cruzo el umbral de la casa de Dios. A pesar de mi posición incrédula,  las iglesias siempre me han parecido lugares atractivos  claro que esta vez hablo de las iglesias desde un punto de vista arquitectónico, no teológico, son atemporales, silenciosas  y son uno de los pocos lugares que en la actualidad en la que aún existe un ámbito de respeto

Los confesionarios siempre me han parecido invenciones curiosas, no puedo evitar pensar en una línea caliente, a fin de cuentas, tras un confesionario se oculta una voz desconocida que aguarda al otro lado, preparada para escuchar nuestros más oscuros secretos, tal como lo haría una operadora erótica en el primer caso. 

El sacerdote aguarda en su cubículo, mira su celular, no sé qué clase de páginas pueda seguir un sacerdote, cada pensamiento que cruza por mi mente me hace menos merecedor de estar pisando un lugar sagrado para muchos, me arrodillo y aguardo a que el sacerdote se percate de mi presencia y dé el banderazo de salida.

Han pasado 13 años desde mi primera y última confesión, la lista de pecados y faltas debe exceder el crédito celestial que adquirí cuando fui bautizado, intento pensar en mis pecados, en todas las veces que he sido un blasfemo, tal como lo soy ahora al momento de escribir estas líneas, intento recordar cada una de mis fallas...nada.

El sacerdote aguarda por mi confesión así que opto por revelarle mi alejamiento de la religión, le hablo de mis dificultades, de una forma superficial, casi como si no fuera mi problema, cuando en realidad quisiera soltarlo todo, mis miedos, mis frustraciones, mis inseguridades, mis demonios, mis fracasos, eso sí sería una auténtica confesión, me quedo en silencio y aguardo a que el sacerdote me responda, su acento lo delata, es probablemente belga o francés, tiene cierta dificultad en encontrar las palabras que busca para transmitir lo que quiere decir, sin embargo lo logra....

Sus palabras finales son cortantes pero directas..."con la mucha o poca fe que le quede....", el resto de la frase se hunde en mi mente, me atraviesa como un cuchillo frío entre mis entrañas, mientras agradezco al religioso por su atención y me levanto.

La penitencia es sencilla, pero antes de cumplirla hay algo más que debo hacer, doy un par de pasos, poso mi mano sobre una banca y con la delicadeza que una madre pone a un bebé en su cuna  dejo que el pequeño insecto que me ha acompañado todo el camino se deslice hasta que deja mi mano y pueda seguir con su rumbo, este comienza a caminar sobre la madera y lo veo alejarse poco a poco, pero antes de que pueda avanzar lo suficiente otra persona aparece y propina un manotazo sobre la banca antes de sentarse, aplastando al pequeño insecto y con él a  mi renovada fe. 

Al final siempre es algo más lo que te destruye.



miércoles, 15 de febrero de 2017

Mañana

Un reloj de pared me mira del otro lado de la habitación, sus manecillas están detenidas casi como si me hicieran una seña obscena con la mano, el secundero va de adelante para atrás atrapado en un espiral...  malas pasadas que nos juega el tiempo, lo único que valida nuestro pasado es la conciencia de que sí sucedió un acontecimiento de tal manera,o al menos desde nuestra percepción, otra persona puede tener otra versión ¿Acaso la historia no la escriben los vencedores?, la memoria es nuestro único testigo y a pesar de eso, no es suficiente,  la única verdad es el hoy, el ahora, el ser capaz de dimensionar que lo estoy viviendo, es lo único que medianamente se posee y sin embargo a pesar de saberlo, no nos pertenece,  cada vez que nos damos cuenta ya es tarde, porque ya sucedió, no por eso deja de ser verdad pero le otorga un tinte de irrealidad ¿Sucedió de la forma en que lo recuerdo?.  

