Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego estos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en un crepúsculo, Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko.
Tokio Blues - Haruki Murakami

Me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio era capaz de recordarla en cinco segundos, luego estos se convirtieron en diez, en treinta segundos, en un minuto. El tiempo fue alargándose paulatinamente, igual que las sombras en un crepúsculo, Puede que pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas de la noche. Sí, es cierto. Mi memoria se está distanciando del lugar donde se hallaba Naoko. - Tokio Blues, Haruki Murakami
Por Cristian Mora J
Piensa a menudo en la muerte, no como un deseo ni un temor, ni siquiera es un pensamiento cercano al suicidio o algo que se le parezca. La concibe como un concepto ligado al tiempo y al cambio, las emociones se diluyen en pequeños cristales al pulir un diamante hasta convertirlo en polvo.
Por Cristian Mora J
Piensa a menudo en la muerte, no como un deseo ni un temor, ni siquiera es un pensamiento cercano al suicidio o algo que se le parezca. La concibe como un concepto ligado al tiempo y al cambio, las emociones se diluyen en pequeños cristales al pulir un diamante hasta convertirlo en polvo.
Recuerda una persona que solía ser y ya no es o transita por un lugar que fue y ya no está, incluso si se trata de sí mismo no puede evitarlo: ha cambiado. Tiempo y distancia es una ecuación peligrosa, amanecer y ocaso: ese es su efecto en sí; nada puede apartar ese sofocante axioma.
Solo con el pasar de los días las ausencias pasan a ser un vacío, casi como cubrir un espacio en blanco con una tenue pintura en un lienzo de vivo color. La pincelada anestesia el dolor y lo convierte en una mezcla de anhelo y nostalgia que viene y va pero que siempre regresa para recordarnos que aún podemos sentir escozor en nuestras cicatrices.
El tiempo es un concepto abstracto, subjetivo, si se quiere maleable. Su velocidad incrementa con cada día o al menos esa es la percepción inherente a todo humano: el sentir que con el pasar de su vida los años pasaran más rápido se acrecienta y se impone como una falsa ilusión la misma que lo invade al pensar que algunos son recuerdos son simples inventos de su imaginación, a pesar de no serlo.
Se mira al espejo día a día sin ser realmente consciente de los cambios en su rostro, solo hasta ver una fotografía de años atrás se da cuenta del proceso de metamorfosis que sufre imperceptiblemente su cuerpo. El cabello color ceniza, la mano antes firme ahora temblorosa, los lapsus de memoria, el arrastrar de los pies, seguido de un bastón y al final lo que todos aguardan: la quietud total.
Solo con el pasar de los días las ausencias pasan a ser un vacío, casi como cubrir un espacio en blanco con una tenue pintura en un lienzo de vivo color. La pincelada anestesia el dolor y lo convierte en una mezcla de anhelo y nostalgia que viene y va pero que siempre regresa para recordarnos que aún podemos sentir escozor en nuestras cicatrices.
El tiempo es un concepto abstracto, subjetivo, si se quiere maleable. Su velocidad incrementa con cada día o al menos esa es la percepción inherente a todo humano: el sentir que con el pasar de su vida los años pasaran más rápido se acrecienta y se impone como una falsa ilusión la misma que lo invade al pensar que algunos son recuerdos son simples inventos de su imaginación, a pesar de no serlo.
Se mira al espejo día a día sin ser realmente consciente de los cambios en su rostro, solo hasta ver una fotografía de años atrás se da cuenta del proceso de metamorfosis que sufre imperceptiblemente su cuerpo. El cabello color ceniza, la mano antes firme ahora temblorosa, los lapsus de memoria, el arrastrar de los pies, seguido de un bastón y al final lo que todos aguardan: la quietud total.
Es en esos momentos de claridad en los que lo asalta la duda, es en esos atardeceres en los que parece que el cielo ardiera y tiene la certeza que nada es suficiente, lucha por mantenerse a flote en esa agresiva corriente que busca sumirlo en la cotidianidad, se aferra con fuerza y lucha para mantener la cabeza lo suficiente para al menos intentar comprender cómo es que las nubes se tornan amarillas y rojizas.
El silencio es más fuerte, el viento sopla y parece como si Ian Curtis susurrara a su oído "Is it something so good, just cant function no more? when love, love will tear us apart again".
El silencio es más fuerte, el viento sopla y parece como si Ian Curtis susurrara a su oído "Is it something so good, just cant function no more? when love, love will tear us apart again".
El anciano se sube a un autobús, no es la primera vez que lo ven merodear por ahí, de su cuello cuelga una guitarra, igual de vieja que él. El hombre empieza a cantar, su voz es tan débil como su apariencia, la letra de la canción acompañada de unos lastimeros acordes es casi inaudible sin embargo logra entonar un par de estrofas, una canción de Jorge Villamil que desgarra lo que queda de la tarde de aquel día.
Amores que se fueron, amores peregrinos,amores que se fueron dejando en tu almanegros torbellinos
El anciano termina de cantar, agotado visiblemente, recolecta algunas monedas y se marcha. Decide caminar.
Las tardes se vuelven noches y los sueños acuden a él y surca las aguas oscuras de un lago mientras sigue de cerca una silueta como un anfibio enamorado, mientras vuela a través de un bosque buscando un nombre, y entre el sueño y la realidad recorre la ciudad aturdido mirando con más detalle los rostros de las personas en las calles, al girar las esquinas, con la esperanza de devolver el tiempo y regresar a aquellas dichas pasajeras que menciona la canción que entonó, esperando coincidir con un rostro que sabe, no estará.
El paso del tiempo no distingue y no sabe de corazones. - Se dice para sí mismo -. La roca cede ante la constante gota de agua que cae sobre ella, el papel se deslié, la tinta se seca y el sonido, igual que una rama de un árbol al caer en bosque vacío no tiene el mayor efecto si no existe realmente alguien que la escuche.
Las secuelas son diferentes pero a la final solo coincidimos en los pequeños incendios que intentamos apagar en nuestra mente, alejando esos pensamientos como quien espanta un par de moscas que sobrevuelan sobre la cabeza. Tiempo, siempre el maldito tiempo.











