s"Se puede matar a los hombres, pero no a las ideas" - Luis Carlos Galán
A raíz de los quince años del asesinato de Jaíme Garzón y de la misma forma, los veinticinco del magnicidio de Luis Carlos Galán, he venido pensando seriamente acerca de esta bella profesión y de los compromisos que hemos de asumir aquellos que decidimos estudiar esta osada y apasionante carrera, pienso así mismo en los peligros que conlleva cumplir con los códigos éticos y morales que implican ser un periodista, pienso en la forma en que las muertes de quienes por el hecho de pensar distinto fueron silenciados, continuan hoy en el más grande de los interrogantes, aquellos que contaban con suficientes principios, honestidad, y sobre todo que eran considerados peligrosos para aquella otra gran minoría de personas que quieren ver a un país de rodillas y que ya se han ido, perduran en la memoria de un país que olvida con facilidad y que cada cierto tiempo recuerdan por un par de días que las muertes de varios defensores de la verdad permanecen impunes, para luego olvidarlos durante 364 días.
Porque así es Colombia, el país del olvido, el país que ya está acostumbrado e incluso es permisivo frente a los escándalos y a las ollas podridas que cada cierto tiempo son destapadas precisamente por aquellos periodistas que aún recuerdan como hacer bien su labor. Un país acostumbrado a las declaraciones y acciones cometidas por la llamativa
¿Qué pasó con aquel periodista retratado por la cultura popular, de sombrero, traje y lápiz en mano, aquel que escribe ágilmente frente a una máquina de escribir mientras fuma un eterno cigarro? Aquel de presencia respetable, íntegro, inquisitivo (no inquisidor) sagaz, y de espíritu crítico No me digan que ha evolucionado, porque en ocasiones pareciera que la prensa, la radio
Curiosamente, cuando la sociedad más necesita a los periodistas. me refiero a los verdaderos periodistas, no a las caras bonitas de la televisión, no a los
inquisidores de la radio, me refiero a los sobrevivientes que se aferran a escribir en papel, que denuncian e investigan es que nos damos cuenta de que son una especie en vía de extinción y que requerimos de su trabajo para poder luchar por este país.
Los buenos periodistas existen, siguen ahí, y hay muchos mejores formándose en las escuelas. pero lo cierto
es que la mayoría de la profesión parece que está oculta en las trincheras, hace medio siglo el periodismo no era tal como lo es ahora, era una profesión respetable, intelectual, eran reconocidos por su trabajo, admirados e importantes, no quiero decir que ahora los medios no tengan un papel imprencidible en la sociedad, sin embargo, muchas veces, los periodistas parecen el hasme reir del hoy por hoy, y muchas veces se ven envueltos en los mismos escándalos que ellos mismos deberían denunciar.
Ahora, muchos de los prestigiosos periodistas de antaño, se han polarizado hacia cierto sector, o han preferido el exilio, dejando las plumas y los micrófonos a un lado, dando paso a las nuevas generaciones que simplemente ven al periodismo como un producto que debe ser vendido y consumido, sumándose a las filas de aquellos que únicamente buscan el beneficio personal, engañando al país, brindando información de poca o ninguna relevancia. No hay Gabos, no hay Caballeros, no hay Guillermos Canos, No hay Gossaines, No hay Samper Pizanos.
Y es en ese momento cuando logras observar con claridad y te das cuenta de
lo corrompida y degradada que está la sociedad, es que ni siquiera es lo
degradada que está lo que sorpende, en realidad se trata de lo
amedrantada que se encuentra, somos parte de una sociedad donde la
gente vive con miedo, miedo de salir a las calles y ser atacado, de subirse a un bus y perder sus pertenencias, de intentar detener una injusticia y ser herido e incluso morir, y lo más triste de todo es que quienes tienen el
deber de proteger a la comunidad, también sienten temor, temor de ver que ya no significan nada, de que no son suficientes y de que cada día vivimos en una sociedad más agresiva y falta de cordura hasta tal punto de que prefieren recurrir a la indiferencia y a lavarse las manos.
Sin embargo, esa es apenas la punta del iceberg, más allá de la inseguridad, de la ausencia de códigos morales y de valentia en las autoridades, más allá de aquellos corruptos que han
llegado a donde estan gracias a sus verborreicas capacidades y su ausencia de vergüenza, en realidad me inquietan aquellos que que son invisibles para el sistema, y que como un cáncer, que se esparce por todo el cuerpo, haciendo metástasis y penetra poco a poco cada uno de los sectores de la sociedad.
Muchos, tanto periodistas, como funcionarios del Estado, como aquellas fuerzas encargadas de mantener el orden público, olvidan que están al servicio de una comunidad, y que su deber es protegerles y garantizar su bienestar, pero por el contrario terminan sirviendo ante personas de dudosa honestidad, que para lograr sus objetivos no dudan en recurrir a la corrupción de funcionarios, todos estamos cubiertos por esa sombra:la fuerza pública, políticos, profesores, estudiantes, profesionales, periodistas. Pareciese que cosas como la nobleza, el honor, y el deber no valiesen nada hoy en día.
Muchos, tanto periodistas, como funcionarios del Estado, como aquellas fuerzas encargadas de mantener el orden público, olvidan que están al servicio de una comunidad, y que su deber es protegerles y garantizar su bienestar, pero por el contrario terminan sirviendo ante personas de dudosa honestidad, que para lograr sus objetivos no dudan en recurrir a la corrupción de funcionarios, todos estamos cubiertos por esa sombra:la fuerza pública, políticos, profesores, estudiantes, profesionales, periodistas. Pareciese que cosas como la nobleza, el honor, y el deber no valiesen nada hoy en día.
Quizá lo más molesto es la resignación con la que debemos vivir día
tras día, y el tener que aprender a vivir con eso, nosotros somos los
que permitimos que el sistema sea corrupto, pero es el mismo miedo el
que impide que actuemos. El miedo cultiva miedo y tal como afirmaría George Orwell (también periodista) en su libro 1984: "Hasta que no tengan
consciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse
rebelado, no serán conscientes. Éste es el problema".
El aumento de la delincuencia en las calles, el desempleo, los vendedores en el servicio público, la falta de oportunidades, violencia, pobreza, desigualdad, inseguridad, malas administraciones, impunidad, injusticia social, todos provienen de aquel mal que aqueja incluso a los países más desarrollados.
¿Por qué guardar silencio? ¿Por qué perder nuestra dignidad ante personas de probablemente menos capacidad intelectual? Para eso existen los medios, para hablar por quienes no pueden, para ser la voz de los más débiles.
Abran los ojos.
El aumento de la delincuencia en las calles, el desempleo, los vendedores en el servicio público, la falta de oportunidades, violencia, pobreza, desigualdad, inseguridad, malas administraciones, impunidad, injusticia social, todos provienen de aquel mal que aqueja incluso a los países más desarrollados.
¿Por qué guardar silencio? ¿Por qué perder nuestra dignidad ante personas de probablemente menos capacidad intelectual? Para eso existen los medios, para hablar por quienes no pueden, para ser la voz de los más débiles.
Abran los ojos.