El ayer tiene la misma validez que la palabra mañana, el mañana y su maldita connotación esperanzadora que simboliza lo incierto del futuro y a la vez la confianza de que en un lapso de tiempo medianamente corto nuestra realidad pueda ser mejorada o cambiada: "mañana le hablaré a esa persona" (porque hoy ya no fue) "mañana será un día mejor, (porque cada día es una nueva oportunidad de empezar de nuevo), "Veámonos mañana" (porque hoy no hay tiempo) sin embargo no hay expresión más falsa y cándida, ¿Y si los días no fueran de 24 horas? Los conceptos de semana,  mes y  año, son simples concepciones astronómicas que nada tienen que ver con la esperanza que guardamos de que en realidad algo pase y cambie el curso de la vida, que nos haga olvidar lo rutinario de nuestra existencia. 

Tiene otros usos, por supuesto, casi como la caducidad de un recibo o una deuda por pagar, una falsa sensación de seguridad, como el enfermo terminal que o bien piensa que finalmente morirá un lunes en la mañana, como aquel que aún conserva la esperanza de que con el primer rayo de la mañana le sea anunciado que han encontrado un donante de órganos compatible, aplaza sus pendientes y sus pesares, confiando  su destino a aquel remoto e inexistente tiempo, porque ese mañana no existe, la vemos como una cura lejana a nuestras carencias, como el transeúnte que hace fila y aguarda pacientemente el metro retrasado, sabe que va a llegar, pero no sabe cuándo. Somos solo proyecciones inciertas de un mañana que no existe, y un ayer que ya se extinguió, porque mi mañana es el hoy de alguien y el ayer de otra persona, y ya nada puede ser real. 

jueves, 12 de enero de 2017

Nieve


Y entra el amor, flaco y mojao, como una raspa de pescao, como un beso puesto al trasluz, y de su mano llegas tú, con tu pelo como el betún, como un piropo bien tirao

Nuestros pies se mezclaron bajo las sábanas, como tentáculos rasgando las profundidades del océano,  mi corazón late como un metrónomo, tez de nieve, nariz de zanahoria, perfilada, labios cereza, una bufanda cubre su delicado cuello, fría, haces a un lado su cabello el cual deja al descubierto tu garganta, me siento como Nosferatu, como Bram Stoker mientras escribe Drácula, sedientos de besos, de tinta y de sangre.

A lo lejos suena 'Modern Love' de Bowie pero en realidad parece tan lejano, porque lo único que escucho en realidad es su voz susurrar a mi oído, sabe todo acerca de mí y yo sé todo acerca de ella, mujer del rock and roll, mujer psicodélica, mujer Arcade, escarcha derritiéndose en mis brazos. 

Sigo ausente, apenas si me doy cuenta que su silueta se hace cada vez más imperceptible, su voz pasa a ser  pequeño murmullo que se reduce hasta desvanecerse y una vez más ella desaparece en medio de la oscuridad, todo queda en silencio, Björk ha reemplazado a David Bowie y entre música de Hendrix, Morrison Amy y Bon Scott intento ponerme de pie pero permanezco boca arriba, tumbado en la cama, buscando la forma de regresar a la realidad.

Veo borroso, no sé si es el alcohol que circula por mi organismo y engaña a mis sentidos o si es la luz del día que me enceguece con su fulgor desde que he sido abrigado por las alas del insomnio y el ocaso, pero cuando salgo a las calles, veo borroso y al verte, veo doble, en las aceras, en las paradas de autobús, en los semáforos y es tu ausencia que se ha hecho tan real que ahora yo soy la sombra y tú, de carne y hueso, aguardas por mi llegada,  me atormentas, me sigues de cerca, robándome la existencia. Lo único peor que enamorase de una mujer cuyos ojos no te ven, es enamorarse de una mujer que ya está con alguien más, ambos escenarios, que a fin de cuentas vienen a ser lo mismo son catastróficos y dignos de convertirlos en poesía.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Vejez

"No te preocupes por los rechazos. Llevo 25 cigarrillos esta noche y cerveza ni te digo. El teléfono sólo ha sonado una vez: número equivocado” - Charles Bukowski

30 tabletas de Nifedipino
30 tabletas de Atorvastatina
60 tabletas de Losartan
30 tabletas de Hidroclorotiazida

Esta es la lista de medicamentos que me permiten seguir con vida, la Nifedipina, la Hidrocloroatiazida y el Losartan mantienen mi presión arterial estables, la Atorsvastatina disminuye mis niveles de colesterol y previene la posibilidad de un infarto, un cúmulo de medicamentos que se aseguran de apartar a la parca de mi puerta, postergando la inevitable.

