Escuchar mientras se lee

Keith Richards solía decir que una vez aprendes los acordes básicos del blues, puedes decir lo que quieras mediante ese ritmo, en tal orden de ideas, la vida se ha convertido en un blues, historias singulares al ritmo de una guitarra, acordes por emociones, un recorrido por las calles de la ciudad, hay un tinte de cine negro en el ambiente, las manos entre los bolsillos, las solapas de la chaqueta levantadas y una boina cubriendo su cabellera, un Humphrey Bogart de pacotilla caminando entre la multitud, un soundtrack de Johnny Cash, Ray Charles y B.B King.
Avanza lentamente al borde del andén, como si fuera el mismo tiempo el encargado de reducir su velocidad, y a su vez los colores son reemplazados por los colores sepia, mientras las calles se convierten en largas autopistas llenas de bruma donde lujosos convertibles y descapotados avanzan a gran velocidad, donde los hombre se transforman en Stewarts, Welles y Bogarts, mientras las mujeres ahora son femmes fatales, Anna Karinas, Grace Kellys y Gene Tierneys, de esas que te rompen el corazón, que te desprecian y te sepultan en el olvido, junto a los escombros de otros tantos que las han intentado conquistar, sin lograrlo.
Es una noche blanca negra y roja, una noche como en la que murieron asesinados los padres de Bruce Wayne, una de esas noches en las que Travis Bickles decide salir a patrullar en su taxi, una de esas noches que planeo y que nunca resultó como quería.
Avanza lentamente al borde del andén, como si fuera el mismo tiempo el encargado de reducir su velocidad, y a su vez los colores son reemplazados por los colores sepia, mientras las calles se convierten en largas autopistas llenas de bruma donde lujosos convertibles y descapotados avanzan a gran velocidad, donde los hombre se transforman en Stewarts, Welles y Bogarts, mientras las mujeres ahora son femmes fatales, Anna Karinas, Grace Kellys y Gene Tierneys, de esas que te rompen el corazón, que te desprecian y te sepultan en el olvido, junto a los escombros de otros tantos que las han intentado conquistar, sin lograrlo.
Es una noche blanca negra y roja, una noche como en la que murieron asesinados los padres de Bruce Wayne, una de esas noches en las que Travis Bickles decide salir a patrullar en su taxi, una de esas noches que planeo y que nunca resultó como quería.
En ocasiones, son los actos de valentía los que definen a una persona, los que lo llevan a arriesgarse o a perder una oportunidad que no supo aprovechar, eso piensa mientras ingresa a uno de esos antiguos clubes donde se solía escuchar del buen jazz, siempre habrán dos lugares en los que podrá refugiarse, una biblioteca y el interior de una botella de cerveza, pide una de esas mientras se acomoda para escuchar al duo que se encuentra en la tarima, un hombre rasga la guitarra suavemente mientras él otro se contorsiona en medio de un increíble solo de armónica, sigue sin comprender a las personas, ¿Acaso la estupidez es en realidad tan fuerte? No estupidez no es la palabra, quizá ignorancia sea el ´termino mas apropiado, cuesta creer que las personas carezcan de intelecto, no no es intelecto, el intelecto lo tienen, les falta el sentido común, no deja de preguntarse que puede estar sucediendo al otro lado de la ciudad mientras él bebe su espumosa cerveza, le gustaría creer que todo estará bien mientras se encuentre allí resguardado, pero no, el mundo sigue girando, tanto como si decide quedarse allí oculto o como si decide salir y enfrentar la realidad, de cualquier forma el resultado será un desastre.
Decide parar en una tienda antes de regresar a casa, se acerca a la caja una fila interminable, todas las filas parecen avanzar rápidamente menos en la que se encuentra parado, para ser tan tarde hay mucha gente haciendo compras, la fila no avanzará en al menos media hora más, el sujeto de adelante mueve los brazos de un lado a otro, unos centímetros más y lo golpeará, si lo hace, la paciencia acabará, un escalofrío recorre su columna vertebral, se mueve inesperadamente hacia otra caja, tal como avanza por entre personas a la hora de subir los puentes.
De pronto lo ve, surcar de un lado a otro, sabe que debe ir tras él, que no es seguro, empieza como un simple escozor en la piel, una gota de sudor bajando por su frente, un pasar de saliva, luego, aquel molesto pitido en los los oídos, puede ver a las personas a su alrededor, gesticular, hablar, pero él solo ve sus labios moverse, no hay forma de que escuchen lo que dice, sus pies permanecen clavados al suelo con aquel ardor en su piel, el malestar es general, no puede evitar tensar sus músculos, otra vez ese horrible escalofrío, centímetro a centímetro del axis al coxis, como cuando se bosteza con la boca cerrada, como cuando entra agua a sus oídos y lo invade una sensación extraña y desagradable, algo casi asesino, un deseo de tomar algo entre sus manos y destruirlo.
A su alrededor la gente ya no habla, grita al ver que la fila no avanza, como granizo golpeando la ventana, constante y ruidoso, ladea la cabeza y escucha su clavícula tronar de un modo siniestro, ve en la palma de sus manos sus uñas clavadas, y en sus oídos aquel incesante pitido a punto de estallar.
Se ve así mismo desde arriba, rodeado de personas que no conoce y que por primera vez detesta, no conoce la razón, solo desea silencio, deja su lugar en la fila y va tras esa figura que hace tan solo segundos paso frente a él, camina por entre los postes de luz que alumbran con una luz mortecina, le sigue de lejos, el hombre se da cuenta que lo siguen y aprieta el paso, se ve obligado a hacerlo también, se acerca cada vez más a su objetivo, manos sospechosamente metidas entre la gabardina, atento a sus movimientos, sus pasos son rápidos, casi lo alcanza, solo un poco más, una pistola descansa entre sus bolsillos, la aferra con fuerza, ha quitado el seguro, listo para defenderse del sujeto al que persigue por alguna extraña razón, adelante aquella sombra también guarda un arma en su bolsillo, listo para disparar contra la persona que lo viene siguiendo hace minutos, la calle, es más larga que nunca, desenfunda su pistola, en ocasiones, son los actos de valentía los que definen a una persona, los que lo llevan a arriesgarse o a perder una oportunidad que no supo aprovechar, se repite, posa su mano sobre el hombro de aquel extraño y apunta, el extraño voltea y justo cuando lo hace otra mano se posa sobre su propio hombro, voltea para ver el rostro del desconocido que se atreve a ponerle las manos encima, solo para ver su rostro reflejado en el de su perseguidor que es el mismo perseguido, un disparo resuena en el eco de la noche, el humo sale del cañón, disparar y al mismo tiempo ser atravesado por una bala idéntica a la que acaba de descargar, y al final , su muerte.
no voy a morir solo voy a comprobar si realmente estoy vivo
