Nunca había puesto nombre a un barco, pero sólo podía ponerle un nombre: el nombre más bonito del mundo entero: Jenny

Solia salir a dar largos paseos en el tren, me despejaba la mente, aclaraba mis ideas, me hacia perder el tiempo de manera incalculable, me gustaba sentarme en los asientos que daban contra la ventana y admirar la ciudad, mirar los paisajes de las montañas, la niebla que las cubria, el verde de las fronteras entre una ciudad y otra, asi no mas, un dia empacaba una simple maleta y me marchaba de casa, subia al tren y andaba de ciudad en ciudad, podia durar una semana sin volver a mi casa, dejandome llevar por la vida, despues de todo era joven, dejaba que la naturaleza y el mundo me brindaran abrigo, dormia bajo un cielo despejado, sobre el pasto, cubierto por una simple cobija, me dormia mirando las estrellas, cuando llovia, contra todas las recomendaciones que habria dado otra persona, me subia a la rama de un arbol y esperaba a que la lluvia pasase, me bañaba en los lagos y pequeños riachuelos, la naturaleza me brindaba todo. Me recostaba sobre mullidos pastos y tocaba mi guitarra en medio del silencio del exterior, todo era tan perfecto. Caminaba largas distancias hasta la proxima estacion que me llevara a mi proximo destino, la vida no tenia distraccion alguna, era un simple hijo de la tierra, pero un dia todo cambio, lo recuerdo, ella subia al tren con elegancia y un caminar que haria a cualquiera voltear a mirar, su abrigo la cubria del intenso frio que hacia esa noche, se quito su gorro de invierno dejando ver una espesa y lisa cabellera castaña, ella debio darse cuenta de que la estaba mirando pues volteo a mirarme y sonrio timidamente, sus ojos se cruzaron con los mios por un segundo, de repente la ventana y su eterno paisaje habian perdido toda clase de interes para mi, mi cabeza solo tenia ojos para esa desconocida, desperte de mi sueño, cuando ella se levanto de su asiento y se bajo del tren. Aquella noche no pude dormir, no podia dejar de pensar en ella, no comprendia que habia pasado
decidi quedarme en esa ciudad un tiempo, tenia que verla de nuevo, y asi fue, ella subia todos los dias en los horarios de la tarde,en ese mismo tren, siempre tan hermosa, tan radiante, tan fragil y yo el espectador, dominado por esa atraccion, mas parecia una especie de acosador que un enamorado.
Puedo asegurar que conoci el cielo aquella tarde que me hablo por primera vez, traia unos cuantos libros en sus manos y se disponia a salir del tren cuando una especie de estupido paso rapidamente haciendole caer todo sus libros, no me hice esperar y cuando menos lo pense, sin ordenarselo a mis piernas yo ya me encontrba al lado de ella, ayudandole a recogerlos, parece que me reconocio por que su piel se ruborizo de un tono que la hacia ver mas adorable, ella simplemente me agradecio y salio del tren, y yo me quede alli, parado mirando como su figura desaparecia tras las escaleras que conducian fuera de la estacion.
Al otro día tambien me la encontre, se sento al lado mio, y hablamos como si nos conocieramos de años atras, el viaje se me hizo tan corto que me lleve una decepcion cuando ella se despidio de mi y se bajo, pero a partir de ese dia, no hubo dia que no faltara a nuestras citas, era nuestro pequeño lugar para escapar del mundo real, y cada viaje era mas corto que el anterior, pero yo mas feliz era, con su simple compañia, fueron epocas felices, le enseñe mi forma de vivir y soliamos dar largos paseos por los campos, pero era en ese tren donde nos convertiamos en dos seres con alas dispuestos a escapar de todo lo demas.
Pero un dia sin previo aviso, faltaste a nuestra cita, y te espera al dia siguiente y al siguiente, y al siguiente del siguiente, pasaron las semanas y no dejaste rastro, imagina mi frustracion, ese tren era el unico lugar donde te podia encontrar, pasaron los meses y no aparecias, decidi salir a buscarte al resto del mundo si era necesario, y me embarque en esa terrible aventura, pasaron los años, y yo ya no era un simple muchacho, me habia convertido en un hombre, un ermitaño, viajero alrededor del globo, con una sola mision, encontrarte. Recorri el mundo entero, aprendi ciertos de lenguas y adquiri multiples conocimientos, viaje a traves de los cinco continentes, sin resultado alguno.
Hasta que una noche, despues de otro agoviante dia, de haberte extrañado otra eternidad, de haber recorrido varias millas, viajado en casi 8 trenes, haber parado a comer en Milan, me parecio verte entrar, si, era imposible no reconocerte, brillabas mas de entre las demas personas, pero no podia dejar que me vieras asi, agotado, con una larga barba y ojos agotados, alse el periodico que llevaba en mis piernas y recline mi boina hacia abajo, te estuve observando todo el viaje, no habia sentido tantas emociones revueltas desde el dia en que la habia conocido, al final bajaste del tren, no estaba seguro, pero quizas en mi vida no tendria otra oportunidad en mi vida, que parecia irse poco a poco sin ti, y asi lo sentia yo, ironico, como cada algo dentro de mi moria, te segui atraves de la calle, parecias asustada, pues apuraste el paso, y no te lo reprocho, cualquiera se habria asustado con mi deplorable estado, comenzaste a correr, y tus tacones resonaban atraves de la calle, hasta que alse mi voz fuerte y grite
- Te he buscado todo los dias de mi vida-
Te detuviste en seco y muy lentamente te diste la vuelta, me acerque lentamente a ti, y te abrase, pude sentir el dulce olor de tu cabello, ese mismo olor con el que me dejabas perfumado cada dia, pude sentir tus brazos rodeando mi espalda y mis lagrimas rodando por mi rostro, oia tus sollozos y te aferrabas a mi, duramos asi calculo media hora, donde nada importe en el mundo, solo tu y yo, como en los dias de antaño ,no importaba el motivo de tu partida, ni el porque de mi condicion te sostenia en mis brazos, no podia creer que al fin estuvieras conmigo, Te habia perdido una vez y no dejaria que pasase de nuevo, No te volvería a perder, te habia encontrado, contra todas las posibilidades del destino, contra todo lo que la gente decia cuando oia mi historia, tome tus manos entre las mias y cuando por fin pude hablar dije suavemente
-Nunca me dijiste tu nombre
Tu alsaste tu rostro y me miraste de nuevo con aquellos ojos miel y me dijiste