Arrojo las pastillas a través de la primera alcantarilla que veo, mientras paso al frente de un hogar geriátrico, del otro lado de la verja miradas tristes y con cataratas me ven deshacerme del último medicamento,  asombrados, se aferran a la vida con más de aquellos mismos medicamentos, sus cuerpos sin fuerza, respaldados por sillas de ruedas y caminadoras, añoran la libertad que yo aún poseo, añoran volver a su juventud, salir a bailar, frecuentar el billar, vagar por las calles y caminar por la ciudad, la misma ciudad que se encargó de darles la espalda y confinarlos al olvido los últimos años de vida. En realidad, nunca quise vivir tanto, supongo que no fui lo suficientemente valiente o cobarde para halar del gatillo o arrojarme de algún rascacielos, un sobreviviente a fin de cuentas.

Al salir esta mañana el vinilo de Sidney Bechet giraba en el tocadiscos, "Petite Fleur", al salir dejo tras de mí la puerta abierta, no pienso regresar.  ¿Por qué el mundo es tan triste? le escucho decir a una joven mientras camino - cariño, la soledad pasó de ser un sentimiento a ser una epidemia, el mundo gira por inercia y ya nada es suficiente. A veces me cuesta salir de la cama y verle la cara al mundo, un mundo que ha dejado atrás su humanidad y deja ver su lado más hipócrita, gira cada vez más rápido mientras yo parezco volverme más lento.

Camino entre las tumbas y repaso una lista de mis amigos y conocidos, tacho nombre tras nombre, víctimas de sus propios vicios y demonios, cerraron sus ojos para no volverlos a abrir, sorprendidos por la muerte en la flor de sus vidas, en la cumbre de su éxito, o en el hedor de sus fracasos, al final todos terminan por sucumbir ante la fuerza imparable de este mundo  y ante aquel dispendioso peaje que te cobra la vida cada cierto tiempo, exigiendo tu cordura, tu tiempo y tu corazón, como tributo para seguir a flote en esta letrina que te recuerda que al final todo es temporal, nada permanece.

Las calles se han vuelto más largas, el suelo se siente frágil bajo mis pies y el frío equilibrio de mi bastón, ya no puedo seguir el paso, igual que nunca pude seguir el paso del sistema, del establishment, apatrida, incomprendido por la sociedad, marginado e incomprendido, me relegué al anonimato. Solía pensar que rendirse era un sinónimo de debilidad, que no debía dar el brazo a torcer, sin importar las probabilidades, debía mantener la cabeza erguida, no agacharla y luchar por un propósito, no por orgullo, ni por esa obstinación que conozco tan bien, con el tiempo comprendes que a veces es mejor hacerse a un lado, evitar las vías del tren. No está mal hacerse a un lado, hay gente que no necesita ser salvada.

Hay viene mi locomotora....

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Dibujar la guerra, los bosquejos de Jairo Martínez

Fotografía: Cristian Mora

Antoine de Saint Exupéry, el famoso aviador relata en su libro cómo dibujó varias ovejas a petición del joven Principito, de igual forma le dibujó un elefante comido por una serpiente y finalmente le entregó un dibujo de una caja de agujeros con una oveja adentro, justo como la que el pequeño príncipe había imaginado.

Jhoiner García Moreno, alias ‘Jairo Martínez’, un guerrillero del Bloque Sur de las Farc, también gusta de dibujar en su cuaderno y su tiempo libre lo dedica a leer y a hacer trazos y retratos, incluso, cuando sus compañeros se lo piden también dibuja cosas para ellos. Jairo es uno de los guerrilleros que hizo historia en los Llanos del Yarí y asistió a la X Conferencia Guerrillera.

Antes de ingresar a la guerrilla y responder a este alias, Jhoiner era un joven estudiante de bachillerato perteneciente a la etnia indígena de los Coreguaje, un pueblo indígena que habita a orillas del río Orteguaza en el Caquetá y en las cercanías al río Mecaya en el Putumayo.

