martes, 28 de mayo de 2013

Complices

Su olor me acompañó hasta el umbral de la puerta de mi casa, mi cabeza no dejaba de girar, nunca he sido bueno en esos juegos, pero esta vez su mirada taladraba de tal forma en mí que me veía obligado a mirar hacia otro lado, lo intentaba de verdad, intentaba mantener la mirada fija, pero esos ojos eran demasiado para mí, tranquilo Romanov, me repitó en mi mente al darme cuenta del contacto visual, una especie de complicidad que se hacía más magnética entre más pasaban los segundos, miraba a otro lado para un instante después estar de nuevo en esa especie de disputa visual, mirarnos para terminar diciendo al unísono la misma palabra, era como estar recibiendo una serie de descargas eléctricas que te impedían pensar con claridad, por mi  mente solo pasaba la pregunta ¿Por qué?  por un lado deseaba que cesase de hacer eso, me sentía intimidado, paralizado, por otro lado se sentía tan bien, no quería que dejase de hacerlo, era un momento tan privado, que todo a nuestro alrededor parecía no importar.

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