miércoles, 15 de febrero de 2017

Mañana

Un reloj de pared me mira del otro lado de la habitación, sus manecillas están detenidas casi como si me hicieran una seña obscena con la mano, el secundero va de adelante para atrás atrapado en un espiral...  malas pasadas que nos juega el tiempo, lo único que valida nuestro pasado es la conciencia de que sí sucedió un acontecimiento de tal manera,o al menos desde nuestra percepción, otra persona puede tener otra versión ¿Acaso la historia no la escriben los vencedores?, la memoria es nuestro único testigo y a pesar de eso, no es suficiente,  la única verdad es el hoy, el ahora, el ser capaz de dimensionar que lo estoy viviendo, es lo único que medianamente se posee y sin embargo a pesar de saberlo, no nos pertenece,  cada vez que nos damos cuenta ya es tarde, porque ya sucedió, no por eso deja de ser verdad pero le otorga un tinte de irrealidad ¿Sucedió de la forma en que lo recuerdo?.  

El ayer tiene la misma validez que la palabra mañana, el mañana y su maldita connotación esperanzadora que simboliza lo incierto del futuro y a la vez la confianza de que en un lapso de tiempo medianamente corto nuestra realidad pueda ser mejorada o cambiada: "mañana le hablaré a esa persona" (porque hoy ya no fue) "mañana será un día mejor, (porque cada día es una nueva oportunidad de empezar de nuevo), "Veámonos mañana" (porque hoy no hay tiempo) sin embargo no hay expresión más falsa y cándida, ¿Y si los días no fueran de 24 horas? Los conceptos de semana,  mes y  año, son simples concepciones astronómicas que nada tienen que ver con la esperanza que guardamos de que en realidad algo pase y cambie el curso de la vida, que nos haga olvidar lo rutinario de nuestra existencia. 

Tiene otros usos, por supuesto, casi como la caducidad de un recibo o una deuda por pagar, una falsa sensación de seguridad, como el enfermo terminal que o bien piensa que finalmente morirá un lunes en la mañana, como aquel que aún conserva la esperanza de que con el primer rayo de la mañana le sea anunciado que han encontrado un donante de órganos compatible, aplaza sus pendientes y sus pesares, confiando  su destino a aquel remoto e inexistente tiempo, porque ese mañana no existe, la vemos como una cura lejana a nuestras carencias, como el transeúnte que hace fila y aguarda pacientemente el metro retrasado, sabe que va a llegar, pero no sabe cuándo. Somos solo proyecciones inciertas de un mañana que no existe, y un ayer que ya se extinguió, porque mi mañana es el hoy de alguien y el ayer de otra persona, y ya nada puede ser real. 

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