El olvido al que los Coreguaje y las tribus indígenas han sido condenadas a lo largo de la historia, hace pensar que Colombia es una tierra habitada por las mentes estrechas que el Principito encontró durante su viaje a través de la galaxia: reyes sin súbditos que dan órdenes, hombre de negocios que cuentan las estrellas y que de forma absurda las reclaman como propias, geógrafos absortos en la teoría pero que nunca han salido a explorar su cartografía, y borrachos que beben para olvidar que son borrachos.

Jhoiner descubrió esta realidad al viajar a través del país, “tuve la oportunidad de recorrer muchas partes del sur de Colombia como El Amazonas y Puerto Leguizamón en el Putumayo, viajé por el Caquetá e incluso estuve en Bogotá, durante ese recorrido vi mucha injusticia, gente que se cubría con cartones, otros que dormían en la calle, incluso en ocasiones uno tenía que pasar por encima de ellos para seguir su camino, y ver a esa gente es triste. A uno le dan ganas de llorar”. 

“Fue el primer dibujo que hice, no me quedó muy bonito, pero a mí me quedó gustando así que seguí dibujando, cualquier cosa que yo viera que estuviera a blanco y negro la dibujaba”.


Fue durante esta época en la que Jhoiner comenzó a dibujar, pasaba horas en la biblioteca de su colegio devorando libros y observando a otras personas con talento para el dibujo y aprendiendo de ellos. Recuerda que el primer dibujo que hizo fue el rostro de Gabriel García Márquez, incluso sin conocer de cerca las obras del nobel, “yo tenía muchas ganas de conseguir Cien años de soledad, pero nunca tuve la oportunidad, he escuchado que es muy bueno, pero no lo he encontrado”.

Pero incluso con una nueva pasión creciendo a través de la tinta y el papel, el horizonte no parecía muy alentador, sin garantías para estudiar, nacido en una región aislada y criado en el humilde hogar de su abuela o ‘su viejita’ como él la llama, García aún no tenía claro su futuro “mi familia quería que yo fuera profesor, pero no me llamaba la atención, por otro lado, me decían que ser abogado era algo importante. Yo iba con la idea de eso, terminar el estudio y comenzar una carrera”.

Finalmente en 2011 la vida de Jhoiner dio un giro inesperado cuando un grupo de guerrilleros le salió al paso y lo sorprendió mientras él caminaba por la carretera, “en mi familia me inculcaron que eran criminales y terroristas, yo les tenía miedo, siempre que los veía de lejos me escondía, no me dejaba ver de ellos, pasaban en gran número, pero esta vez me vieron, y el corazón se me salió del pecho”, dice.

Fotografía: Cristian Mora  "Un profesor universitario vino desde Bogotá y me dijo que yo tenía buena ortografía y buena letra, también eso lo anima mucho a uno, yo no sé mucho  pero sí manejo la ortografía, me defiendo con eso de las tildes, las comillas y las comas”.
El grupo de guerrilleros se acercó a Jhoiner y lo saludó normalmente, le hicieron las preguntas de rigor: ¿Cómo se llama? ¿De dónde viene? ¿Para dónde va? Incluso le ofrecieron chocolate, ese fue el momento en que este Principito de tierras mestizas decidió abandonar su tierra y explorar un nuevo universo, se mezcló entre los guerrilleros, miró hacia atrás por última vez y continuó.

Tras caminar algunos kilómetros, al grupo llegaron más guerrilleros, entre ellos el comandante de la unidad, quien al percatarse de la presencia de Jhoiner lo mandó a llamar. Durante una breve entrevista le explicó a Jhoiner todo lo referente a las Farc, el joven indígena, lleno de preguntas, sació su sed de información ¿Por qué andaban armados? ¿Por qué peleaban contra el Ejército? “Él me lo explicó todo, me aclaró que peleaban por defender las leyes del pueblo, me habló un poco del estudio y la vivienda, ahí me motivé para entrar a la guerrilla”.

A partir de ese momento Jhoiner adquirió una nueva identidad, ahora respondía al alias de Jairo, un nombre que con el tiempo se convirtió en el de Jairo Martínez, un antiguo militante del frente que murió antes de la llegada de Jhoiner al campamento. 

“El nombre me gusta, es en homenaje a un camarada, yo no lo conocí pero lo he visto en fotos, supuestamente porque me parecía mucho a él”. 

Después de recibir el entrenamiento militar correspondiente, fue asignado a una unidad de orden público y tan solo una semana después se vio envuelto en su primer hostigamiento, “los primeros días uno siente muchos nervios, ya que nunca ha disparado, nunca ha escuchado los tiros. Durante el combate uno no sabe qué hacer, si salir corriendo o no, pero con el tiempo uno se adapta a esa vida, se pierde el miedo”.

Además de su predilección por la obra de Saint Exupéry, Jairo reconoce la influencia que ha tenido en su vida el libro “La guerra no tiene rostro de mujer”, de Svetlana Aleksiévich, la nobel de literatura.


Jairo Martínez aprecia los últimos seis años que ha pasado en las filas de las Farc, e incluso está pensando en pedir una caja de colores nueva para seguir dibujando, “si uno quiere en verdad prepararse aquí, uno lo plantea, expone las propuestas, dudas o sugerencias. El que no aprende las cosas aquí es porque no quiere, porque aquí existen todas las posibilidades de aprender, prácticamente la guerrilla es una escuela”.


De cara al Acuerdo de Paz y al fin del conflicto entre el Estado y las Farc, Jhoiner habla sobre su futuro: “Si me le dan la oportunidad yo continuaré estudiando. Estudiaría todo lo que tiene que ver con los Derechos Humanos, juegan un papel muy importante a nivel mundial porque se trata de defender al pueblo, ese es mi sueño”.

A la espera de una conclusión, Jairo seguirá ahí, esperando el momento en que pueda reemplazar definitivamente su fusil por un lienzo y un pincel, con los cuales, seguirá apostándole a la revolución, pero está vez, trazará una nueva historia a través del arte y la expresión gráfica.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Imagen: Creative Commons - NASA


Ser astronauta y recorrer el espacio parece una proeza que podrían alcanzar únicamente los protagonistas de películas como Interstellar, Gravity u Odisea al Espacio, una línea invisible que ha trazado lentamente la ciencia ficción ha desdibujado lo cotidiano de una profesión que si bien no todos pueden ejercer, es casi como cualquier otra.

Casi como escapando de ese mundo abisal, oscuro y carente de gravedad donde el silencio y el infinito son ley, llegó al Planetario Distrital de Bogotá el  biólogo, educador y astronauta de la NASA, Richard Arnold II, introducido por el reconocido astrónomo y asesor científico Germán Puerta, el astronauta oriundo de Maryland habló acerca de su carrera, el enorme e inexplorado espacio y de su actual labor entrenando a las nuevas generaciones de astronautas.

Arnold habló acerca de sus inicios como profesor, reconoce que su vinculación a la NASA fue poco usual, puesto que son pocos los educadores que logran ingresar a este equipo, además recuerda como uno de sus héroes de la infancia a Jacques Cousteau, explorador e investigador submarino de origen francés, le motivó a reemplazar una escafandra por un casco de astronauta.

“Jacques Cousteau estuvo sentado ahí mismo donde tú estás sentado, claro, hace ya muchos años cuando visitó nuestro país” le confiesa Germán Puerta a él y a toda la audiencia, y así fue, el investigador francés visitó Colombia en el año de 1981, donde además de visitar la Amazonía, visitó Bogotá, recorrió sus calles y dio conferencias en la universidad Jorge Tadeo Lozano y el Planetario Distrital.

¿Cómo  llegar a ser astronauta?, es una de las preguntas más comunes que le hace la gente, el astronauta levanta la mirada, “tienes que estudiar matemáticas, ciencia, y adquirir vastos conocimientos de ingeniería y medicina…ah y ruso” asegura.

“El despegue y el aterrizaje son quizá los momentos más peligrosos de la misión, ¿Qué si estaba asustado al momento de despegar? Quizá un poco, pero fueron los 8 minutos más excitantes de toda mi vida”

La misión STS-119 tenía como objetivo continuar con la construcción de la Estación Espacial Internacional e instalar nuevos páneles solares, realizando dos caminatas espaciales durante doce horas.

“No es una distancia muy larga, pero pude observar este increíble y hermoso planeta que compartimos” dice con orgullo.

Si bien, la vista de la Tierra desde la Estación no es tan sorprendente, las estrellas si resultan un espectáculo digno de ver, al estar tan cerca, pueden verse de una forma tridimensional que solo son capaces de ver aquellos con la preparación y el conocimiento suficiente para viajar al espacio.

El astronauta habló acerca de su experiencia en la Estación Espacial Internacional, considerada uno de los más grandes avances a nivel de ingeniería, la estación que se encuentra a unos 400 kilómetros de altura, puede ser distinguida desde nuestro planeta por su luminosidad que es equiparable al del planeta Venus.

En esta, actualmente tripulan seis astronautas, tres rusos, dos estadounidenses y un italiano, cuatro hombres y dos mujeres, Arnold equipara el estilo de vida de estas personas con los que habitamos en la tierra, durante las noches ven películas, en el día hacen ejercicio y realizan llamadas a sus familiares en la tierra, con la sutil diferencia de que llegan a ser testigos de entre 16 y 18 amaneceres por día.

La comida tampoco es un problema, ya que es seleccionada en la Tierra antes de partir, prácticamente se cuenta con todos los alimentos que podrías tener en el planeta, claro, el agua, uno de los recursos más importantes para la supervivencia es un tema diferente, el agua de la Estación Espacial Internacional es reciclada de los desechos del sistema urinario

“Prácticamente orinamos el café que beberemos en la mañana” me confiesa el astronauta con tono humorístico.

Además en la Tierra, permaneció en el Laboratorio Submarino Aquarius Reef, ubicado 17 metros bajo la superficie del océano Atlántico, en Cayo Largo y sumergido en medio de un arrecife de coral.
“Lo más peligroso de permanecer allí es que respiramos aire bajo presión, de resto, es un hermoso lugar para vivir”.

Finalmente, se refirió a los adelantos de la NASA y la preparación para llegar al planeta Marte, “Los más grandes riesgos están en la gran distancia que debe ser recorrida, además estamos constantemente expuestos a la radiación del sol". explicó Arnold II antes de levantarse y perderse de nuevo en el intrigante mundo que se expande sobre nuestras cabezas. Un mundo que esconde toda clase de misterios a salvo de la del hombre. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

Lo relativo del tiempo en un contacto visual



Tarde. como siempre, corre a través de la avenida, sus latidos se mezclan con la batería de Philthy Animal en"Overkill" de Motörhead, es la canción perfecta para la situación, se detiene frente al semáforo, cinco minutos, una nueva marca.


Aceptó la invitación para no quedarse tendido en su cama viendo el techo el resto de la tarde, después de todo, nunca se sabe lo que se encontrará a la vuelta de la esquina, en efecto, un nuevo hallazgo, tiende su mano y se presentan, ella lo miro extraño, como si fuera raro saludar educadamente en el siglo XXI, caminan, las pelirojas tienen un encanto especial, y esa camisa a cuadros le dan un toque grunge que sin quererlo llama su atención, sin saberlo, graciosa, provocativa, un halo de atracción que emana su rostro, reta su inteligencia.


No la conoce y sin embargo visita su casa por primera vez, ella le pide que tome asiento, ¿Qué es esto? ¿Norwegian Wood?. Chiste va, chiste viene, así es como comienza todo, oculta su rostro tras una cartulina y únicamente puede ver sus labios, le enseña algunos de sus dibujos, es una artista, un alma libre, se voltea y pide su sugerencia, sus ojos se encuentran, al fondo suena "The Scientist",  el efecto Coldplay piensa él mientras sigue con sus ojos los de ella, ninguno apartó la vista.


¿Cómo se supone que se sabe cuando se hace 'click' con alguien? ¿Qué clase de señal hay?   Ni siquiera sabe su edad y a duras penas recuerda su nombre, así de relativo es el tiempo, pensaría Benedetti, pero mientras sus ojos siguen inamovibles, ya se están creando infinitas realidades en otros universos donde él y ella.... las posibilidades son infinitas y de todas las realidades, esta fue la que se vio interrumpida por el timbre en la puerta.

Ella abre la puerta y un hombre ingresa, se besan, ¿Qué hace con este idiota?, es hora de marcharse, abre la puerta y el frío lo golpea como una onda expansiva, acompañada de soledad, se acomoda el casco y viaja en su moto,  no ve nada a su alrededor, las luces navideñas se confunden con la música de Cafetacvba y Spinetta, una mezcla nada recomendable. Sí, las pelirojas, atractivas y peligrosas, y él, tarde, como siempre.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Elegía a un humano


Amigo lector, no es necesario que lea o comprenda este texto, es un escrito realmente personal y que quizá solo pueda comprenderlo su autor y su subjetiva imagen de lo sucedido.

Monsieur Jeangros solía decir que le gustaba el azul cielo, porque el cielo no tiene límites.
-Feliz cumpleaños Cristian Camilo  -

Esas fueron las primeras palabras que me dirigió Roland Jeangros, rector del Colegio Refous, aquella mañana estiró su mano y me felicitó, era un 22 de julio de 1998 y Monsieur Jeangros acababa de darme el mejor regalo de cumpleaños que yo podría haber recibido, yo aún no lo sabía pero con su apretón de manos me estaba abriendo las puertas a un mundo nuevo y sin saberlo, también estaba comenzando a labrar un camino, imprimiendo enseñanzas  y una personalidad en mí.

Corría, descendiendo por aquellos largos escalones que debía cruzar para ir al campo del recreo, aún los veo en ese cámara subjetiva, el ladrillo que avisaba el fin de un escalón y el comienzo del otro, y de repente la física hace de las suyas, y un niño de cinco años prueba el sabor del cemento en su primer día de escuela, creí girar en el aire tras aquel tropezón que me propinó otro niño que corría en dirección contraria, la sangre y el llanto no se hacen esperar y el pequeño Jones permanece en el suelo, tirado y cubierto de tierra, a su lado, casi como una estampida, los demás niños cruzan indiferentes en todas las direcciones y de repente, Roland Jeangros hace su aparición, la memoria no me alcanza para recordar sus palabras, pero sus manos están ahí, tal como me las extendió para desearme un feliz cumpleaños meses atrás.


Me calma y cruzo junto a él el campo de recreo, ese de donde sacaría piedras para meterlas en mis bolsillos y hacerlas parte de mi colección, ese donde perdería muchos de mis juguetes en los castillos de arena que construiría más adelante, me lleva de la mano, me adentra en la cocina, un lugar oscuro donde me cura, esparadrapo en mi ceja derecha, me guía y tomo asiento mientras él se ausenta, frente a mí, veo por primera vez el cuadro de "Relatividad" de M.C Escher que me perseguirá toda la vida y a lo lejos el "Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar" de Dalí, yo para esa época no sabía un carajo de arte ni de surrealismo, solo sabía que me acababa de descalabrar en mi primer día de colegio, el análisis semiótico de los cuadros se vio interrumpido cuando Jeangros regresó con un vaso de gaseosa Colombiana y unas galletas Waffer, después de aquel recuerdo, solo hay lagunas mentales.

Mis encuentros con Monsieur fueron pocos desde entonces a pesar de verlo todos los días, siempre lo veía a lo lejos, envuelto en su bata blanca, recorriendo la geografía de su colegio, año tras año más y más lento, recuerdo el sonido de sus zapatos arrastrarse por el camino, y el brillar de su blanca cabellera, inquieto por naturaleza, cuando no estaba caminando, estaba al frente de la cafetería (o cooperativa) del colegio, dando el cambio a aquellos que compraban su lonchera en el lugar, las vueltas, a veces pagadas con dulces, eran entregadas por aquel humilde director que prefería atender a sus alumnos que cumplir con el rol de un monótono director, Yo crecía y él parecía encogerse más, asumiendo una postura que lo jorobó con el pasar del tiempo, para mí, seguía siendo él mismo, siempre fue, en mi imaginario una figura poderosa, indestructible, pensaba en él y no podía evitar asociarlo a personajes ficticios que para aquel entonces  comenzaban a alimentar mi imaginación, Vito Corleone, Yoda, Gandalf, Albus Dumbledore, hombres de trayectoria y poseedores de sabiduría y conocimiento, de esos desconfían de esta gélida sociedad, porque la ha visto de frente, de esos que cargan con el peso de la soledad y de la historia en sus hombros, un renegado, lo llamaría Mario Mendoza, para mí era un guerrero, anárquico, confiable, testigo y gladiador de batallas.


Como dije, nuestros encuentros eran esporádicos, en las maratones del Sisga, donde Monsieur daba la orden de salida de los corredores, en la cotidianidad, en sus visitas a los salones de clase, en los regaños antes de la oración de las mañanas y en el abismo que puede existir entre un rector y un alumno, como profesor, solo tuve una oportunidad de conocerle, y una vez más el buen Jeangros me extendía su mano sin saberlo, una clase de música fue suficiente: Samba Pa Ti - Santana (Live in Mexico), una grabación original de 1993,  una clase dictada por un amante de la música clásica fue suficiente para que las artes, al menos las musicales captaran mi atención.
Mendoza  escribió acerca de Jeangros mucho antes de su fallecimiento, y muy seguramente después de hoy, muchos otros que como yo, pasaron varios años de su vida en el Refous,harán lo mismo, todos con un enfoque diferente, y basados en las experiencias personales que vivieron con Monsieur, este escrito no representa nada en realidad, soy solo uno de los muchos corazones que tocó Jeangros, seguramente para él, mi rostro fue el de un grano de arena en el desierto, una gota en el océano del  lóbulo temporal de su cerebro.

Antes de Los Cazadores del Arca Perdida, antes de los desamores de Amy Winehouse, antes de la marimba en "Under My Thumb" y  del sitar en "Paint it Black", antes de ser Jones, mi universo se construyó a partir de los cimientos que Jeangros preparó para nosotros: naranja, azul, carmelita, negra, verde oscura, amarilla, carmín, verde clara, roja, blanca. para algunos, esta expresión se reduce a simples colores, para mí y mis compañeros, eran las herramientas con las que se sustentaba la arquitectura del mundo, una matemática básica que comenzaba en madera y terminaba en los ladrillos de una réplica perfecta de una de las torres des “Le Château de Porrentruy”, una estructura de la segunda mitad del siglo 13 ubicada en Suiza, cuna de Monsieur Jeangros, quien, después de la Segunda Guerra Mundial, dejó atrás para hacer de Colombia su nuevo hogar.

No se si Jeangros consideraba que tenía una deuda con la tierra que lo recibió, pero si ese era el caso, al comenzar una nueva vida en Colombia, sembró una semilla, una que sin duda pago con creces, la semilla del Refous, un lugar que más allá de formar estudiantes formaba personas, las preparaba, porque él lo sabía, sabía que este mundo es agreste, rudo, inmisericorde, que te pondrá de rodillas y te hará suplicar que se detenga y que para poder sobrevivir en este mundo hostil, debíamos  ser preparados, no me pregunten por qué, pero creo que lo sabía.
Tras esas espesas cejas, se escondía cierto carisma, había terquedad, fuego, enigma, misterio, un acertijo, una mirada paradójica que para muchos era atemorizante y severa, quizá, sí podía llegar hacerlo, para mí resultaba la mirada de un explorador viendo a través de un catalejo, en especial cuando arqueaba sus cejas, era casi como la mirada de un infante (más no infantil) como alguien que busca descubrir el sentido de lo que presencia, estricto pero con un agradable sentido del humor, serio pero con breves lapsos de  la ternura que puede despertar un anciano, sencillo, pero imponente, una obra de arte de esas que es necesario verlas de lejos para comprenderla, para verla en toda su extensión, desde lejos